Chile hizo su movida y colocó a Nicolás Eyzaguirre como un candidato de consenso, en el centro entre el brasileño Ilan Goldfajn y Cecilia Todesca Bocco. La argentina, por su parte, está detrás de dos quimeras: que Estados Unidos apoye su candidatura y que México decline la postulación de su crédito, Gerardo Esquivel.
Lo más importante que sucedió en las últimas horas en la carrera para conducir el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es la posición firme del candidato chileno, apoyado por el presidente Gabriel Boric y casi todo el abanico opositor de centroizquierda, de presentarse ante los votantes del directorio de la entidad que el próximo domingo deberán elegir al sucesor del norteamericano Mauricio Claver Carone como un candidato de consenso y de centro. Ayer, luego de haberse reunido con varias personalidades fuertes de Washington, donde se deciden los votos más importantes, el chileno dijo que su postulación es “la única que puede ofrecer capacidad de consenso” y “equidistancia” para representar los “intereses diversos y coyunturales tan difíciles” que aborda actualmente la región; y que su país representa “el promedio de lo que es el conjunto”.
La estrategia de Eyzaguirre es la de colocarse equidistante de la postulación del brasileño Ilan Goldfajn y de Todesca Bocco, algo que podría terminar siendo atractivo para la masa crítica de países donde termina decidiéndose el futuro de la conducción del BID. El candidato chileno, exministro de Economía y Educación de su país y exdirector gerente para el Hemisferio Occidental, se muestra desde ayer en una postura agresiva y políticamente ambiciosa, basada en ocupar el centro de la escena política e ideológica; buscando convertirse en una persona de consenso. Según esta idea, podría ser finalmente el elegido por los Estados Unidos, para que el resto de los países no termine en enojo porque la administración Joe Biden concluya apoyando a Goldfajn, el candidato más de centroderecha y ortodoxo en términos económicos.
Todesca Bocco también hace su movida. A través de intervenciones directas de alta diplomacia bilateral, la Argentina está buscando que Andres Manuel López Obrador tome la decisión política personal de deponer la presencia de Esquivel, cumpliendo una vieja promesa del mexicano de presentar candidaturas conjuntas que representen a ambos países. La teoría de Buenos Aires, es que Todesca tiene más quilates que el candidato azteca, y que por esta situación (por cierto real), debería ser el mexicano quién decline su postulación para que la candidatura de la argentina tome fuerza. Por ahora, AMLO no dio señales.
Mientras tanto, toda la artillería de Goldfajn se concentra en que Estados Unidos mantenga el supuesto apoyo a su candidatura; surgido aparentemente de al menos dos reuniones que el actual director gerente para el Hemisferio Occidental mantuvo con David Lipton. Con el funcionario de la secretaría del Tesoro de EE.UU. y hombre de confianza de Janet Yellen, se conocen por el trabajo del ex presidente del Banco Central de Brasil en el FMI, y desarrollaron una aparente buena sintonía profesional. De hecho, ambos hablaron en algunas oportunidades sobre el caso argentino y las negociaciones y puesta en funcionamiento del Facilidades Extendidas actualmente vigente.
Si EE.UU. blanquea este apoyo, la candidatura de Goldfajn tendría el camino casi liberado al contabilizar casi el 41% de los votos. Solo necesitaría el apoyo de los países del resto del Mercosur (Paraguay y Uruguay) y de un puñado de estados centroamericanos y caribeños, que en general siguen la línea norteamericana. Hay un detalle que inquieta y frena el camino triunfal de Goldfajn: Lula aún no se pronunció a su favor, y resultaría difícil que un candidato de un país llegue a la presidencia del BID sin el aval del jefe de Estado electo de su propia nación. Esto a pesar de que obviamente, al ser Jair Bolsonaro quien lo nominó y quien votará el domingo de elecciones, descuenta que Brasil lo votará. El problema es que EE.UU. no lo apoye si no confirma que Lula también lo avala.
Volviendo a Todesca, su principal desventaja es la posición del Gobierno de Alberto Fernández ante los Estados Unidos. A los accionistas mayoritarios del banco no le gustan las declaraciones habituales que llegan desde Buenos Aires, con críticas abiertas y duras (aunque sean reales) sobre el funcionamiento del FMI, el Banco Mundial y el BID.
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