Es posible en 10 años duplicar el ingreso per cápita de los argentinos de los actuales 7.600 dólares a 15.200 dólares sin alterar la paridad cambiaria? ¿Es posible crecer durante diez años a una tasa acumulada promedio de 7,5 por ciento anual? ¿Es posible reducir la tasa de desempleo en este período a un deseable 6% de la fuerza laboral?
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Sí es posible a condición de que la productividad promedio global de la economía argentina crezca alrededor de 6 por ciento anual promedio y la fuerza laboral activa mantenga un ritmo de crecimiento anual acumulado de entre 1,5 y 2 por ciento. Para sostener estos niveles de expansión las exportaciones deben seguir creciendo a un ritmo de 14% anual, la tasa de ahorro doméstico debe elevarse a 20-22% del producto (está en 14%) y la tasa de inversión bruta debe crecer a 24-25% del producto (en 2000 cayó a 17%). Bajo estos supuestos la deuda externa crece inicialmente hasta representar 60% del producto y luego se estabiliza en alrededor de 55% del producto. El mayor ahorro interno y el crecimiento de las exportaciones aseguran el financiamiento de los mayores niveles de inversión manteniendo el déficit de la cuenta corriente en niveles aceptables (alrededor de 4% del producto). Con esta tasa de crecimiento la tasa de desempleo cae sistemáticamente hasta ubicarse alrededor de 6%.
Los datos salen de un modelo de proyección macroeconómica, pero la piedra angular de todo el esquema es la tasa de crecimiento de la productividad. El problema de la Argentina es que carece de un plan estratégico focalizado en la productividad.
Cuando aumenta la productividad en un sector se beneficia toda la economía. La mayor productividad baja los precios del bien o servicio en cuestión y aumenta la demanda de ese bien (cuando se trata de una actividad en expansión) o el ingreso disponible de sus consumidores (en caso de ser una industria madura). El mayor ingreso disponible motoriza nuevas demandas en otros sectores y/o mejora la capacidad de ahorro. Por el lado de la oferta, si la mayor productividad aumenta la demanda permite una mejor utilización de la capacidad instalada y ampliaciones de planta que motorizan ulteriores ganancias de productividad. El sector a su vez se beneficia de los menores precios derivados de aumentos de productividad en otros sectores y del financiamiento de la capacidad de ahorro adicional generada por esa mayor productividad. Un círculo virtuoso donde necesariamente hay reinserciones laborales, pero con niveles crecientes de empleo a nivel agregado.
Debate
El pensamiento económico argentino se ocupa superficialmente del tema. Aparece estancado como el aparato productivo. Se habla de productividad, pero no hay análisis sistemáticos y comparativos sobre el tema ni propuestas relevantes que conformen un plan. Blindaje financiero mediante, el debate teórico sigue enfrentando dos opciones básicas: reducir el gasto para equilibrar las cuentas y bajar la tasa de riesgo-país como condición de crecimiento o reactivar restando prioridad al desajuste fiscal para que la expansión económica reduzca los desequilibrios futuros.
El primer enfoque conjuga la austeridad fiscal con una dosis de mayor aperturismo; el enfoque alternativo es consistente con una dosis de mayor protección inicial. Ambos adhieren al mantenimiento de la paridad cambiaria dentro del régimen de convertibilidad. Sin embargo, en caso de crisis, mientras el primer enfoque es más proclive a aceptar la dolarización como salida, el segundo se inclinaría por la flotación del tipo de cambio (devaluación). Un enfoque abreva en la ideología neoliberal, el otro, en el llamado «acuerdo keynesiano». Para los primeros la globalización y la consecuente movilidad de los flujos financieros hacen impensable una política fiscal activa que acreciente el alto endeudamiento existente y genere dudas de solvencia intertemporal. Los capitales huyen y la oferta monetaria se contrae conforme al rigor que impone la caja de conversión. Sube el riesgo-país y la tasa de interés se hace disuasiva de nuevos negocios, sobre todo en un contexto donde se acabaron los negocios rentables de la etapa de la privatización. Los keynesianos reconocen la dependencia del financiamiento externo y también les preocupa la generación de nuevos negocios para ocupar recursos ociosos y alcanzar la tasa de crecimiento potencial de la economía (crecimiento con una tasa razonable de ocupación de los factores), pero creen que los altos intereses son consecuencia de una política contractiva determinada por sucesivos ajustes que terminan profundizando la recesión y ahuyentando capitales incrédulos de la recuperación y suspicaces de la solvencia futura.
Los pragmáticos combinan análisis y medidas de ambos enfoques subordinando la consistencia del menú al recupero de la confianza pública. Para ellos las teorías económicas no son creídas por ser buenas, sino que son buenas cuando son creídas. Habría que destacar también el énfasis sistemático de un grupo de economistas que subrayan la inviabilidad del esquema cambiario y la necesidad de anticiparse a desenlaces traumáticos programando la inevitable salida devaluatoria. Por sospechas compartidas, pero imaginando otro escenario posconvertibilidad otros colegas aconsejan el abandono del peso y la dolarización inmediata de la economía.
Como la teoría económica hoy no ofrece un paradigmaa consistente para abordar los desafíos de la economía globalizada, las experiencias de otros países se citan para fundar conclusiones más que para extraer enseñanzas. Por eso algunos economistas locales prefieren destacar la experiencia de Hong Kong, que volvió a crecer sin devaluar, y otros destacan la experiencia de Corea, México o Brasil, que devaluaron para volver a crecer. ¿Cuál es la experiencia de estos países en materia de productividad?
Política
La apuesta inicial de la administración de la Alianza fue el sostenimiento del régimen cambiario. Para mantener la paridad del peso con el dólar se privilegió el equilibrio fiscal de corto plazo. Los déficit crónicos y el creciente endeudamiento son incompatibles con un sistema de caja de conversión. Cuando la falta de recuperación económica complicó la previsión de ingresos presupuestada, se redujeron salarios. Tras la crisis de noviembre y el anunciado blindaje financiero se desplazó el énfasis del equilibrio fiscal de corto plazo al fortalecimiento de la solvencia intertemporal (acuerdo con los gobernadores, reforma al régimen previsional). La apuesta sigue siendo la vigencia de la paridad cambiaria a partir de la necesidad de reactivar la economía en el corto plazo. Sin crecimiento, la paridad cambiaria es insostenible: prenuncia la cesación de pagos y asfixia las ganancias de productividad.
Si no hay nuevos negocios que alienten inversiones y recreen expectativas de expansión la recesión forzará salidas de corto plazo no sostenibles en el tiempo. Falta un plan que articule las demandas del tipo de cambio que nos rige y la imperiosa necesidad de generar nuevas inversiones. El eje del plan es el crecimiento sostenido de la productividad glboal. Es posible crecer con convertibilidad. Pero no es posible crecer espontáneamente, sin un plan.
La reactivación de corto plazo no puede alterar las bases de un crecimiento sostenido en el largo plazo. La reactivación de corto plazo, consistente con un aumento global de la productividad
(1) argentina, no puede fundarse en estímulos pasajeros al consumo. El decepcionante ritmo de crecimiento en el curso del año pasado fue consecuencia de la tasa de inversión. El crecimiento de la inversión reactiva y contribuye a la mejora de la productividad de los sectores destinatarios de la misma.
El equilibrio macroeconómico, la transparencia y competencia de los mercados, la eliminación de la informalidad (que concilia baja productividad con evasión) y la política impositiva y arancelaria, son condiciones necesarias, pero no suficientes de un plan para promover la productividad agregada de los factores y los nuevos negocios.
El plan de productividad debe desarrollarse a partir de las distintas cadenas de valor productivas: las que producen bienes y las que producen servicios. Establecida la productividad del trabajo y del capital en una rama productiva o de servicio hay que hacer comparaciones con las productividades que esa misma actividad productiva tiene en otras latitudes y medir las diferencias. Hay que compararse con los mejores tomando como referencia las mejores prácticas de producción del bien o servicio en cuestión. Establecida la brecha de productividad hay que identificar las causas de la diferencia: hay causas asociadas al contexto económico general, hay causas asociadas a la estructura del mercado del bien o servicio que produce la rama productiva bajo análisis, causas asociadas al mercado de los factores y finalmente causas inherentes a las propias unidades productivas (organización, diversificación de productos, escala, etc.).
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