La pelea política en el peronismo de Buenos Aires oculta, por la crudeza y por el tamaño del distrito, a cualquier otra querella preelectoral. Explicable que dé argumento a cualquier especulación y para que se ejerciten las plumas mordaces, como la del trotskista Jorge Altamira, numen y dueño del Partido Obrero. En la última entrega del periódico partidario «Prensa Obrera» el ex diputado Altamira, padrino además de piqueteros, se ceba con lo que llama el « gallinero justicialista» y las pretensiones del Presidente de protagonizar el capítulo que nunca llega de la «nueva política».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Falta una condición esencial para que algo así pudiera ocurrir y es que está ausente una división de fondo en la propia burguesía argentina. Lejos de esto, los capitalistas nacionales y extranjeros se aferran a una «recuperación» que les ofrece generosas ganancias y que impone en medida creciente una economía de precios y beneficios que se dolarizan y salarios y gastos sociales que se hunden en la pesificación.
Los intereses de conjunto de la clase capitalista marcan los límites de la riña justicialista. Pero no por esto la crisis política del justicialismo es menos aguda. Por más que se quiera despegar de la «vieja política», ningún político de la patronal argentina puede gobernar sin ella. Más allá de la provincia de Buenos Aires, el famoso «plebiscito» no puede valerse de la portación de apellido y tiene que pasar por los de De la Sota o Romero, o incluso los Reutemann.
Dejá tu comentario