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De la Rúa dejó sin almuerzo a Mirtha
Hace algunos años Carlos Menem se animó como animador de TV. Fue cuando reemplazó a Bernardo Neustadt como conductor de «Tiempo nuevo» en «Telefé», debido a una operación que le hicieron al periodista. Los críticos del ex presidente lo consideraron un abuso de poder, por lo menos una invasión a las profesiones. Ayer Fernando de la Rúa dio una nota propia, a su estilo, al forzar a la animadora Mirtha Legrand a hacer su rutina de los mediodías, pero sin almuerzo y en la propia sede del gobierno. Si Menem hubiera hecho eso quizá habría sido condenado por sus objetores como un abuso de poder, tratándose de la onda oficial del «Canal 7», por otra parte. En el caso actual, se considera casi inocente la actitud presidencial. El desparpajo con que De la Rúa redujo a la Legrand al nivel de una movilera fue ofensivo: la atendió en un reportaje a algo parecido a un pasillo de la Rosada, se lamentó de que no hubiera ido más temprano para grabar la nota en lugar de hacerla en vivo, y cuando se consideró satisfecho, se levantó y se fue. Para no dejarla a Mirtha en ascuas y sin programa, le dejó como herencia oral a ciertas estrellas de reparto de su elenco: en la última media hora del programa, los ministros Héctor Lombardo y Andrés Delich y el secretario de Agricultura, Marcelo Regúnaga, explicaron sus tareas. Poco animados, claro, vista además la indignación de la conductora quien obviamente se sintió ofendida por el trato o destrato a que fue sometida en Casa de Gobierno. Será que De la Rúa ya no está para divas o, así, al menos le aconsejan ciertos asesores jóvenes en comunicación.
De la Rúa y Legrand.
En los pasillos, se decía que no era el momento más oportuno para que De la Rúa visitara la emisora estatal, mientras adeudan cargas previsionales a empleados. Voceros del gobierno atribuyeron el traslado a la «falta de tiempo del Presidente, que tiene hoy una agenda muy completa».
Aunque Mirtha aseguró que preguntaría «lo que el país quiere saber en un clima de permanente ajuste», De la Rúa tuvo tiempo para opinar sobre sus programas favoritos de televisión, su dotes de bailarín y su nuera Shakira. «Es una buena chica», opinó De la Rúa. Calificó a sus hijos de «chicos inteligentes y capaces» y dijo que el «grupo sushi» es un «invento para escribir». Entretanto, en relación con la juventud que emigra al exterior, señaló que «los jóvenes encontrarán el futuro aquí», aunque su hijo Antonio parezca estar buscándolo en Miami.
Bailarín
En la línea de las confesiones distendidas, De la Rúa comentó ser «un buen bailarín, aunque un profesor de baile me mandó a seguir practicando» y también expresó su preferencia por programas televisivos deportivos, documentales o películas. Mirtha no pudo evitar hacer alusión a su propio programa, a lo que De la Rúa replicó: «A veces lo miro y me tira algunos palos».
Legrand recordó que la noche anterior al estreno de los almuerzos en el canal estatal, De la Rúa la llamó por teléfono y le dijo: «Si quiere pegarme, pégueme», y ante tal afirmación el Presidente se quejó: «Parece que se lo tomó al pie de la letra».
Tercer imprevisto: cuando culminó la media hora de entre-vista que De la Rúa le concedió a Mirtha («tiene una agenda muy completa», se quejaba Legrand), le asignaron a Mirtha, a último momento, a tres ministros en reemplazo del Presidente.
Héctor Lombardo, ministro de Salud; Andrés Delich, titular de Educación; y Marcelo Regúnaga, de la cartera de Agricultura, Ganadería y Pesca, sucedieron a De la Rúa y, entre los tres, completaron la media hora restante de programa.


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