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16 de junio 2006 - 00:00

UCR: respaldo informal a Lavagna, con disidencias

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Carlos Gorosito, titular de la UCR bonaerense, ayer luego del encuentro partidario en Brandsen. Aunque apoya a Lavagna, debió aceptar las posturas disidentes.
La proclama de Ricardo Alfonsín, Federico Storani y Leopoldo Moreau, voceros del gran ausente -el ex presidente Raúl Alfonsín- no bastó: el respaldo genérico a un ensamble con Roberto Lavagna no pudo trasmutar a respaldo formal de la UCR a su candidatura.

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A simple vista, fracasó el plan original del Alfonsín que consistía en alinear al radicalismo de Buenos Aires como puntal de una liga multicolor -donde haya, además, sectores del PJ- sobre la cual montar la figura de Lavagna 2007, como contracara de Néstor Kirchner.

  • Doble requisito

  • Requería ese procedimiento que el Comité Provincia, que preside Carlos Gorosito, dirigente históricamente alineado con Storani, refrende una doble postura: primero declararse oposición al gobierno; segundo, animar un acuerdo para respaldar una postulación de Lavagna.

    Nada de eso ocurrió. La UCR, reunida ayer en Brandsen, no emitió postura oficial, con lo que aceptó la existencia de tres bloques: los pro K, encarnados por el marplatense Daniel Katz, los pro Lavagna y los «margaritos», que expresan una tercera posición, entre esos extremos.

    Sin embargo, quedó claro que mayoritariamente el radicalismo de Buenos Aires se siente más cómodo como oposición a Kirchner y, dentro de ese club anti, simpatiza más con la opción Lavagna que con el menú ARI-socialistas-CTA que hace flamear Margarita Stolbizer.

    Campo Brandsen, una estancia en las afueras de esa ciudad del conurbano rural, fue la sede de la cumbre radical, adonde se concentraron unos 300 dirigentes, entre intendentes, legisladores nacionales y provinciales y jefes de partido a nivel local.

    Storani, Moreau y Stolbizer se codearon con Katz y Héctor Gutiérrez (Pergamino), en una cita que tuvo una asistencia inédita en comparación con las últimas convocatorias del partido. Es, quizás, el mejor indicador de cómo revolucionó a la UCR la irrupción de Lavagna.

  • Sin mandato

    Así y todo, a pesar de declarar su respaldo a Lavagna, el presidente del Comité Provincia no podrá llevar -tal como quería la cúpula partidaria- un mandato a favor del ex ministro a la cumbre nacional que Roberto Iglesias convocó para el jueves 22 de junio.

    Fue una conjunción de diversos factores.

  • El más relevante fue para evitar que se profundice una fractura en la UCR. Si se disparaba un apoyo formal a Lavagna, los pro Kirchner y los «margaritos» estarían obligados a rebelarse. De ahí a que la UCR se fragmente en tres porciones había un tranco de hormiga. En rigor, el objetivo político se logró: salvo la reacción previsible de Stolbizer, casi no sonaron reproches seriosa la defensa que el trío Storani, Moreau y Alfonsín Jr. hizo de la postulación de Lavagna, lo que supone, además, que el radicalismo de Buenos Aires es abiertamente reacio a establecer una alianza con Kirchner.

  • Incidió otro elemento: fueron tan bruscas la aparición de Lavagna y la apología lavagnista de Alfonsín, que los dirigentes no pudieron sondear orgánicamente en sus territorios cómo «ven las bases» -frase absolutamente ficticia, pero todavía pronunciada- la posibilidad de un acuerdo con el ministro. Eso acordaron, en reuniones paralelas, dirigentes de diversos sectores: que no haya una expresión oficial del Comité Provincia hasta que se expidan los comités locales. Ahora, cada cacique o caciquejo volverá a su ciudad o su a pueblo con un formulario bajo el brazo a preguntarles a los afiliados: «¿Lavagna sí o no?».

  • Para el bloque Lavagna no fue gratis. Katz y Omar Duclós, (que pidió recordar que detrás de Lavagna «está el duhaldismo») un ex Moreau ahora «margarito», reaccionaron contra la postura de apurar un alineamiento con Lavagna. Ambos pidieron actuar con calma y tiempo, y sobre todo, discutir «proyectos, no candidaturas». Esas posiciones fueron las que apagaron el furor lavagnista y actuaron como un respirador para los que tienen una posición contraria a un acuerdo con el ex ministro pero, puntualmente, se quejan del procedimiento que usó Alfonsín para tomar una decisión personal e involucrar al partido. Se festejó, sin embargo, que pudieron liberar una de sus viejas pasiones: la retórica.
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