18 de febrero 2002 - 00:00

El uso y abuso del cacerolazo vaticina que entra en declive

Los cacerolazos como forma de protesta ingresarían en una curva descendente, según advierten algunos analistas, al señalar que el movimiento de los vecinos nació en forma espontánea y no resistirá a los esfuerzos político-partidarios que intentan ordenarlo.

El abogado Eduardo Guarna, presidente de la asociación civil «Fiscales sin fronteras», recordó en la agencia NA que «el 'cacerolazo' como expresión tuvo su fuerte en la espontaneidad y genuinidad del movimiento», y que «como todo evento social, la repetición comienza a enmarañar su sentido de ser».

«El 'cacerolazo' se presentó con un vigor inusual en el temperamento de los argentinos. Desordenado, anárquico y tumultuoso, tuvo la virtud de juntar a innumerables vecinos que confluyeron a la Plaza de Mayo, como siguiendo un deseo interno de cambio y así lo expresaron»
, añadió.

Al igual que otros analistas consultados, Guarna expresó que «se utiliza el 'cacerolazo' como acto de protesta, lo que le saca el valor inicial que tuvo, ya que toda protesta que no traiga aparejado un cambio, puede generar frustración, o peor, violencia», expresó.

Para Guarna «se suma a ello, la generación de asambleas populares, que tienen la dualidad de ser por un lado la asunción de compromisos de la ciudadanía hacia la cosa pública, pero por el otro, generar espacios de debate ideológico que tanto mal han hecho a la política argentina, que siempre se polariza entre derechas e izquierdas».

El 19 de diciembre, por primera vez, en forma espontánea decenas de miles de personas en esta capital se lanzaron a las calles con sus familias, en respuesta contra el «corralito financiero» impuesto por la administración de Fernando de la Rúa y organizado por el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo.

El decreto que imponía el «estado de sitio» en la República fue el detonante, luego de escucharse el discurso del primer mandatario, quien al día siguiente renunciaría en una jornada que finalizó con la muerte de 5 personas en la Capital Federal. Durante los días subsiguientes, el cacerolazo siguió fiel a lo que desde Alemania Conrado Euler, de la Asociación Latina de Cooperación, definió como «manifestaciones callejeras que escaparon, durante algún tiempo, a la órbita de control de los partidos y los sindicatos».

• Deseo de cambio

«Millares de personas simplemente salieron a las calles como hace mucho no se ve en esta región del planeta», dijo en su análisis. No habían transcurrido diez días cuando Adolfo Rodríguez Saá también abandonaba la presidencia del país, y lo hacía desde San Luis, su provincia. Desde entonces, casi un centenar de asambleas populares han intentado capitalizar el deseo de cambio de la sociedad que en diciembre se volcó a las calles con espumaderas y sartenes.

Hacia esos espacios de debate llegaron los partidos políticos. Un joven abogado, activo participante de una asamblea popular del barrio de Belgrano -editan el boletín «La cacerola de Zapiola»- se quejaba que megáfono en mano, en Parque Centenario,
«esos militantes de 30 años de actividad» les hicieron «votar 60 consignas para llevar a cabo en una semana».

«Votamos que sí, pero nadie hizo nada durante la semana, porque nosotros trabajamos y tenemos obligaciones. Pero no podemos apartarlos de las asambleas porque estaríamos discriminando»
, sostuvo.

El último fin de semana, en forma espontánea, los vecinos dieron un paso al costado y prácticamente ya no poblaron la Plaza de Mayo, mientras que las banderías de muchos partidos políticos flamearon en su lugar.

El domingo anterior, en el tradicional «Caminito» de la Boca, vecinos autoconvocados de La Boca y Barracas llamaron al «cacerolazo» popular con «mate cocido», para explicar a los turistas extranjeros qué cosa ocurre en la Argentina
.

Un grupo de madres con bebés en brazos bebieron la infusión, mientras en el megáfono un militante disfrazado de vecino hablaba de reivindicaciones sociales que ningún visitante quería escuchar.
Se sabe, no obstante, que el impulso genuino que bulle detrás del cacerolazo está latente y puede volver a estallar con toda su fuerza en cualquier momento.

«Creo que es un momento ideal para canalizar el cambio, refundar los nuevos valores del acuerdo social y buscar formar de coparticipación en la gestión pública»,
advierte el presidente de «Fiscales sin Fronteras». Páginas en Internet, folletos, boletines impresos, los movimientos que hablan de los «cacerolazos» demuestran el crecimiento que comenzó a gestarse en esta forma de protesta urbana, como ocurre desde hace unos años con los piquetes que cortan las rutas. Una mujer señaló en un foro de discusión de Internet: «He empuñado la cacerola desde el primer día, el de la renuncia de Cavallo, y, si bien no puedo hablar en representación de todos los 'caceroleros', puedo hablar en mi nombre».

«No quiero no el final de la democracia representativa, sino que me representen quienes yo considero que lo merezcan».

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