Federico Storani suscribió la semana pasada un pronunciamiento por el cual, antes de adoptar alguna postura pública, el Grupo de Trabajo de la Alianza (que él integra con Chrystian Colombo, José Luis Machinea, Carlos Chacho Alvarez, Raúl Alfonsín y Hermes Binner) escucharía un informe de Adalberto Rodríguez Giavarini sobre las alternativas que se le presentan al país para votar en las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en Cuba. Al día siguiente, Fernando de la Rúa aclaró que ese pronunciamiento lo resolverá él, como corresponde a sus atribuciones. Sin embargo, Storani aconsejó abstenerse y alinear el voto argentino con el Mercosur.
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El ministro del Interior se mostró desleal con quienes se conjuraron a suspender la discusión sobre el voto referido a Cuba e irrespetuoso con el Presidente. Pero lo que sorprendió fue su falta de rigor técnico para enfocar el problema. Por un lado, es imposible decidir una postura sobre la calidad del régimen castrista en relación con los derechos humanos hasta tanto no exista una moción sometida a sufragio. Más aún, podría no existir ninguna (como sucedió ya en por lo menos tres reuniones de la comisión de Derechos Humanos). Por otro lado, no existe un voto regional. Mientras Brasil, por razones diversas, viene prefiriendo la abstención, el gobierno del Uruguay todavía no resolvió qué postura asumir, como declaró ayer en Buenos Aires su canciller Didier Opertti.
Rodríguez Giavarini hizo un par de contradeclaraciones ayer. Es decir, expresó que diría algo cuando tuviera algo que decir. Sobre su colega Storani se limitó a indicar, en tercera persona (retórica que imprevistamente lo asoció a Diego Maradona o Luis Barrionuevo): «El canciller no se dedica a hacer comentarios sobre los dichos de sus colegas de gabinete, solamente a bajar directivas del Presidente».
La conducta de Storani, como la de Alvarez y Alfonsín, quienes se pronunciaron la semana pasada en favor de la abstención -un día antes de concurrir a una mesa de diálogo que va perdiendo sentido día a día-, resulta curiosa. Con lógica comercial, ninguno de ellos habla de votar en repudio de la política de derechos humanos de China o de Irán. Claro, son países con los que se están urdiendo relaciones comerciales y por lo tanto la intransigencia principista haría perder plata.
En cambio, el voto en conjunción con los Estados Unidos (de esto se trata, más que de los derechos humanos en Cuba), les resulta insoportable. Aún cuando hace poco más de un mes cualquier halago para el gobierno de ese país era insuficiente con tal de que la Secretaría del Tesoro aprobara el salvataje financiero en el Fondo Monetario.
Esta diferencia de criterio según sea el país que viole derechos humanos o realice operaciones comerciales con la Argentina no es la única incongruencia del pensamiento de Alfonsín, Alvarez y Storani. La relación entre la Alianza y los Estados Unidos es uno de los últimos productos psicodélicos que lanzó al mercado el conjunto de dirigentes que tiene el poder en el país. El mismo grupo que presta atención a las palabras de Fidel Castro llamando al gobierno «lamebotas de los yankees», no se escandaliza al ver que Elisa Carrió prefiere el Senado de los Estados Unidos y no las instituciones del país para realizar sus denuncias. Storani, que forma parte de la administración a la que la diputada (con razón o sin ella) descalificó para confiarle secretos, no se anima a llamar a Carrió «lamebotas de los yankees» y tampoco a recomendarle que se confiese delante de la Asamblea Nacional cubana.
Tal vez esté de más esperar alguna regla interna que le otorgue coherencia a los pronunciamientos de Storani. Con varias rutas cortadas, cuando los gobernadores toman iniciativas sin siquiera consultarlo, atemorizado por si para garantizar el orden debe encarar algún tipo de represión, es lógico que «Fredi» quiera tomarse un respiro y abrazarse a alguna causa de las que él califica de progresistas. Tal vez por eso habló de Cuba, porque el tema es en el fondo intrascendente y antiguo. Una excelente excusa para hacer izquierdismo sin que nada cambie. Ideal para Storani.
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