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4 de octubre 2006 - 00:00

Vuelve el plan de Cristina a 2007 y 6 años más para Néstor

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Cristina Fernández de Kirchner
Desde que Néstor Kirchner y su esposa pasaron por Nueva York, la candidatura presidencial de Cristina Kirchner recobró verosimilitud. Toda la que puede darle el hecho de que el Presidente le haya asegurado a su colega chilena, Michelle Bachelet, que será la primera dama y no él quien se postule para lograr que el matrimonio siga durmiendo en Olivos. Reiteró en Manhattan, ante la presidenta de Chile, lo que había dicho, en junio, al premier de España, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien adelantó la misma novedad.

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El lanzamiento de Cristina es el dispositivo principal de un programa más ambicioso: el oficialismo pretende que, durante su eventual gobierno (2007-2011), se abra un proceso de reforma constitucional capaz de suprimir la reelección presidencial y reponer el período de 6 años para la primera magistratura. ¿Qué mejor tarea para ella, que desde hace mucho trajina con cuestiones de derecho público y preside la comisión de esa especialidad en el Senado? Alberto Fernández dejó entrever la jugada ni bien regresó de los Estados Unidos, donde se analizó detalladamente este ajedrez. Fue al decir que «en tanto Kirchner sea presidente, no se tocará la Constitución». Para él Cristina es Fernández, no Kirchner. Por eso estaba confirmando lo que, al parecer, desmentía. Es precisamente el jefe de Gabinete quien encargó en estos días una batería de encuestas para desentrañar cómo tomaría la opinión pública una nueva modificación constitucional en el sentido que pretende darle el gobierno.

Acaso se encuentre con sorpresas ya que, según anticipan algunos expertos consultados, el mandato de cuatro años con reelección no cuenta con el desprecio popular que suele asignársele a menudo. La propuesta de Kirchner tiene otra «carnada» atractiva para hacer pasar su ambición por el paladar del vulgo: la eliminación del tercer senador por la minoría. Para esta agenda institucional es decisiva la elección de octubre del año próximo: el gobierno requeriría los 2/3 del Congreso para llevar adelante cambios en la Constitución y, por lo tanto, se convierte en crucial el número de legisladores que le sean solidarios a partir del 10 de diciembre de 2007. Salvo que en la Casa Rosada imaginen el atajo del plebiscito, como hizo Carlos Menem antes de arrastrar a Raúl Alfonsín al «pacto de Olivos».

  • Síntesis

  • Conviene realizar una síntesis provisional para tomar conciencia de la escala en que el santacruceño procesa sus deseos cuando se trata del poder. El está pensando en un mandato de 4 años para su esposa y en volver a presentarse como candidato en 2011, esta vez para quedarse 6 años más (nadie alarga el mandato presidencial para que lo disfrute otro). Lo haría por última vez, promete. En suma, una estadía de 14 años en la Casa Rosada. Faltaría uno para alcanzar el tiempo suficiente que, según confiesa Kirchner ante pocos íntimos, demanda el gran renacimiento que él imagina para la Argentina. Como suele suceder con proyectos de esta dimensión, están plagados de dificultades. Kirchner, que está seguro de poder convencer a la mayoría de los argentinos de las ventajas de acompañarlo en esta martingala política, todavía no consiguió el sí de su esposa para la aventura. Por lo menos, eso dicen (la duda metódica es muy saludable: puede tratarse de un ardid por si el viento sopla demasiado en contra; «Ella es su soldado», también dicen).

    Por lo que trasciende del entorno más íntimo de la pareja, Cristina Kirchner es especialmente ciclotímica cuando se trata de analizar su candidatura a la presidencia. La segunda dificultad tiene que ver con razones menos subjetivas. El caudal de votos que promete la figura de Cristina, siendo muy considerable, no iguala la que hoy los sondeos de opinión aseguran a su marido. En esto los sondeos del gobierno coinciden con los que encarga la oposición. En un régimen electoral con segunda vuelta, se trata de un problema delicado, que debería inclinar la balanza a favor de la opción más cautelosa. El Brasil de Lula es un ejemplo. Una tercera dificultad amenaza con despertar a Kirchner de su ambicioso sueño. El peronismo. ¿Cómo asimilarían los leones dormidos de ese partido una candidatura tan desafiante como la de la primera dama? Es un interrogante decisivo ya que parte de la estrategia electoral del gobierno se organiza en detrimento del PJ. Está claro que la inorgánica «concertación» oficial supone sacrificar a peronistas importantes en el interior. Hasta José Manuel de la Sota se sintió amenazado, aun cuando gobierna su distrito. Si se recuerda, además, que la vicepresidencia está reservada para un radical, habrá que esmerarse mucho para demostrar a los dirigentes del PJ que se les ha previsto algún lugar en esta navegación matrimonial. Kirchner es consciente del desafío y habrá que acostumbrarse a verlo cortejando a peronistas con los que, si por él fuera, no tomaría ni un café.

    La traición es materia frecuente de la política, hay que cuidarse. Un cuarto inconveniente tiene que ver con intereses que superan el reducido reino de la familia gobernante. Se trata del rol que prepara para sí el propio santacruceño durante los 4 años que piensa pernoctar en Olivos en calidad de príncipe consorte. Nadie imagina a Kirchner dando conferencias por el mundo (por muchas razones que sería irrespetuoso enumerar). Es más fácil conjeturarlo en una penumbra ansiosa, haciéndose cargo aquí y allá de los cuellos de botella que se le presenten a esa hipotética presidencia de su esposa. Comienzan a vislumbrarse muchos, desde ahora. Por eso no sería disparatado imaginar al temible santacruceño recibiendo por la puerta de atrás de la residencia a un Hugo Moyano para tomarlo por el cuello con tal de que no declare una huelga general o tomando por las solapas -esta vez en sentido metafórico- a un empresario energético que ya no puede proveer electricidad sin aumento de tarifas. Es un escenario, sólo eso. Pero hay varios factores que alimentan esta fantasía. Uno, que la cultura media del actual elenco gobernante es marcadamente machista. Otro, que la incapacidad del Presidente para delegar funciones se ha puesto de manifiesto en el caso de subsecretarías y, por lo tanto, promete hacerlo de modo más estridente cuando se trate de la primera magistratura del Estado.

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