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7 de mayo 2003 - 00:00

Ya gasta a cuenta Kirchner y prepara sus "cartas malditas"

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Otros dirigentes, en cambio, entienden que las victorias deben modificar la arquitectura del poder que rige en el momento, llevando hasta las últimas consecuencias las contradicciones reinantes. Son los que aprovechan la hora del ascenso para tomar venganza o, como se dice vulgarmente, pasar facturas. Es el caso de Néstor Kirchner quien, si bien perdió en la primera vuelta, ya comenzó a comportarse como un vencedor despiadado, amparado en las encuestas y afirmaciones oficiales referidas a que la derrota de Menem está escrita en el firmamento.

Kirchner comenzó a imaginar un esquema de dominio basado en la sustitución de algunos caudillos del interior, poderes establecidos a los que no necesariamente les fue mal en la elección del 27 de abril. El primer blanco al que apunta el candidato de Eduardo Duhalde es del barrio: Jorge Sobisch, con quien lleva adelante una guerra a muerte que para algunos es más agresiva que la de Menem y Duhalde. Allí se mezcla el conflicto patagónico con los celos y competencias por el trato con empresas energéticas, las que más condicionan la política de la zona (fue muy conocida la contradicción entre Kirchner y Sobisch frente a la posibilidad de renovar concesiones de Repsol YPF en explotaciones petroleras de las respectivas provincias; menos conocida es la acusación que levanta el santacruceño contra su enemigo y que sólo repite entre amigos).



Como George Bush y Donald Rumsfeld en Irak, el gobernador de Santa Cruz sigue armando su mazo de cartas malditas por las provincias del país: si el as de pique es Sobisch, Juan Carlos Romero es, por lo menos, el rey. En Salta el candidato quiere impulsar a Ricardo Gómez Diez, lo que además de irritar al gobernador y candidato a vice de Menem (que no tiene reelección) halaga al «lopezmurfismo» al que representa el senador del Partido Renovador.

En un escalón equivalente a Sobisch, una especie de as de corazones, aparece Ramón Puerta. Kirchner no le perdona aquella tapa de diarios de domingo en la que el misionero daba el do de pecho del repudio a su candidatura, con Duhalde todavía alojado en su estancia de Apóstoles. Allí el candidato cuenta con el favor de Carlos Rovira, el gobernador de la provincia. Puerta carga además con el peso involuntario de su amistad con Francisco de Narváez (sota de trébol), convertido en el jefe de la operación menemista en la campaña del ballottage (un poco más y hasta Mauricio Macri, que pertenece al mismo círculo, se liga aparecer en el mazo, tal vez como 9 de diamantes).



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