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27 de junio 2008 - 00:00

UOM desafía a Moyano, pero quiere unidad

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«Yo no quiero ser... no quiero», repitió, como un suplicio, Antonio Caló. Desde temprano estaba en la sede de la UOM y al que llegaba lo saludaba con esa frase. Su confesada, pero supuesta, resistencia es a convertirse en jefe de la CGT en reemplazo de Hugo Moyano.

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Al atardecer, sin embargo, todo era distinto. Tras una cumbre de más de 6 horas, la comandancia en pleno de los metalúrgicos resolvió reclamar para la UOM la conducción de la central obrera, pero, en paralelo, apostar a la conformación de una lista de unidad.

Tal como anticipó ayer este diario, el sindicato que capitanea Caló decidió desafiar a Moyano, que pretende su reelección. Sin embargo, evitó «personalizar» en ese dirigente porteño, heredero de Lorenzo Miguel, la candidatura para la secretaría general.

En la trinchera de enfrente, el moyanismo entró en pánico: con una simulada despreocupación, dijeron ver bien la postulación y ratificaron el Congreso el 8 de julio. «Está todo listo, las urnas listas para votar. Si les da el cuero...» dijo un lugarteniente del camionero.

El malestar fue incontrolable y tomó formato de amenaza. «Si Hugo -dijo el moyanista- no es secretario general de la CGT, el 9 de julio pone a toda la tropa en la calle.» El mensaje no fue para la UOM, sino para la Casa Rosada y, sobre todo, para Néstor Kirchner. La sospecha, nada injustificada, es que detrás de la avanzada de los metalúrgicos existe un guiño de sectores del gobierno. Caló, de hecho, tiene buenas relaciones con los Kirchner. Por eso, ese desafío sería imposible, según Moyano, sin un empujón del patagónico.

  • Panorama

    Pero nada es lineal. Dentro de la UOM hay matices y la decisión del plenario de secretarios generales fue traducida de diferentes modos. El panorama anoche,era el siguiente:

  • En pleno, los metalúrgicos acordaron reclamar un rol «protagónico» en la cúpula de la CGT. En lo formal, significa que pedirán la secretaría general, pero, simultáneamente, no descuentan la posibilidad de que un dirigente del gremio se ubique como adjunto. En rigor, la determinación de ayer responde a la obstinación de Moyano para no conceder lugar de peso a gremios que no son de su núcleo. En las reuniones de mesa chica, ya suspendidas, el camionero sólo acepta entregar butacas desde el cuarto escalón: se reserva para sí la general, para José Luis Lingieri, la adjunta, y para Omar Viviani, la gremial. En ese marco, la presión de la UOM puede traducirse como un ultimátum para que el camionero ceda lugares. «Nuestra intención no es confrontar, pero si no nos respeta y no se nos deja participar en un lugar protagónico, vamos a estar forzados a competir», señaló anoche un miembro del secretariado de la UOM.   

  • Sin embargo, la biblia metalúrgica expresa que el jefe de la UOM nacional no puede conducir la CGT. José Ignacio Rucci llegó a ese lugar cuando Miguel gobernaba el gremio; lo mismo Naldo Brunelli. Jefe de hecho, Augusto Timoteo Vandor no capitaneó la CGT, sino que comandó a los gremios desde las 62 Organizaciones. Si se respeta esa regla histórica, Caló no podría conducir la CGT, sino que debería ir otro dirigente metalúrgico. Sí, en cambio, podría ser adjunto como fue a fines de los 80 Hugo Curto, escoltando a Saúl Ubaldini. Sin embargo, la figura que asomó en la constelación K es, justamente, Caló. Quizá llegado el momento, si persiste la decisión de competir por la jefatura de la calle Azopardo, la UOM revise esa vieja pauta y habilite la candidatura del porteño. Un añoso y remanido « operativo clamor» podría generar esa corrección de las pautas históricas y quebrar la simulada resistencia de Caló.

  • En un escenario de enfrentamiento asoma la cuestión de los números: Moyano afirma que tiene votos suficientes para ser reelecto, mientras sus rivales, esparcidos pero con diálogo entre sí y un criterio unificado de quejarse por los modos del camionero, aseguran que sumarían manos suficientes como para imponer un candidato propio. Llegado el caso, si Moyano no abre la lista ni tienen número para pelearle el mando, existe un plan B: no incorporarse a la CGT, gesto que podrían imitar los «gordos» y los barrionuevistas, con lo que el camionero sería reelecto, pero quedaría al frente de una central obrera diezmada y con representación reducida.   

  • ¿Y la Casa Rosada? Deja jugar. Kirchner permite movimientos porque considera que es la forma de lograr un punto de equilibrio: a juzgar por sus movimientos, por caso ponerlo como vice del PJ, el patagónico prefiere que Moyano sea por otros cuatro años jefe de la CGT, pero tampoco quiere que sea todopoderoso, porque en algún momento se volverá peligroso. Por eso autoriza las disidencias y deja correr la amenaza de la UOM como una forma de limitar al camionero y forzarlo a que comparta el generalato de la central obrera.
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