Hartos de los repetidos robos y agresiones de los que son víctimas, alumnos y profesores de la facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), reclamaron al decano Pablo Jacovkis, cercar con un alambrado el edificio de Ciudad Universitaria y un sistema de patrullaje permanente para terminar con la inusitada inseguridad que padecen en el turno noche.
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«Hubo vidrios rotos por balas perdidas, robos de vehículos, asaltos y agresiones físicas; hasta una advertencia del Departamento de Seguridad y Vigilancia sobre los hurtos que con total profesionalidad se producen en aulas, oficinas y el comedor de la facultad», dicen los alumnos en el diario electrónico de Ciudad Universitaria desde donde la polémica cobró una dimensión desmesurada.
Lo que había comenzado como «una queja en una publicación interna de los alumnos», se convirtió en una especie de revolución en cada aula que obligó a Jacovkis a responder inmediatamente. A través de un extenso escrito, que también publicó en Internet, el decano explicó en primer lugar que los terrenos adyacentes (donde están los asentamientos) a los pabellones, no es propiedad de la UBA, sino de la Ciudad de Buenos Aires. Asimismo, dijo que solicitó «en varias oportunidades en sesión del Consejo Superior que el rectorado tome cartas en el asunto, intimando al gobierno porteño a cumplir con el convenio (por el cual el gobierno debe hacerse cargo del control en la zona) o a denunciar el mismo».
El problema es que el grueso de los estudiantes asiste a clases a última hora del turno noche (22.00), momento «pico» de inseguridad, y como cada vez hay menos docentes que «se animan» a enseñar en ese horario, es probable que se elimine el turno.
Así lo expresan los profesores en la misiva sin precedentes que enviaron la semana pasada a Jacovkis: «si no se toman las medidas que eviten los robos y agresiones, no habrá más cursadas de noche, el horario más demandado por los alumnos».
Asimismo, explican que como «hace muchos años, las materias multitudinarias ofrecen la posibilidad de cursar en turnos hasta las 22.00; si bien nuestra intención es seguir brindando este servicio, especialmente para aquellos alumnos que trabajan, estamos muy preocupados ante los reiterados e impunes hechos de violencia que están ocurriendo en los pabellones».
Por su parte, los alumnos aseguraron que son víctimas de distintos episodios que van desde «los asaltos hasta los ajustes de cuentas: cada tanto aparece un muerto».
Las quejas en su mayoría giraron sobre el ingreso irrestricto de personas al edificio y sus alrededores, a la falta de control: «Se ven caras raras en los terrenos que dan al Río de la Plata, y en el estacionamiento a algunos autos les han roto los vidrios e intentaron abrirlos».
Como si fuera poco, los demás pabellones son protagonistas del mismo fenómeno. En Ciudad Universitaria, además de la Facultad de Ciencias Exactas, se encuentra operando la sede central del Ciclo Básico Común, más conocido como CBC. Allí estudian miles de jóvenes recién egresados de la escuela secundaria, con un promedio de 19 años.
«Todo el tiempo, comentan alumnos del CBC, entra algún que otro vendedor o indigente para vender o pedir plata. Además de interrumpir las clases, si el o la profesora le impide el ingreso, se ponen violentos, gritan o insultan y vuelven a insistir más tarde».
Entre las distintas y dramáticas anécdotas, un estudiante recordó «el año pasado un hombre de unos 45 años entró pidiendo ayuda para su hija que aparentemente estaba en estado grave entonces entre todo el curso juntamos unas monedas y se las dimos. A la semana vimos al mismo hombre pidiendo por su propio estado de salud, ahora que estaba -enfermo de sida-».
«Ni siquiera podemos ir al baño tranquilos», dijo a Ambito Financiero un grupo de estudiantes. «No podés dejar una cartera, una mochila o un cuaderno en ningún lado, ni en el baño, ni en el comedor, porque desaparece, se llevan todo, hasta los libros», se lamentaron.
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