Estar a la altura

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Para sorpresa de propios y extraños, hace unos días el Gobierno publicó el Decreto 883/2020, que pone en vigencia la nueva reglamentación de la Ley N°27.350 sobre el uso medicinal del cannabis y sus derivados (ver desafíos y oportunidades).

La medida abre tres grandes interrogantes: ¿Está la Argentina a la altura de las circunstancias? ¿Están dadas las condiciones para crear un ecosistema emprendedor con articulación público-privada en torno a una industria con enorme potencial? ¿Serán los diferentes Estados (municipales y provinciales) capaces de articular con empresas que quieran instalarse en el territorio nacional luego de un debut muy poco feliz en 2017 durante el gobierno macrista?

Preguntas que hoy no tienen respuestas. Mientras, vemos cómo otros países vecinos como Colombia, Paraguay, Perú o Uruguay, tomaron la iniciativa y apretaron el acelerador a fondo. Hoy, con pocos años en el ruedo, son jugadores de consideración en uno de los mercados de mayor crecimiento potencial que tiene la economía global.

Cualquier marco regulatorio nuevo tiene que ser una invitación abierta a la inversión, a la producción, al desarrollo de un mercado interno, a la generación de puestos de trabajo y a exportar valor agregado al mundo.

Es cierto que el contexto no ayuda. Pero cada crisis trae consigo una gran oportunidad. Y el mercado de cannabis no debiera estar ajeno a esta regla.

Como pendiente, queda la necesidad de asegurar reglas claras y seguridad jurídica. La industria, además de ser regulada, tiene que ser sostenible y atractiva. Todos los países que avanzan en la materia están convocando al capital privado y cualquier propuesta le tiene que asegurar la sostenibilidad del negocio al inversor. El terreno es fértil y es inmenso. Hay muchísimas empresas locales y extranjeras que tienen interés en invertir capital de riesgo. Pero necesitan que el ecosistema los acompañe. Manos a la obra.

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