a) se priva a los ciudadanos de expresar (con su concurrencia, su abstención o por otro medio electoral) su respaldo o repudio a esas candidaturas;
b) se destruye la idea de la 'simultaneidad' de los comicios internos;
c) lo que es más peligroso aún: se habilita a los afiliados de esos partidos que no eligen a participar en los comicios internos de los partidos que serán sus adversarios en la elección general, tergiversando así gravemente el sentido de la ley. Partidos como el ARI de la doctora Carrió, los distintos sellos de la izquierda y otros podrán intervenir en la interna del Partido Justicialista (probablemente la única interna realmente existente) e incidir en la selección de sus candidatos.
No hay argumento 'técnico' que pueda justificar esta verdadera trampa contra la democracia y la transparencia, esta traición al espíritu de la ley. Ese espíritu reside en que en cada partido pueda votar sus afiliados y los ciudadanos independientes, no los afiliados de partidos competidores. Con sus decretos, Duhalde procura hacer una gran leva de votantes contra Menem, vengan de donde vengan, porque teme con buenos motivos que De la Sota, el candidato que él apoya, no sea capaz de remontar vuelo ni con la ayuda de todos los medios del gobierno nacional».
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