Sin duda, el tradicional diario «La Prensa» no tenga la atención de antaño. Sin embargo, cada tanto aparece alguna nota interesante y, como los periodistas deben leer todo, en este caso rescatamos un editorial publicado ayer sobre los aumentos salariales que Néstor Kirchner niega pero concede (al menos, en su provincia). Un buen trabajo.
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Hay un principio o norma de discernimiento, decisión, equidad, verdad y unidad conceptual que se llama criterio, y es lo que determina el definido perfil de una persona, de una institución, de una política, de cómo alcanzar un objetivo común. No siempre, empero, guarda esa unidad, porque lo manipula el hombre con sus distintas personalidades o actitudes. En estos momentos tenemos un ejemplo clarísimo como un triángulo escaleno, con todos sus lados desiguales, si tomamos al presidente Néstor Kirchner y los diputados de San Juan y de Santa Cruz. Los sanjuaninos habían dispuesto un aumento de sus dietas de 1.600 pesos, pasando de 5.000 a 6.600, con la proposición y aprobación del vicegobernador de la provincia. No cayó bien en ningún rincón del país cuando sus calles son recorridas por gente que reclama tan sólo monedas para darle más fuerza a su anémico salario. Hubo malestar, el Presidente viajó a San Juan por un acto público y felicitó al gobernador José Luis Gioja porque antes de su llegada los diputados anularon el aumento que se adjudicaron. Kirchner dijo que lo de San Juan es un mal ejemplo y una vergüenza que no debe volver a ocurrir porquees una vuelta a los sueldosde privilegio.
Mientras el gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo, dispuso un aumento de 200 pesos para los trabajadores públicos, Cuando nos referimos al principio del discernimiento o del criterio hablamos del valor de la verdad y de la verdad como valor, y que esa verdad no tiene un valor impetuoso, sino todo lo contrario, un lento paso que es imposible de detener hasta que se erige como hecho indiscutible. Y así como en San Juan hubo una verdad vergonzante, surgió a la luz la realidad de Santa Cruz, aún más vergonzosa, y fue así porque el tiempo es el mayor amigo de la verdad, el prejuicio su más encarnizado enemigo y la humildad su constante compañía, esa humildad que no conocen los diputados de ambas provincias frente a sus muchísimos compatriotas sumidos en la pobreza.
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