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Venden juveniles y pierde el fútbol
Además, se debe contemplar la posibilidad, si las circunstancias así lo recomiendan, que dos clubes (que estén uno cerca del otro) ocupen un sólo estadio y compartan los gastos de su mantenimiento.
La partida de estas figuras no sólo empareja hacia abajo el nivel del fútbol local, sino que hasta los valores finales de esas transferencias no alcanzan a satisfacer las pretensiones de los dirigentes argentinos.
Por Aimar y Saviola, River pedía el año pasado 60 millones de dólares. Unos meses atrás, por el mediocampista solamente, los dirigentes bajaron su cotización y pidieron 25 millones. Sin embargo, hubo que conformarse en venderlo al Valencia por 15.340.00 limpios.
Las comparaciones son siempre odiosas en todo ámbito de la vida. Pero cómo puede entenderse que el portugués Figo, con 28 años, haya sido transferido del Barcelona al Real Madrid en más de 60 millones de dólares; cómo puede explicarse que Walter Samuel, teniendo sólo un año más que Aimar y siendo defensor, haya pasado la temporada anterior a la Roma en alrededor de 20 millones.
Economías pobres
¿No será que este fútbol argentino necesita promocionarse más en Europa, para no regalar a sus figuras? En una época no muy lejana, los jugadores eran vendidos a equipos de primera línea de las ligas española o italiana. En cambio, en la actualidad, Boca vende a su goleador Martín Palermo y a Gustavo Barros Schelotto al Villarreal, una modesta institución que hace dos temporadas milita en la primiera división de España. Además, el defensor Jorge Bermúdez está a un paso de ser cedido al Beksitas de Turquía.
Juan Pablo Angel, el delantero colombiano que se consagró campeón en los torneos argentinos y en la Libertadores con River, fue vendido a Inglaterra y Diego Placente, al Bayer Leverkusen de Alemania. Sin bien da la sensación de que se abrieron otros mercados para los futbolistas, es también alarmante que los principales clubes de las dos ligas más importantes de Europa, como la italiana y la española, ya no contraten directamente en los últimos meses a jugadores argentinos.
Hay directivos, como Ricardo Grosso, de River, que culpan a los intermediarios de informar a los clubes europeos sobre las urgencias económicas de las instituciones argentinas para hacer los negocios por un monto inferior al real.
De todas formas, habrá que parar la pelota y solucionar cuanto antes cada uno de estos problemas que alejan a la gente de las canchas: la violencia, la desorganización de los campeonatos, la abundancia de partidos, la inseguridad, incomodidad y falta de higiene de los estadios, y la venta de jugadores jóvenes.
De conservarse este cuadro de situación, seguramente la gente le seguirá dando la espalda al espectáculo deportivo más popular de la Argentina.


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