Durísima pérdida para el monopolio «Clarín» la de Alberto Abad. Es que apareció como asistente de un favorito del grupo, Eduardo Bauzá, en los 90, y luego pasó a convertirse en socio del monopolio (año 2000) cuando, como vicepresidente del Grupo Bapro y dependiente del devaluador Eduardo Duhalde, firmó el ruinoso contrato de u$s 75 millones con la empresa Prima. Regalo que terminó liquidando, como fuera oportunamente publicado, el actual ministro de Economía, Martín Lousteau.
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Nunca Bauzá recibió el fuego graneado que «Clarín» arrojaba sobre otros menemistas. Al menos mientras estuvo en el poder. Fue la vaselina en concesiones que le hizo aquel gobierno de Menem a «Clarín», canales de TV, blanqueo de la propiedad de radios, condonación de deudas. Al lado de este gestor estaba Abad, cuya partida les provoca también daños a otros ejecutivos de diarios, ya que no ignora la salida de un laberinto: sabía que en la casilla de correo Nº 915 de las Islas Vírgenes británicas, en ese sello caribeño que es una filial de uno de los más tradicionales estudios jurídicos panameños, estuvieron registradas Prima BVI, Vintage Fund LTD. (controlante de Cimeco, sociedad de «Clarín» y «La Nación» para administrar algunos diarios del interior del país) y una filial de la hasta hoy misteriosa Barton Corp. El expediente fue investigado por la AFIP de Abad con un procesamiento apelado en la Cámara de Apelaciones. Sabe el renunciante, de ciertos medios, como si los leyera por dentro.
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