Fue primero, un murmullo sin furia contra Roberto Lavagna pero cargado de reproches porque camuflado bajo sus faldas regresaba, exultante, un triunviro que suponían desterrado: el que ordena Raúl Alfonsín con sus edecanes, Leopoldo Moreau y Federico Storani.
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Luego el ex ministro se entornó con hombres del PJ y destiñó más la expectativa. La escalada se completó con un dato frío: no aparece, al menos hasta ahora, una sola encuesta que proyecte a Lavagna como un protagonista de un eventual ballottage en 2007.
Otras urgencias y el temor al castigo implacable de la Casa Rosada cerraron el círculo: este mediodía, en el Centro Lalín, casi un comité con menú a la carta, un puñado de dirigentes brindará con vino para que la UCR postule para la presidencia a un candidato propio.
Son los radicales «no alineados» que rastrean un atajo entre los extremos que ocupan los pro Kirchner y los pro Lavagna. «Ni con Kirchner ni con Lavagna», dicen, y plantean que la UCR compita en octubre próximo con su histórica Lista 3 y un candidato de ADN radical.
No se limitan a un supuesto. En el cajón de arena aparecen dos figuras para encabezar una supuesta boleta de la UCR en la presidencial de 2007: el porteño Rodolfo Terragno y el mendocino Ernesto Sanz. Antes de fin de año decantaría a un sólo nombre, pronostican.
Siempre algunos se animan a dar un paso más: el jueves pasado, convocados en el Lalín por el ex diputado José Bielicky, los comensales del grupo Progreso se apuraron a profetizar que la fórmula llevaría a Sanz como presidente y a Margarita Stolbizer como vice.
Sin apagar los vítores, el mendocino -que le planteó el debate a Cristina Fernández por los superpoderes- confesó que es de los que apuestan a «preservar el partido» porque, detalló, «aún si ganara Lavagna, eso no implicaría que sea un triunfo radical».
Ese argumento es la base del que citan los radicales partidarios de la «tercera posición» -más allá de que ése es un registro de Juan Perón- cuando sostienen que la mixtura con los peronistas de El General, y con el propio Lavagna, no perduraría después de 2007.
Fracasos
Opuestos a la artesanía electoral que Alfonsín construye alrededor al ex ministro y a la billetera encantada de Kirchner, los radicales simpatizan con un acuerdo global con el Partido Socialista (PS), un experimento que avanza sin fiebre en Santa Fe.
Es un golpe para Lavagna y un fracaso de Alfonsín. El ex ministro, porque pierde estructura territorial; el ex presidente, porque, una vez más, no puede encolumnar a la UCR.
Antes se escindieron los gobernadores; ahora, una larga lista de intendentes.
Es que en este bloque de radicales el grueso son alcaldes. Hoy en el Lalín está agendada la presencia de más de doce que, según explican los que convocan, «representarán a los hasta ahora 18 intendentes que están de acuerdo con tener candidato propio».
Expertos en maquinaria electoral, la ecuación de los jefes del interior es que en 2007, la tracción de la UCR será desde los municipios hacia arriba. Es decir: aun con 15% de intención de voto, Lavagna les roba más votos que los que aporta. Además, deberían compartir boletas con el PJ disidente o, incluso, emisarios del ex ministro.
Un mapa a mano alzada muestra que sobre 44 alcaldes bonaerenses unos 13 coquetean con la «Concertación» de Kirchner -Gustavo Posse, Enrique García y Daniel Katz-, menos de 10 se alinean detrás de Lavagna -Carlos Gorosito, Mario Espada y Rubén García-, 18 empujan la «tercera posición» -Omar Duclós, Juan Carlos Font- mientras que otros cuatro naufragan sin una postura definida.
En Buenos Aires se escucharon los gritos primales contra Alfonsín y Lavagna, pero hoy pasado el mediodía el contingente bonaerense que integrará Stolbizer buscará sintonizar con delegados de la UCR de Capital, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y Santa Cruz, entre otros distritos.
La apuesta silenciosa se enlaza con lo que dijo Sanz en la sobremesa del Lalín y refiere a que luego del encanto inicial Lavagna parece perder adeptos de la UCR. Un grupo se lo advirtió hace 15 días a Roberto Iglesias, quien admitió su malestar con el alfonsinismo.
Suponen que además de Iglesias y Sanz, con el tiempo otros jefes provinciales con peso dentro del partido y despliegue a nivel nacional, como el chaqueño Angel Rozas o el jujeño Gerardo Morales, se embalarán con la alternativa del candidato propio.
Con eso, se dinamitaría la candidatura Lavagna. Claro: al ex ministro que alguna vez mimaron, estos radicales ya lo tratan sino como a un enemigo al menos como a un rival.
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