Washington - Apenas aguanta de pie y ha cortado casi todos sus compromisos profesionales. Su más importante y complicada tarea, estos días, es salir del despacho, con un ayudante llevándolo de cada brazo, y llegar a la sala del Senado para votar. A este esfuerzo se reduce su vida, la más larga en el Senado, donde representa a Carolina del Sur desde enero de 1954. El senador republicano Strom Thurmond tiene 98 años y los habituales rumores sobre su salud y senilidad se han convertido en murmullo político. Si muere o es hospitalizado y no puede seguir votando, el empate en 50 escaños que hay en el Senado se decantará del lado demócrata y los republicanos no podrán llamar al vicepresidente Dick Cheney para que lo deshaga.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Sin ir más lejos, las próximas semanas tendrán lugar en el Senado intensos debates sobre la reforma de las finanzas electorales, por una parte, y el plan del presidente George W. Bush para rebajar los impuestos, por otra. Es un debate tan reñido que cada voto cuenta mucho más que lo habitual.
Llegada
Strom Thurmond tiene mandato hasta enero del año 2003 representando a Carolina del Sur y ha dicho que esta vez no buscará la reelección. En caso de que no llegue a esta última meta de su carrera política, el gobernador Jim Hodges, que es demócrata, elegirá, casi con toda seguridad, a un miembro de su partido para que lo sustituya.
El año pasado, según publicó «The State», el diario de Columbia, la capital de Carolina del Sur, Thurmond grabó un video pidiendo al gobernador Hodges que, llegado el momento, eligiera a su esposa, Nancy. Sin embargo, la señora Thurmond, de 54 años, no tiene intención de ser senadora.
Desde 1991 está separada de su marido y todo lo que está dispuesta a hacer es liquidar la oficina del Capitolio si éste renuncia o fallece.
Quienes conocen bien a Thurmond, como Henry Mc-Mas ter, jefe del Partido Republicano en Carolina del Sur, reconocen que «se está haciendo viejo» y recuerdan que tiene una voluntad mucho más fuerte que su salud. Afirman, aun así, que no renunciará a no ser que sufra un nuevo achaque. Para evitarlo, cada fin de semana visita el hospital Walter Reed del Ejército de Tierra. Vive solo, en un departamento en Alexandria (Virginia), y desoye los consejos de su familia y asesores para que se traslade a una casa vigilada.
Es tan orgulloso que no quiere hacerlo. Igual que no quiere ponerse un audífono, a pesar de que tiene problemas de audición, o andar con bastón o en silla de ruedas, a pesar de que las caderas y la ciática apenas lo dejan caminar. Se ríe del senador Jesse Helms, 19 años más joven que él, que va de un lado a otro en una silla de ruedas eléctrica.
Lo suyo es caminar. Fue corredor de fondo y entrenador de atletismo antes que abogado y político. En su despacho hace décadas que están prohibidos el tabaco y el café.
Dice que el deporte, la política y las mujeres lo han hecho vivir tanto. Llegó a tener un hijo cuando se acercaba a los 70 años, pero de eso hace ya más de 30.
Decisión
Su vida es la vida de Estados Unidos en el siglo XX. Desembarcó el día D en Normandía, con la 82ª división aerotransportada del ejército, recibió 18 medallas y entró en política defendiendo los intereses de los blancos conservadores en un sur segregado, donde los negros no tenían los mismos derechos.
Entre 1947 y 1951 fue gobernador de Carolina del Sur y en 1948 fue candidato independiente a la presidencia. Es masón, bautista y senador desde 1954.
Como senador más antiguo, es el tercero en la línea sucesoria, después del vicepresidente y el «speaker» de la Cámara de Representantes. Pero está tan débil que ha tenido que delegar el privilegio.
Hace unas semanas no pudo estar en el discurso del presidente Bush en el Capitolio. Fue la primera vez que no asistió a un acto de este calibre. De hecho, está tan despistado que apenas interviene en las audiencias públicas.
Todo lo que hace es leer preguntas que sus asesores le han anotado, con letra muy grande, en unas tarjetas. Es su jefe de Gabinete, Robert Short, conocido como «el Duque», quien decide por él.
Dejá tu comentario