15 de marzo 2001 - 00:00

El blindaje terminó siendo apenas una ilusión óptica

Novedad 1. En el paquete de iniciativas que prepara Ricardo López Murphy figurarán dos proyectos de ley. Uno, de reforma al sistema jubilatorio. El otro, de desregulación de las obras sociales. El envío de esas dos iniciativas al Congreso significa, de hecho, que el gobierno declara políticamente clausurada la vía del decreto para cumplir con dos de las tres reformas más importantes diseñadas a fines del año pasado, mientras se negociaba con el Fondo Monetario Internacional una ayuda financiera para el país.

Novedad 2. López Murphy confesó el lunes por la noche a un grupo de ministros reunidos en la oficina de Chrystian Colombo: «Ahora sé por qué renunció José Luis Machinea. Mientras estaba en Francia y me informaban sobre su decisión no lo entendí porque me creía que la situación no era tan dramática». El ministro se refería al dato que más lo inquieta, es decir, la posibilidad de que en abril la Argentina no pueda hacer frente a sus vencimientos y que, al endeudarse para pagar, la tasa a pagar haga insostenible la demanda de dinero en el mercado. ¿Y el blindaje? ¿No se había conquistado, gracias a las negociaciones de noviembre, capacidad de pago por dos años? Esas dos preguntas cayeron automáticamente de los labios de los ministros que escucharon a López Murphy y no cultivan la política económica (en lo de Colombo estaban Federico Storani y Patricia Bullrich). En rigor, lo que se sabe ahora, cuando la brecha fiscal vuelve a complicar la gestión del gobierno, es que la ayuda internacional que se le acercó a la Argentina fue casi una ilusión óptica ge nerada por el propio gobierno. Los $ 39.000 millones que se anunciaron con euforia en diciembre eran virtuales. En rigor, el Tesoro podría recurrir apenas a unos $ 18.000 millones provenientes del Fondo, de otros organismos financieros internacionales y del gobierno de España. Esos $ 18.000 millones son de desembolso progresivo. Efectivo, de disponibilidad inmediata, López Murphy apenas cuenta con $ 2.000 millones. Los $ 20.000 millones restantes son promesas de refinanciación a tasas y condiciones que sólo se conocen cuando se vuelve necesario echar mano de ellas.

Evidencia

De los dos datos anteriores se desprende una evidencia elemental: si alguna vez existió en los términos en que fue publicitado, el blindaje ya no tiene vigencia. Y no la tiene en sus dos aspectos principales. El de la ayuda financiera, que no tiene la dimensión publicitada, y el de las reformas comprometidas por el gobierno para acceder a aquella ayuda.

El envío al Congreso de aquellas dos leyes -reforma de obras sociales y reforma previsional-significa lisa y llanamente que se sepultarán esos dos programas. La excusa es que el trámite que se lleva adelante en la Justicia promete fracasar. En el caso de las «cajas» sindicales, el gobierno no consiguió que la CGT retire sus recursos de amparo. No lo logró siquiera pagando esa operación con los $ 27 millones de dólares que se les garantizaron a los gremios como resarcimiento por aportes no identificados. Los obstáculos que presenta el decreto de reforma previsional en los tribunales son parejos y anticipan una dificultad mayor: la Cámara de la Seguridad Social ya dejó trascender, informalmente, que declararía inválida la norma.

Incógnita

En el Congreso el tratamiento de ambas reformas anticipa dificultades. En el caso de la previsional, por ejemplo, la Alianza propuso en su momento una ley que dejara en 60 años la edad jubilatoria de la mujer y en 1.000 pesos de jubilación (no en $ 700) el límite a partir del cual se elimina la Prestación Básica Universal.

López Murphy se encontró ahora con esta situación de un blindaje meramente hipotético, que lo hace dudar sobre la conveniencia de haber aceptado el cargo. Otros integrantes del gabinete, como Colombo, la conocían de antes (el día anterior a la renuncia de Machinea el jefe de Gabinete tuvo una pelea durísima con el entonces ministro de Economía). El nuevo titular del Palacio de Hacienda todavía no sabe cuál será el futuro ante este nuevo cuadro. Pero podría desde ahora adoptar alguna medida sin demasiado costo político, que de paso le permitiría algún ahorro: quitar los carteles que siguen adornando los costados de varias autopistas (iluminados y todo) que hablan del «Blindaje 2001. Obras y Trabajo para la Gente». Han comenzado a resultar irritantes, sobre todo para un año electoral.

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