ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

1 de noviembre 2006 - 00:00

Un sugerente silencio de Kirchner sobre Misiones

A tres días de las elecciones en las que el oficialismo experimentó una derrota, el gobierno permaneció en silencio sin dar explicaciones, algo inusual en política y más en esta administración que se ufana de imponer los temas de la agenda. Néstor Kirchner regresó de Santa Cruz y trató de sostener un clima de normalidad y casi de jocosidad que contradice la circunspección de los funcionarios ante un revés que no es sólo provincial: fue un rechazo de las reelecciones indefinidas y del método de buscar el voto y las adhesiones apabullando a público y dirigentes con dádivas a cuenta del superávit fiscal. Algo que no sólo ocurre en Misiones y que puede afectar los planes del gobierno para las elecciones del año que viene. A puertas cerradas, el entorno presidencial hace especulaciones sobre cómo salir hacia adelante con un Kirchner que quedó después de los incidentes del 17 de octubre (traslado de los restos de Juan Perón) alejado de sectores sindicales y del peronismo. Hay incertidumbre en política en el país.

ver más
Néstor Kirchner anoche en Casa de Gobierno mantuvo el silencio sobre el resultado electoral en Misiones. En el Salón Azul dialogó parcamente con Aníbal Fernández, Florencio Randazzo, Felipe Solá y Daniel Scioli.
"Nadie me maneja los tiempos», dijo con voz acatarrada anoche Néstor Kirchner a un grupo entre quienes estaba Felipe Solá, acompañante del Presidente en otro acto de anuncio de obras.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Quienes escuchaban (Daniel Scioli, Aníbal Fernández, Florencio Randazzo, el gobernador) entendieron que no sólo se refería al proyecto felipista de un nuevo mandato.

Esa frase la dijo Kirchner a quienes esperaban que, a 48 horas de la derrota electoral del oficialismo, hiciera alguna señal de respuesta ante el vendaval opositor que no deja de celebrar la victoria del No a la reelección indefinida en Misiones y en otros distritos.

Llenó el silencio con simulaciones de normalidad casi jocosa, una señal de que ningún funcionario debe hablar del resultado electoral, ni admitir culpas, ni ensayar autocríticas, ni anunciar cambios de giro. Palmeó a funcionarios, contó que no lo retuvo en El Calafate el temor a enfrentar el revés electoral, sino una gripe que le empeoró la mala presurización del avión que lo trajo de vuelta.

Cachador, lo retó a Solá por demorar su ingreso al Salón Azul, adonde se haría el acto por cloacas en La Matanza. «¡Siempre tengo que demorar el comienzo de los actos porque llegás tarde, Felipe!». «Mirá quien habla», fue la respuesta del gobernador, que escuchó la réplica: «Nadie me maneja los tiempos a mí».

¿Entró el Presidente, como creen algunos, en el síndrome de «la cápsula de poder» que le impide tener registro de la realidad, protegido por la rigidez marmórea de los despachos? Ese virus se contrae en la adversidad, se les diagnosticó a Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa; bloquea la percepción de los problemas pero también genera pánico en los entornos, que evitan darle malas noticias al «Uno».

Si esto fuera cierto, habrá silencio presidencial para rato, porque ni él ni por efecto transitivosus funcionarios parecen haber registrado el grado de responsabilidad del gobierno en la derrota del domingo en Misiones.

El único ademán autorizado desde ese día desde Santa Cruz es, como adelantó este diario, «provincializar» el resultado electoral, atribuirle toda la culpa a Carlos Rovira por haber pedido reelecciones eternas contra el consejo presidencial de que reclamase a los votantes apenas un mandato más. Para eso basta con el silencio que aísla al gobernador de Misiones en un destino incierto en la silla que debe ejercer por un año más.

  • Reacción

    Los kirchneristas del entorno íntimo esperan otra reacción, más fiel al estilo con el cual enfrentó otras tribulaciones antes: redoblar la apuesta, señalar desde el Salón Blanco a sus enemigos y trasladarle la cuestión «a la sociedad» sacándose de encima el problema.

    Aunque gozan al describir el método, es difícil que le sirva ante el gozne de Misiones, en donde la oposición parece haber encontrado el dominio de la opinión instalando que la acusación de hegemonismo tenía fundamentos y que, encima, se le puede ganar en las urnas.

    Este es el escenario que más pone nervioso al entorno presidencial. Desde la votación de la reforma al Consejo de la Magistratura, el gobierno no ha podido -dice esa hipótesis- impedir que crezca en la sociedad la idea del gobierno que avasalla todo lo que tiene enfrente. En los últimos 45 días esa prepotencia mostró el rostro impiadoso de la violencia: Hospital Francés, los incidentes en la quinta San Vicente y la exhibición de clientelismo -injustificado aunque se hubiera ganado esa elección- en los días previos al voto de Misiones.

    Esa instalación de hegemonismo y violencia equivaldría, según esta hipótesis del oficialismo, a lo que fueron corrupción y reeleccionismo para Carlos Menem. La oposición logró en aquellos años identificar al riojano con esos dos demonios que le costaron salir de la vida política.

  • Premio

    ¿Y la economía, el crecimiento de 9%? En el gobierno admiten que son valores ya incorporados como propios por el público y que poco lograría Kirchner hoy reclamando premio por esos logros, así como Menem no pudo hace diez años conseguir que la sociedad lo premiase por el éxito de la convertibilidad. Perdió las elecciones de 1997 y 1999 por lo negativo y no por lo positivo porque ya nadie creía que esto se lo debieran a un político. O que debiera pagárselo con el voto.

    Encerrado en ese desfiladero, Kirchner seguramente piensa más en serio que como chanza aquello de no buscar un nuevo mandato el año que viene. Entre San Vicente y Misiones perdió buena parte de las alianzas con el sindicalismo y el peronismo del interior, que ha celebrado calladamente el resultado de Misiones y anuncia entre ahora y el fin de año por lo menos cuatro lanzamientos neoperonistas que no lo tienen en cuenta porque son francamente antikirchneristas.

    ¿El voto misionero le ha quebrado su romance con el auditorio del Salón Blanco y quieneslo ven por televisión, relación que ha querido reemplace su respeto a la prensa y a las instituciones que representan a la sociedad? Con los mismos amigos con quienes empezó, Kirchner, a un año del fin de su mandato, parece obligado a volver a empezar.
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias