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Así a la suba en las retenciones se sumó el salto de la recaudación del IVA, gracias a la suba de precios, y pese a la feroz recesión, no cayó el cobro del Impuesto a las Ganancias porque no se aplicó un ín-dice de ajuste por inflación y por lo tanto la valuación de los activos en dólares se triplicó en muchas grandes empresas.
Ese triple efecto se combinó para que el Presupuesto 2002 tuviera un nivel de recursos cercano a lo proyectado inicialmente, un milagro en la desordenada economía argentina.
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