10 de julio 2001 - 00:00

La Justicia cerró por demencia proceso en contra de Pinochet

La Corte de Apelaciones de Santiago terminó ayer con el principal proceso entablado contra Augusto Pinochet, el que se le seguía por los 75 fusilamientos de la llamada “caravana de la muerte”. La decisión es, en rigor, una suspensión del proceso, fundamentada en la demencia alegada por el ex hombre fuerte de Chile, pero en los hechos equivale a un sobreseimiento. En medio de un fuerte revuelo, el presidente Ricardo Lagos debió enfrentar las acusaciones de los frustrados querellantes, aclarando que no hubo interferencias políticas en el caso y llamando a respetar los fallos judiciales. Mientras, la Iglesia hizo un llamado al perdón y a la reconciliación de los chilenos.

Augusto Pinochet.
Augusto Pinochet.
Santiago (Reuters, AFP) -La Corte de Apelaciones de Santiago cerró ayer el controvertido juicio contra el ex presidente de facto Augusto Pinochet por crímenes durante su régimen, tras declarar su sobreseimiento por demencia, la única razón que admite la Justicia chilena para finalizar un proceso. «Se precisa que respecto de dicho inculpado (Pinochet) queda suspendido el procedimiento y la realización de los trámites que se hallaren pendientes», dijo el fallo.

Por dos votos a favor y uno en contra, la Sala Sexta de la Corte de Apelaciones decidió el sobreseimiento temporal de la causa contra el ex dictador. El tribunal aplicó el artículo 409 del Código de Procedimiento Penal que establece que «se dará lugar al sobreseimiento temporal cuando el procesado caiga en demencia o locura y mientras ésta dure».

La Sala concluyó que «Pinochet no se encuentra en una condición de capacidad mental que le permita ejercer con eficacia los derechos que le otorgan las garantías judiciales de las que debe gozar en todas las etapas del procedimiento».

Demencia moderada

Aunque el archivo no es definitivo, es altamente improbable que se den las condiciones para revertir la situación judicial de Pinochet, dado que la decisión fue adoptada en razón del deterioro de la salud del octogenario general. Según los exámenes médicos practicados en enero pasado por peritos del Servicio Médico Legal, Pinochet padece de «demencia vascular subcortical de leve a moderada».

La decisión del tribunal de alzada no es apelable, por lo que los querellantes sólo pueden presentar un recurso de casación contra la forma, pero no contra el contenido de la resolución. Enajenado o cuerdo, Pinochet está ahora lejos de una posible condena que iba mucho más allá de los casos puntuales que dieron pie al juicio en su contra.

De todos modos, «estamos estudiando una queja», informó el abogado
Eduardo Contreras, miembro del equipo de juristas que impulsaron el proceso. El recurso de queja, que podría ser presentado el jueves ante la Corte Suprema, señalaría que no era el momento de suspender el proceso, porque existen diligencias pendientes en el caso de la «caravana de la muerte».

«En el fondo, es un sobreseimiento definitivo, con lo cual, además, se impide que haya recursos de casación y se pueda llegar hasta la Corte Suprema», dijo el abogado,
Juan Bustos. Mientras los acusadores recibieron la sentencia con gran decepción, la familia y los allegados de Pinochet celebraron la resolución que permitió, luego de años de tensión, al ex dictador escapar por segunda vez de una eventual condena.

Al margen de los últimos pasos en la Corte, según fuentes oficiales Pinochet ya no podrá volver a ocupar su asiento como senador vitalicio, porque eso lo pondría en contradicción con las «razones de salud» que motivaron el sobreseimiento.

Querellas

Además del caso de la «caravana», el juez Juan Guzmán Tapia tiene en sus manos más de 250 querellas presentadas contra el ex dictador, por familiares de las 3.000 víctimas que dejó su régimen entre 1973 y 1990. En ellas se cifran las esperanzas de los querellantes para seguir con su ofensiva legal, aunque el fallo de ayer parece un precedente definitivo.

«Tenemos derecho a pedir su procesamiento por otros casos», advirtió Contreras, en alusión a esas otras denuncias, junto con afirmar que «en el panorama se avizoran nuevas contiendas jurídicas».

El ex dictador, que hace pocos días padeció de una afección bucal que lo mantuvo hospitalizado, estaba procesado como encubridor de los 75 asesinatos y secuestros que ejecutó la «caravana militar» en cinco ciudades del país en octubre de 1973, al mes siguiente del golpe que lo instaló en el poder por 17 años.

En marzo de 2000 Pinochet retornó a Chile tras 16 meses de arresto en Londres, luego de que el gobierno británico decidió, por razones de salud, no cursar su extradición a España, donde el juez
Baltasar Garzón pretendía juzgarlo por genocidio.

Los abogados del octogenario militar insistieron, desde su retorno al país, en que su débil estado físico y mental no le permitiría resistir un largo juicio y, mucho menos, una condena.

El viernes en la noche Pinochet abandonó el Hospital Militar, donde había permanecido internado, y en la madrugada del sábado se desencadenó una ola de rumores referentes a que estaría al borde de la muerte. Familiares del ex dictador desestimaron esas versiones, pero insistieron en que su salud sufre un deterioro irreversible. Los querellantes, en cambio, denunciaron que las especulaciones sobre que Pinochet se encuentre en peligro de muerte fueron un mero montaje para justificar su sobreseimiento.

«Todo el mundo sabe que el show que se montó el fin de se-mana respecto de la supuesta gravedad de Pinochet tenía por objeto de alguna manera justificar el fallo de hoy día», dijo la abogada acusadora
Carmen Hertz.