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La Justicia cerró por demencia proceso en contra de Pinochet
La Corte de Apelaciones de Santiago terminó ayer con el principal proceso entablado contra Augusto Pinochet, el que se le seguía por los 75 fusilamientos de la llamada “caravana de la muerte”. La decisión es, en rigor, una suspensión del proceso, fundamentada en la demencia alegada por el ex hombre fuerte de Chile, pero en los hechos equivale a un sobreseimiento. En medio de un fuerte revuelo, el presidente Ricardo Lagos debió enfrentar las acusaciones de los frustrados querellantes, aclarando que no hubo interferencias políticas en el caso y llamando a respetar los fallos judiciales. Mientras, la Iglesia hizo un llamado al perdón y a la reconciliación de los chilenos.
Augusto Pinochet.
De todos modos, «estamos estudiando una queja», informó el abogado Eduardo Contreras, miembro del equipo de juristas que impulsaron el proceso. El recurso de queja, que podría ser presentado el jueves ante la Corte Suprema, señalaría que no era el momento de suspender el proceso, porque existen diligencias pendientes en el caso de la «caravana de la muerte».
«En el fondo, es un sobreseimiento definitivo, con lo cual, además, se impide que haya recursos de casación y se pueda llegar hasta la Corte Suprema», dijo el abogado, Juan Bustos. Mientras los acusadores recibieron la sentencia con gran decepción, la familia y los allegados de Pinochet celebraron la resolución que permitió, luego de años de tensión, al ex dictador escapar por segunda vez de una eventual condena.
Al margen de los últimos pasos en la Corte, según fuentes oficiales Pinochet ya no podrá volver a ocupar su asiento como senador vitalicio, porque eso lo pondría en contradicción con las «razones de salud» que motivaron el sobreseimiento.
Querellas
Además del caso de la «caravana», el juez Juan Guzmán Tapia tiene en sus manos más de 250 querellas presentadas contra el ex dictador, por familiares de las 3.000 víctimas que dejó su régimen entre 1973 y 1990. En ellas se cifran las esperanzas de los querellantes para seguir con su ofensiva legal, aunque el fallo de ayer parece un precedente definitivo.
«Tenemos derecho a pedir su procesamiento por otros casos», advirtió Contreras, en alusión a esas otras denuncias, junto con afirmar que «en el panorama se avizoran nuevas contiendas jurídicas».
El ex dictador, que hace pocos días padeció de una afección bucal que lo mantuvo hospitalizado, estaba procesado como encubridor de los 75 asesinatos y secuestros que ejecutó la «caravana militar» en cinco ciudades del país en octubre de 1973, al mes siguiente del golpe que lo instaló en el poder por 17 años.
En marzo de 2000 Pinochet retornó a Chile tras 16 meses de arresto en Londres, luego de que el gobierno británico decidió, por razones de salud, no cursar su extradición a España, donde el juez Baltasar Garzón pretendía juzgarlo por genocidio.
Los abogados del octogenario militar insistieron, desde su retorno al país, en que su débil estado físico y mental no le permitiría resistir un largo juicio y, mucho menos, una condena.
El viernes en la noche Pinochet abandonó el Hospital Militar, donde había permanecido internado, y en la madrugada del sábado se desencadenó una ola de rumores referentes a que estaría al borde de la muerte. Familiares del ex dictador desestimaron esas versiones, pero insistieron en que su salud sufre un deterioro irreversible. Los querellantes, en cambio, denunciaron que las especulaciones sobre que Pinochet se encuentre en peligro de muerte fueron un mero montaje para justificar su sobreseimiento.
«Todo el mundo sabe que el show que se montó el fin de se-mana respecto de la supuesta gravedad de Pinochet tenía por objeto de alguna manera justificar el fallo de hoy día», dijo la abogada acusadora Carmen Hertz.

