20 de febrero 2001 - 00:00

Más profundidad para no devaluar

La restricción cambiaria nos obliga a hacer un permanente «benchmarking» entre la productividad media global de la Argentina y su relación con el salario medio de los argentinos y la productividad media global de Estados Unidos y su relación con el salario medio de los americanos. El ingreso per cápita americano fue de 30.600 dólares en 1999, cuatro veces más que los 7.600 dólares de la Argentina. No existe un estudio de productividad sectorial y global comparada de los Estados Unidos respecto de la Argentina. En 1994 la consultora McKinsey hizo una investigación comparada de productividad laboral de países latinoamericanos (la Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela) respecto de Estados Unidos.
El análisis incluía sectores de servicios y bienes transables (acero, industria alimentaria, banca comercial, telecomunicaciones). El informe concluía que la productividad argentina, según el sector, era entre dos y cinco veces inferior a la americana. La productividad argentina con datos de 1992 era de 30% de la productividad americana en la industria del acero, 52% en la industria alimentaria, 19% en la banca minorista y 55% en las telecomunicaciones. En esa misma época se estableció que el salario promedio en los cuatro sectores analizados era de 37.139 dólares en Estados Unidos y de 14.750 dólares en la Argentina. Desde entonces la productividad americana ha mantenido un ritmo de crecimiento constante y la Argentina se ha estancado. También es cierto que la tasa de salario promedio del sector privado en la Argentina ha disminuido. ¿Cuál es la situación hoy? No hay un diagnóstico actualizado que nos oriente. Este es el capítulo liminar de un plan de crecimiento basado en las inversiones, la productividad y los nuevos negocios.

Podríamos especular que si la productividad global alcanzara 50% de la americana en los próximos diez años, el ingreso per cápita promedio de los argentinos (usado como referencia de la tasa promedio de salarios) podría duplicarse (de 7.500 a 15.200), conviviendo con la convertibilidad de un peso por dólar. Incluso podría pensarse en flexibilizar la política cambiaria vigente revaluando el tipo de cambio.

Si el tipo de cambio refleja en el largo plazo la productividad media global del país y su relación con el salario medio, quiere decir que la Argentina con esfuerzos sistemáticos dirigidos a aumentar la productividad global puede recuperar la flexibilidad cambiaria sin necesidad de devaluar el tipo de cambio nominal. También puede acordar en el mediano plazo la convergencia a una moneda común con sus socios comerciales de la unión aduanera. «Contrario sensu», si la productividad no crece habrá que ajustar salarios nominales o flexibilizar la política cambiaria. No hay opciones: para sostener el sistema cambiario y crecer debe aumentar la productividad global sistemáticamente. Un 6% por año si queremos duplicar la riqueza en una década. ¿Qué metas de productividad nos hemos propuesto para la próxima década?

Cuando hablamos de productividad global nos referimos a la productividad del sector público y la productividad del sector privado, de los sectores de bienes transables y de los sectores de servicio. Es cierto que los sectores que tienen más productividad desplazan mano de obra que es incorporada por otros sectores de menor productividad. Mientras la productividad global crece, mejoran los salarios reales promedios y crece el empleo en los sectores de fuerte expansión y en los sectores de baja productividad, con beneficios para todos. Los policías y los enfermeros son mejor remunerados en aquellos países donde el resto de los sectores tiene altos índices de productividad.

En la Argentina hay sectores de bienes transables que han experimentado un gran incremento de productividad en los últimos años y desplazado mano de obra que hoy está desocupada, que integra la plantilla del sector público subnacional (provincias, municipios), o que ha encontrado ubicación en el sector servicios. Uno de los problemas de la Argentina con la productividad es que el salario promedio en estos últimos años creció más en el sector público que en el sector privado.

Esto impone una dura carga a los sectores de mayor productividad (vía impuestos y tasa de interés) y dificulta la generalización de un seguro de desempleo (o mejor un seguro de empleo) para alcanzar a los desocupados. A su vez, como también lo demostró el estudio citado de la firma Mckinsey, dentro del sector privado hay sectores de alta productividad que pagan salarios promedio bajos (industria alimentaria) y sectores de baja productividad que pagan salarios promedio relativamente altos (banca minorista). Los pasos conducentes para superar distorsiones constituyen la agenda del plan de productividad.

El plan, en síntesis, está orientado a potenciar las cadenas de valor que compiten en productividad con los estándares exigentes del mundo globalizado. Los nuevos negocios hay que promoverlos en aquellos sectores cuya productividad (teniendo en cuenta la tasa de salario promedio) permite la inserción en el mercado regional y mundial. Las cadenas de negocios de estos sectores posibilitan el desarrollo de ventajas competitivas. No se trata de «elegir» con el dedo burocrático las cadenas de mayor productividad. Se trata, en cambio, de investigar sistemáticamente la productividad comparada de las distintas cadenas de valor productivas y promover a las mejores para que éstas arrastren la productividad global.

La productividad de un determinado sector depende de factores externos, de la naturaleza de la competencia y de las características del proceso productivo de sus bienes y/o servicios. Los factores externos incluyen condiciones de mercado (demanda, precio y disponibilidad de insumos, influencia de otras industrias) y el marco normativo-institucional (barreras de importación, reglas de competencia, normas laborales y sindicales, presencia de actores públicos, política tributaria, etc.) La naturaleza de la competencia está relacionada con la estructura del mercado y su desafiabilidad. En todos estos temas hay gran responsabilidad de las políticas públicas. El proceso productivo involucra la calidad y variedad de los productos y temas asociados a los factores de producción (intensidad de capital, obsolescencia, tecnología, escala de producción entrenamiento del personal y organización de los recursos). Aquí predomina la responsabilidad del management. Hay ámbitos de interacción, complementación y sinergia en aras del objetivo de productividad.

Las cadenas de valor que figuran en el «cuadro de honor» de la productividad son candidatos naturales a la expansión productiva a nuevos mercados y al consiguiente desarrollo de nuevos negocios. Deben ser promovidas y apoyadas para potenciar su atractivo y maximizar inversiones. Deben ser las «locomotoras» de la reactivación productiva global.

El Plan de Productividad debe incluir, finalmente, una serie de propuestas de reforma institucional y un capítulo especial dedicado a la productividad del sector público.

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