30 de enero 2001 - 00:00

Venden juveniles y pierde el fútbol

Hay que adoptar medidas urgentes y efectivas. De esta forma, el fútbol argentino no puede continuar. Los actos de violencia, la falta de una organización deportiva, la alarmante carencia de seguridad e higiene en los estadios y una exagerada programación de partidos que pretende explotar al fútbol como deporte-negocio en forma indiscriminada, sin medir el hartazgo de la gente, promueven el alejamiento del público a los estadios. Por todo eso, la gente ya no siente la misma ansiedad por ver este juego que, según el presidente de FIFA, Joseph Blatter, tuvo su origen en Egipto, para luego pasar por Grecia, Francia y recién arribar a Inglaterra.

Nadie pretende que en los baños de una cancha, los sanitarios sean de oro, como ocurre en los Emiratos Arabes, o que se asemejen al de un hotel de cinco estrellas. Simplemente lo que exige la «sociedad futbolera» es que estén en condiciones higiénicas aceptables.

Tampoco se puede tolerar ir a un estadio para que, en sus alrededores o en su interior, las personas sean golpeadas para ser robadas. Se necesita que el hincha vea el fútbol sentado en su butaca y que se cumpla la disposición que establece la filmación en las tribunas con el objetivo de reconocer a los vándalos que generan disturbios.

Además, se debe contemplar la posibilidad, si las circunstancias así lo recomiendan, que dos clubes (que estén uno cerca del otro) ocupen un sólo estadio y compartan los gastos de su mantenimiento.

Es hora de terminar con la controversia dirigencial y trasladar la cultura de la civilización hacia las hinchadas, por encima de enconos y añejas rivalidades. De esa forma, ambos clubes ahorrarían dinero y podrían de algún modoutilizar ese recurso para retener a sus figuras. Porque en la Argentina se necesita, además de una solución para esos problemas mencionados, ideas y dirigentes capaces que trabajen para evitar la «huida» de jóvenes figuras.

Ayer se concretó la venta de Pablo Aimar al Valencia y antes habían partido Diego Placente, Walter Samuel, Ariel Ibagaza, Hugo Morales, Aldo Duscher, Fabricio Coloccini, Julio Arca, Lucas Castromán, Aldo Osorio, Lucas Bernardi, Mario Turdó, Cristian Colusso, Facundo Quiroga, Leonardo Franco y Maximiliano Estévez, por nombrar sólo algunos...

Sin embargo, la lista parece no tener fin y en los próximos meses seguirían las ventas de jóvenes jugadores hacia el viejo continente. Trascendió que en junio, cuando venza el préstamo de Esteban Cambiasso en Independiente, dirigentes del Inter comprarían el pase del mediocampista. También Juan Román Riquelme pretende su despegue internacional y ya le dio un plazo a su manager, Juan Marcos Franchi, para que consiga un club en Europa. A esta lista de jugadores deberá agregársele -seguramente- a Javier Saviola, quien ya está en la mira de varias instituciones europeas.

La partida de estas figuras no sólo empareja hacia abajo el nivel del fútbol local, sino que hasta los valores finales de esas transferencias no alcanzan a satisfacer las pretensiones de los dirigentes argentinos.

Por Aimar y Saviola, River pedía el año pasado 60 millones de dólares. Unos meses atrás, por el mediocampista solamente, los dirigentes bajaron su cotización y pidieron 25 millones. Sin embargo, hubo que conformarse en venderlo al Valencia por 15.340.00 limpios.

Las comparaciones son siempre odiosas en todo ámbito de la vida. Pero cómo puede entenderse que el portugués Figo, con 28 años, haya sido transferido del Barcelona al Real Madrid en más de 60 millones de dólares; cómo puede explicarse que Walter Samuel, teniendo sólo un año más que Aimar y siendo defensor, haya pasado la temporada anterior a la Roma en alrededor de 20 millones.

Economías pobres

¿No será que este fútbol argentino necesita promocionarse más en Europa, para no regalar a sus figuras? En una época no muy lejana, los jugadores eran vendidos a equipos de primera línea de las ligas española o italiana. En cambio, en la actualidad, Boca vende a su goleador Martín Palermo y a Gustavo Barros Schelotto al Villarreal, una modesta institución que hace dos temporadas milita en la primiera división de España. Además, el defensor Jorge Bermúdez está a un paso de ser cedido al Beksitas de Turquía.

Juan Pablo Angel, el delantero colombiano que se consagró campeón en los torneos argentinos y en la Libertadores con River, fue vendido a Inglaterra y Diego Placente, al Bayer Leverkusen de Alemania. Sin bien da la sensación de que se abrieron otros mercados para los futbolistas, es también alarmante que los principales clubes de las dos ligas más importantes de Europa, como la italiana y la española, ya no contraten directamente en los últimos meses a jugadores argentinos.

Hay directivos, como Ricardo Grosso, de River, que culpan a los intermediarios de informar a los clubes europeos sobre las urgencias económicas de las instituciones argentinas para hacer los negocios por un monto inferior al real.

De todas formas, habrá que parar la pelota y solucionar cuanto antes cada uno de estos problemas que alejan a la gente de las canchas: la violencia, la desorganización de los campeonatos, la abundancia de partidos, la inseguridad, incomodidad y falta de higiene de los estadios, y la venta de jugadores jóvenes.

De conservarse este cuadro de situación, seguramente la gente le seguirá dando la espalda al espectáculo deportivo más popular de la Argentina.

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