8 de noviembre 2000 - 00:00

Se perfila ya un gobierno con un poder recortado

Washington - Qué pena por el ganador.Ya sea que el republicanoGeorge W. Bush sea confirmado como el próximo presidente de Estados Unidos, oque el demócrata Al Gore de algún modo obtenga la victoria, el vencedorbrindará con lo que pronto se convertirá en un cáliz envenenado.

Bush, gobernador del estado de Texas, sería el primer presidente desdelas elecciones de 1888 en asumir sin ganar el voto popular. Los republicanosmantendrán el control del Congreso, pero con una endeble mayoría en ambasCámaras.

«Bush podría llegar maltrecho en términos de mandato y ha hechoextravagantes promesas que le será imposible mantener. Quienquiera que vengatendrá que buscar conciliación si quiere lograr cualquier cosa», opinó elpolitólogo David Birdsell, del Baruch College.

 

Menos dinero

 

Bush prometió a cada estadounidense una reducción de impuestos. Supaquete completo costaría 583.000 millones de dólares en los próximos cincoaños, y el doble en diez.

Pero el Congreso saliente ya gastó 1.000 millones de dólares en nuevosprogramas, lo que significa que hay menos dinero para el nuevo presidente.

El saliente presidente Bill Clinton asumió con un gran control desu partido en 1992. Cuando fracasó en alcanzar algunas de sus grandes metas enlos primeros dos años de gobierno, los votantes castigaron a los demócratas enlas elecciones a mitad de mandato y le entregaron las dos Cámaras a losrepublicanos. La tentación para los demócratas en 2001 podría ser bloquear aBush y esperar su redención en las de medio mandato de 2002, cuando el partidotendría una excelente oportunidad de recuperar el control del Congreso.

En tanto, si Gore toma el poder podría encontrarse con una situación aúnpeor.

Durante su campaña, Bush puso énfasis en su voluntad para cruzar laslíneas partidarias y forjar alianzas para lograr las cosas. Gore realizó unacampaña mucho más aguda y partidista, y posiblemente encontraría pocos sociosen las filas republicanas.

 

Manchado

 

Los republicanos perciben al actual vicepresidente como fatalmentemanchado por los escándalos de la administración Clinton y estarían pocoinclinados a aflojarle la soga. «Claramente Bush tiene que cumplir sus promesasde trabajar con los demócratas. El crecimiento del gobierno y el compromisoconstante estarán a la orden del día», afirmó el politólogo Steven Wayne,de la Universidad de Georgetown.

«Esto muestra realmente que el país está dividido. Hay consenso en losproblemas pero no en las soluciones», añadió.

Además para el nuevo presidente está latente el siempre presente peligrode una recesión, que el país no ha experimentado durante casi 10 años.

«Si asumimos que una recesión es casi inevitable alguna vez en lospróximos cuatro años, ¿qué pasa entonces? El país se ha acostumbrado a la faltacasi total de desempleo. ¿Qué pasará si los negocios comienzan a cerrar y adespedir a los trabajadores?», se pregunta Birdsell.

Sin dudas, el nuevo presidente, sea Bush o Gore, será saludado conpromesas de cooperación más allá de las fronteras partidistas cuando finalmenteasuma en enero. Pero esas promesas a menu-do son efímeras en la envenenadaatmósfera de Washington, donde la política es un deporte sangriento, ahora másque nunca.

 

Dejá tu comentario