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Finalmente, el viaje se descubrió cuando el miércoles pasado Ibarra concurrió, en Bariloche, a un acto del Frente Grande, el partido político que preside, al que trata de recomponer con la meta puesta en presentarse para ser reelecto en la Ciudad. Es allí donde no arriba a una estrategia certera: le ha ofrecido a Elisa Carrió la estructura de lo que queda del Frente Grande para soporte de sus elecciones. La chaqueña no cuenta con una base razonable de fiscales y militantes que requiere su candidatura a presidenta. Pero igual, Ibarra no logra encajar en las filas del ARI. Allí, aunque su propia hermana -la senadora Vilma Ibarra-incursione con mesura, encuentra rechazo, por ejemplo, en Liliana Chiernajowsky, la esposa de Carlos Chacho Alvarez. La ex funcionaria porteña, días pasados aseguró que el jefe de Gobierno está lejos de un acuerdo para que Carrió lo lleve atado de su boleta para que intente reelegir. La diputada no está centrada en las internas capitalinas y dejaría que quien quiera la acompañe, lo que para Ibarra significaría dividir a sus propios votantes, que hasta ahora lo tienen en exclusividad de lo que llaman el espacio de centroizquierda. A toda consulta sobre el tema, Carrió asegura a sus socios socialistas que «falta mucho y hay que mirar las encuestas. Si me reúno con Ibarra, se van a enterar», les asegura.
Por otra parte, los frentistas «oficialistas», los que comanda Darío Alessandro, no están dispuestos a permitirle todo en esta oportunidad electoral. Quieren internas o armado conjunto que reclamarán en su momento, como hicieron ante Eduardo Duhalde para que no convoque en Capital Federal a elecciones de diputados nacionales y tenga que hacer el llamado Ibarra. Como si fuera poco, Ibarra se enteró, a su regreso del Sur, de que un ex funcionario de su gestión estaría escribiendo un libro con aspectos poco conocidos de la administración frentista, especialmente en el área de habilitaciones.
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