26 de septiembre 2003 - 00:00

Giro: no habrá ley seca en la Capital

Contra todos los pronósticos, no habrá por ahora ley seca en la Ciudad de Buenos Aires, una de las medidas contra la inseguridad reclamadas por el gobierno nacional. La falta de acuerdo entre los bloques de la Legislatura porteña impidió que la norma fuera votada en particular, por lo que el proyecto (que había sido aprobado en general el 22 de julio) pasó a secretaría por tiempo indeterminado. Se estima igualmente que pronto sobrevendrán otras propuestas, que no se referirían sólo al horario permitido para la venta de bebidas alcohólicas -como lo hacía este proyecto-o al control vecinal. Para salir del paso, se piensa ahora en abrir un registro y un sistema de licencias, tal como lo anunció Felipe Solá en la provincia.

La ley seca en Capital Federal finalmente no entrará en vigencia -por lo menos en los próximos meses-, porque la Legislatura porteña decidió anoche no aprobarla en particular.

Sorprendió la decisión, porque la norma formaba parte del plan de lucha contra la inseguridad que el gobierno nacional había anunciado 3 meses atrás. Además, se había aprobado en general el 22 de julio pasado, con un alto apoyo de los legisladores.

Ayer, giraron las opiniones y prevalecieron las críticas sobre las dificultades de su aplicación y control, el tipo de multas y sanciones (y a quiénes corresponderían) hasta el porqué no se prohibía la venta a los deliveries o boliches también.

La norma -que pretendía prohibir la venta de bebidas alcohólicas desde las 23 hasta las 8 en los quioscos solamente-constaba de 4 artículos, de los cuales sólo fue convalidado el primero (que se refería a los horarios de venta). Cuando se discutió el segundo artículo, no se logró acuerdo y se dejó de lado. «No habrá ley seca. Hay mucho desacuerdo, y no veo por ahora consenso. Muchos legisladores que la apoyaron se dieron vuelta, y la ley entró en riesgo», dijo Fernando Caeiro, diputado porteño de Unión por Todos, que impulsó la medida.

• Maratones

La polémica sobrevino durante el tratamiento de las sanciones que correspondían a quienes vendieran alcohol fuera del horario previsto. «Un problema que se vio fue el de los boliches. La ley permite en los locales bailables la venta de alcohol y en los boliches hacen maratones con menores, donde se toma sin restricción», entendió Atilio Alimena (Partido Demócrata). Además, se incluyó entre las críticas la falta de una campaña de concientización previa a la población.

Otro impulsor de la ley seca, Jorge Enriquez, indicó que «el gran problema es la necesidad de que sean incluidos dentro de la prohibición horaria los lugares públicos como plazas, paseos o parques», y agregó que «se presentarán otras propuestas sobre este tema, más completas en breve».

Al jefe porteño, Aníbal Ibarra, se le dio vuelta ayer uno de los puntos que junto con el gobernador bonaerense, Felipe Solá, pensaban articular en el «plan Kirchner» de seguridad. Pero Solá todavía ostenta su proyecto de controlar y registrar la venta de alcohol mediante la Policía y un registro (proyecto más ambicioso que el de Capital, que confiaba en que las denuncias de los vecinos iban a servir para que el alcohol se vendiera sólo en los horarios permitidos).

«Se va a empezar a tratar para Capital la posible creación de un registro y una licencia que habilite la venta de bebidas alcohólicas», indicó Alimena, quien impulsa el proyecto
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Aunque no hay ley seca, quedaron efectos del gran anuncio oficial que se realizó sobre la prohibición de venta en determinados horarios. Algunos quioscos y almacenes muestran colgados carteles con la restricción horaria todavía, aunque, curiosamente, nunca rigió la norma.

«El tratamiento de la ley seca quedó indeterminado. El artículo que se aprobó fue con 18 sobre 17 votos. Después, se logró salvarla y quedó para tratar en algún momento y no será cercano», anticipó Caeiro. La ley seca hubiera servido para controlar la venta indiscriminada de alcohol hoy en la Ciudad. Tenía algunas falencias gruesas, entre ellas, el control vecinal.

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