Símbolo inolvidable de la «juventud maravillosa» (a la cual, claro, el general luego ordenó exterminar), regresó ayer en los finos y delicados dedos de la presidente electa, Cristina de Kirchner. Recuerdo de aquellos años 70, algo violentos, a los cuales la esposa del mandatario también necesita regresar como fuente. Ocurrió en un acto realizado en la ESMA, en una cesión a organismos de derechos humanos presididos por Madres de Plaza de Mayo, con cánticos que no aludían precisamente a la «V» de la victoria de Winston Churchill. Aunque en el exterior algunos puedan pensar lo contrario.
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