Al repliegue a los tumbos de Julio De Vido, su mayor enemigo en el universo K, Alberto Fernández, lo coronó con una maniobra que expande su poder: controlará la mesa política del Frente para la Victoria (FpV), sello con el que competirá Cristina Fernández el 28 de octubre.
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De los cinco miembros del «buró» del FpV, el Fernández porteño controlará tres. Además de ocupar una butaca él mismo, ubicó en otros casilleros a dos de sus lugartenientes: el sindicalista Víctor Santa María y el dirigente Héctor Capaccioli.
Los otros integrantes de la mesa son los protokirchneristas Aldo San Pedro, por el Partido de la Victoria (PdV), y Eduardo Sigal, por el Frente Grande (FG). Ambos partidos funcionan como soporte legal para la existencia efímera -sólo para las elecciones- del FpV.
Está en veremos si más adelante se incorpora un sexto pasajero: el PJ intervenido, que pilotea Ramón Ruiz, evalúa pedir ser parte del frente por el que se postulará la primera dama.
Es el mandato que emitió el Congreso del PJ bonaerense que sesionó el sábado.
En tanto el partido aparezca tironeado entre los pro K y los anti-K, que hasta «mudaron» la sede a San Luis, ese proceso parece impracticable. Por eso toma fuerza la alternativa de que, como en 2003, no haya boleta del PJ (o de un frente que integre el PJ) en el cuarto oscuro.
Quienes dialogan con el jefe de Gabinete minimizan ese factor. «Es sólo una escribanía», argumentan. Sin embargo, no todos piensan lo mismo. En rigor, el «buró» del FpV será el que formalmente tendrá la última firma en las listas del oficialismo.
Es decir: Alberto F. será el dueño de la lapicera K. Es ocioso aclarar que el jefe de Gabinete obedecerá los deseos y mandatos de Néstor Kirchner, pero, también lo es que el control mayoritario de esa mesa política-legal le otorga un plus que muchos querían tener.
Detalle: en el cierre frenético de las listas, el acceso al círculo restringido que sella y rubrica las papeletas que se entregan en la Justicia electoral puede determinar el acceso o no a una banca.
Avales
No es todo: la mesa del FpV será la que avalará qué candidatos podrán «colgarse» de la boleta presidencial de Cristina Fernández y Julio Cobos. Es decir: en términos operativos, de Alberto F. dependerá quiénes llevarán la lista oficial y quiénes la colectora.
En los hechos, esa mesa será la que avalará la fórmula nacional y las tiras de senadores y diputados nacionales.¿Sólo una escribanía? En absoluto: de hecho, eso explica la urgencia del PJ por tratar de normalizar el partido para poner un delegado en el «buró» del FpV.
El avance de Alberto F. en el manejo de los asuntos electorales del gobierno no es un dato aislado. Coincide con la empatía que lo une a la candidata oficial y al retroceso -nada es definitivo- del ala pingüina luego de los affaires Skanska y de la valija venezolana.
En medio, el jefe de Gabinete reculó varios casilleros con los escándalos de Felisa Miceli y la secretaria de Ambiente, Romina Picolotti. Pero el vuelo nocturno Caracas-Buenos Aires volvió a reposicionarlo. Pocos días después, Fernández quedó con el control del FpV.
Orden
En la Casa Rosada afirman que el reparto de sillas en la mesa del FpV fue una orden expresa de Kirchner. De ser así -cerca de Fernández lo relativizan-, se trataría de la confirmación de que el patagónico descargará el armado político sobre el jefe de Gabinete.
A eso responderá que este jueves, en La Plata, se reúna un puñado de albertistas -entre ellos Capaccioli, Claudio Ferreño y Nicolás Trotta- convocados por Juan Carlos Lorges, un K de la hora cero, fidelidad que redundó en una banca para su mujer, Liliana Di Leo.
Mientras algunos soldados, particularmente los pingüinos, presienten que suena una música que preconiza el «The End», los albertistas pergeñan planes de expansión. Su jefe tiene una llave maestra.
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