Las juras complicadas no son una novedad en el Congreso. Hubo casos notorios, tanto en Diputados como el Senado, de rechazos a recibirle juramento a legisladores cuestionados. Pero pocos se hicieron tan famosos como el de la senaduría de Ramón Saadi.
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Cargado con la crisis del PJ catamarqueño y el escándalo por el asesinato de María Soledad Morales, Saadi estaba en octubre de 1996 esperando que se le aprobara el pliego como senador y al mismo tiempo que se resolvieran impugnaciones sobre su mandato.
El primero que había rechazado tomarle juramento fue Carlos Ruckauf, en ese momento vicepresidente de Carlos Menem. Hasta ese momento la comisión de Asuntos Constitucionales le negaba el acceso a Saadi al Senado, pero fue el entrerriano Héctor Maya el que primero salió en su ayuda al pedir que esa comisión emitiera un nuevo dictamen, esta vez aprobando el ingreso de Saadi.
Así, unas horas después que Ruckauf alardearacon su negativa a tomarle juramento a Saadi por su complicada imagen pública, con la ayuda también de Jorge Yoma, que presidía Asuntos Constitucionales, ese cuerpo le habilitó la entrada.
El operativo fue minuciosamente armado. Se esperó para bajar el pedido de jura al Senado a que Ruckauf no estuviera en el país. Un miércoles después de emitido el dictamen, el vicepresidente partió a Zimbabwe.
En su lugar quedó presidiendo el cuerpo Eduardo Menem, que no sólo no se negó a recibirlo sino que hasta sentó doctrina con esa jura: «No corresponde al titular del Senado decidir a quién le toma o no juramento, sino que es una función que no se discute, se cumple», dijo por entonces.
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