La guerra por el control del PJ en la próxima elección presidencial quedó ayer en manos de Ariel Lijo, juez subrogante de María Servini de Cubría. El magistrado definirá entre hoy y el martes próximo el incidente del expediente principal sobre la normalización del Partido Justicialista cuyo control legal es reivindicado tanto por Cristina de Kirchner como por el peronista opositor Alberto Rodríguez Saá.
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Tras el fallo de la Cámara Nacional Electoral recusando a Servini de Cubría del incidente sobre la validez del congreso PJ de Potrero de los Funes, y dejando sin efecto su resolución que declara « jurídicamente inexistente» esa reunión del máximo órgano partidario realizada en San Luis, ahora el Frente Justicia, Unión y Libertad de Rodríguez Saá quedó habilitado para incorporar al Partido Justicialista a su coalición electoral.
Pero desde el kirchnerismo salieron ayer a sostener la validez de otro congreso PJ. Se trata de un intercambio de correos electrónicos entre el interventor Ramón Ruiz y los congresales peronistas que adhirió a la fórmula Cristina de Kirchner-Julio Cobos del Frente para la Victoria. «A Servini la recusaron de un incidente del expediente principal, pero sigue a cargo de la causa sobre la intervención del partido y de lo que algunos llaman el Congreso virtual, que está apelado pero sin resolución», explicó ayer a este diario Jorge Landau.
Incluso Alberto Fernández salió a pegarle a Rodríguez Saá. «Escucho a algún candidato dando clases de economía y resulta que su hermano -el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá- nos dejó en el peor de los mundos cuando declaró el default y sacó a la Argentina del mundo», recordó ayer el jefe de Gabinete en declaraciones radiales.
Lo concreto es que con el fallo de la Cámara recusando a Servini por prejuzgamiento en el incidente sobre la validez del encuentro de Potrero de los Funes se produjo una colisión de congresos PJ: el de San Luis, donde Rodríguez Saá se autoproclamó dueño de la legalidad partidaria, y el kirchnerista « virtual» realizado por Ruiz vía mail.
Interpretación
Si bien los estrategas electorales del Frente para la Victoria no ocultaban su preocupación ante la posibilidad de quedarse sin el manejo del PJ y, lo que sería peor, someterse a un proceso de reinscripción de frentes electorales en todo el país a partir de cambio de dueño del Partido Justicialistas, la interpretación que ayer prevalecía en varios despachos judiciales era que al mantener Servini su competencia sobre el expediente principal y el Congreso «virtual» -posterior cronológicamente a Potrero de los Funes-, el fallo de Lijo, cualquiera sea su sentido, no podría generar un descalabro político desfavorable al gobierno a menos de 16 días de los comicios presidenciales.
Todo eso se debatía ayer en los círculos íntimos de peronistas kirchneristas y opositores. Los apoderados del PJ de Rodríguez Saá -quien estuvo en Córdoba promocionando su candidatura presidencial- presentaron ayer en los juzgados federales de Capital Federal y de la provincia de Buenos Aires, comandados por el juez Manuel Blanco, escritos solicitando el monopolio de los símbolos y escudos del PJ. Pero además reclamaron, sin especificar fecha, la inmediata suspensión de los plazos electorales para reorganizar el armado de los frentes electorales ya que el Frejuli no pudo presentar boleta en muchos distritos donde sólo contaba con apoyo del PJ local, inscripto en la Justicia a nombre del kirchnerismo.
«Hoy, enfrentados en la cancha con todos los símbolos, toda la orgánica y toda la legitimidad peronista reconocida, no sólo por el pueblo argentino, sino también por la Justicia, nos pone a disputar el primer lugar como siempre ha disputado el peronismo.
La Cámara -Nacional Electoral-resolvió dos cosas muy importantes: separó a la doctora Servini de Cubría del expediente del Partido Justicialista y anuló la sentencia que declarara inexistente el congreso de Potrero de los Funes, donde el peronismo había dado una orgánica y deliberado legítima y válidamente», se mofó el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá, jefe de campaña de su hermano Alberto.
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