18 de junio 2002 - 00:00

Naves argentinas al Caribe a luchar contra Al Qaeda

"Deberemos reconstruir la relación económica pero la política tenemos que ejercitarla de manera permanente." La frase de Marc Grossman, encargado de Asuntos Políticos de Colin Powell, animará las reuniones del Grupo de Trabajo Bilateral Argentina-Estados Unidos sobre Defensa que sesionará a partir de mañana y por tres días en el edificio Libertador, sede el Ministerio de Defensa. Roger Pardo Maurer, subsecretario Adjunto de Defensa, cargo político de mayor rango en el Departamento de Defensa estadounidense con responsabilidad en asuntos hemisféricos, y John Merrill, director de Asuntos Hemisféricos, quieren una prueba de adhesión de la administración argentina a los deberes que impone la alianza militar con la potencia global. Dos temas, al margen de la agenda pública, son de interés estratégico para los emisarios del secretario Donald Rumsfeld y requerirán decisiones del gobierno: la participación de un buque de la Armada Argentina en la fuerza multinacional del Caribe integrada por Holanda, Gran Bretaña y Francia, cuya misión es el control de rutas de aprovisionamiento, tráfico de drogas y armas utilizadas por grupos de terrorismo afines a Al-Qaeda y, además, la presencia de otra nave de guerra en maniobras navales bilaterales -operación Solid Step- junto al grupo de batalla norteamericano desplegado en el Mediterráneo prevista para 2004. El Grupo Bilateral es un foro que se inauguró en 1995 en Washington y su objetivo es institucionalizar la relación de defensa y dotarla de un canal de comunicación fluido con la presencia de altos funcionarios de cada misterio.

Hoy, a las 19, en el Círculo Militar de la Fuerza Aérea, se darán por iniciadas las conversaciones con un cóctel de bienvenida a la delegación norteamericana ofrecido por Horacio Jaunarena. Los temas sensibles que traen los funcionarios norteamericanos son conocidos para el secretario de Asuntos Militares, Fernando Maurette, anfitrión y responsable de la delegación argentina, quien impulsa un proyecto de ley -quid pro quo-para que el Congreso autorice por única vez y para siempre la entrada de tropas extranjeras aliadas (EE.UU.) sujetas a ejercitaciones de rutina con las FF.AA. del país, así como también la salida de las propias a terceros países. La legislación languidece en la Jefatura de Gabinete. Carlos Ruckauf había comentado la presencia naval en el Caribe con el secretario del Departamento de Estado, Colin Powell, en la cumbre de la OEA. Tras su regreso de la cumbre americana, Ruckauf reunió en un almuerzo en la Cancillería a su otrora gabinete provincial: Juan Alvarez, Jorge Sarghini, Aníbal Fernández, Julián Domínguez y Eduardo Amadeo y sinceró que el único momento que captó la atención de Powell, ex general de cuatro estrellas, protagonista de la recuperación militar de Kuwait fue cuando habló de Cachemira, del terrorismo internacional y la cooperación naval en el escenario caribeño.

• Sondeo

La diplomacia norteamericana sondeó hace ya dos meses al embajador en Washington, Diego Guelar, quien trasladó la iniciativa a los mandos navales y a su jefe en el Palacio San Martín. En Buenos Aires, James Walsh recibió la confirmación de la Armada de participar con un destructor tan pronto como el gobierno nacional dé luz verde para el operativo. Una recomendación estricta bajó por canales castrenses de EE.UU. para que no hubiera dudas de interpretación habituales en la política argentina: los costos de la operación naval en el Caribe correrían por cuenta de EE.UU. pero no significan una ayuda a la Argentina en momentos en que se negocia con el FMI. Es que algunos colaboradores de Eduardo Duhalde -con memoria menemista-insisten en la idea errónea de que los gestos de alineamiento son vinculantes con la asistencia del FMI. En todo caso esto funcionó así en la gestión de Carlos Menem, quien inició su política de alianza con EE.UU. enviando un buque de la Armada al conflicto del Golfo Pérsico.

Para EE.UU. la fuerza multinacional del Caribe es parte de la planificación de seguridad hemisférica en la guerra contra el terrorismo a punto tal que la marina de Brasil también fue consultada para formar parte del despliegue naval.

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