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Bianchi dio cátedra a empresarios
Hace ya tiempo que los técnicos dan consejos en las empresas a directores y trabajadores», dijo.
Después de un espectáculo introductorio del grupo Choque, muy impactante, con pelotas de distintos tamaños en medio de un juego de baile y música, entró Bianchi. Con su habitual humildad, lanzó un discurso simple, sobre la incidencia de la cultura en el interjuego de roles y liderazgo.
«Como hay empresas unas más poderosas que otras, hay equipos mejores que otros», explicó.
Hasta el propio Robert Bales -autor de las teorías más utilizadas sobre grupos laborales y organización empresarial- se hubiera asombrado de las similitudes que Bianchi encontró entre la cancha o la pelota y la capacidad de producción o la materia prima. «Lo que cambian son las dimensiones de la cancha. Los que juegan son siempre los mismos, 11 contra 11», aseguró. «Manejar a los argentinos es bastante complicado. Los franceses escuchan y respetan. El argentino estudia todo y espera encontrar una falla para retrucar», trajo a colación.
Inmediatamente, se proyectó una película con un gol del actual técnico xeneize en 1968, cuando con la camiseta de Vélez sacudió a Amadeo Carrizo. «Es mucho más difícil prepararse para la victoria porque ganar provoca confusiones. Por otra parte, el que dirige tiene que tener un discurso preciso», explicó y agregó: «El discurso de la derrota, en cambio, es mucho más fácil». «Es verdad lo de la oveja negra», «Prefiero repetirme que contradecirme» o «Sólo los imbéciles no cambian de opinión» fueron algunos de los ejemplos.
Uno simpático fue: «A mí no se me caen los pantalones», seguido de una corrección urgente de los oyentes: «No, los anillos Bianchi, los anillos».


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