16 de diciembre 2019 - 00:00

Perspectivas para la economía que viene


Puede haber indicios y antecedentes, pero queda por ver cómo funcionará en la práctica la coalición de Gobierno peronista. Es posible surjan zonas de desencuentro en las medidas políticas por encarar, entre el “ala K” y la más ortodoxa, como quizás también en algunos nombres del gabinete. La situación de 2020 es muy diferente a 2003. Aquel año siguió a un gran ajuste realizado durante el Gobierno de Duhalde. En 2020 la herencia es complicada.

No hay que sobreestimar las expectativas, sino poner los hechos sobre la mesa. En el macrismo se sobreestimaron las expectativas. La intención es salir del escenario recesivo con un paquete de medidas de estímulo. Esa es una apuesta fuerte del nuevo Gobierno para salir de la recesión, aunque el escenario más probable es una caída del PIB de 2% en 2020 por arrastre del 2019.

Las demandas sociales que se intentan atender incluyen aumentos a jubilados, asalariados, AUH, blanqueo laboral, créditos a pymes a tasa de interés real negativa, entre otros varios frentes. Hay poco espacio para subir el gasto público si se quiere alcanzar un mayor superávit fiscal.

El acuerdo de precios puede facilitar cierta desindexación de la economía, pero no es una medida de fondo. Hace falta un programa macro integral de estabilización y crecimiento para que “el auto arranque”, empleando la metáfora del presidente electo. Se pretende debutar con descenso de tasa de interés, estímulo a los ingresos, dólar estable y arreglo de la deuda. Queda por ver si esto brindará confianza a los agentes económicos que toman decisiones de inversión.

Es muy probable que las tarifas estén contenidas a partir de 2020, y seguramente se incrementen las retenciones. Esto constituye un clásico pedido del Fondo. La ´contraindicación´ es que perjudica a la fuente de ingreso de dólares, la cual es tan relevante a mediano plazo para la solvencia externa.

Es necesario arreglar el tema deuda para reactivar el canal de crédito. YPF, por citar un caso de relevancia, precisa tomar deuda para impulsar los proyectos de la empresa en Vaca Muerta. La deuda sin un planteo de solución estructural frena el crecimiento. Esto la convierte en la primera prioridad a afrontar.

Está abierto el esquema que se utilizará para reestructurar la deuda pública. La deuda neta, sacando la porción intra sector público, está en 50% del PIB. Se trata más de un tema de liquidez que de solvencia. El 20% de la deuda vence en 2020. Un programa de facilidades extendidas del Fondo permitiría extender los plazos de 4 a 10 años.

Vencen 13.000 millones de dólares en los primeros 5 meses del año y 16.000 millones de dólares en pesos en el mismo período. Estas cifras se incrementaron debido al reperfilamiento que realizó el Gobierno bajo la conducción de Lacunza.

Para negociar la deuda se exige ajuste fiscal, pero el camino de mayor presión tributaria puede ahogar el crecimiento, y si no crecemos es complicado salir de la trampa de la deuda. Con ciertas medidas recientes, hay riesgo de descenso en la recaudación fiscal. Si se incrementan los impuestos en 2020 no es para gastarlos sino para alcanzar superávit primario.

La desdolarización no se puede concretar por decreto de modo voluntarista, hacen falta muchos años de cuentas fiscales en orden con baja inflación, para lograr el final de bimonetarismo tan perjudicial para la economía.

El proceso de atesoramiento de dólares siguió durante octubre y se frenó en noviembre por el cepo cambiario, y va a continuar en esa tendencia ya que el control de cambios llegó para quedarse. Hay poca demanda de dinero. M3 pasó de 25% del PIB a 15%, el sistema financiero, que sigue estando sólido, implosionó. Con el cepo cambiario no solo se frena la caída de reservas netas que están cerca de los 12.000 millones de dólares. Se enfrentan vencimientos importantes en el primer semestre de 2020.

El Gobierno no va a querer devaluar y esto es un desafío si la inflación erosiona el tipo de cambio real. Estimamos 40% de aumento de los precios para 2020 por arrastre e inercia, y un tipo de cambio que crezca 20%.

En el paquete de “poner dinero en el bolsillo” está implícito el riesgo de emisión monetaria que pueda espiralizar la inflación. Hay poco margen para una “luna de miel” de consumo con ilusión monetaria.

Lo genuino es crecer en base a mayor productividad y competitividad. Hay que fortalecer al Mercosur y acceder a las demandas de Brasil por un arancel externo común más acotado. Esperemos que Brasil crezca más en 2020. Tiene déficit gemelos complicados y puede seguir devaluando.

En definitiva, la evolución económica en 2020 depende si prevalece una línea más pragmática proclive a una negociación amistosa con el Fondo Monetario y con los bonistas privados, o un enfoque más discrecional de enfrentamiento con estos actores y mayor grado de intervención en los mercados.

Es un año muy complejo para pronosticar, con muchos interrogantes. En nuestro análisis, continúa la recesión y la inflación, con un pronóstico donde recién en 2021 se podría quebrar la racha recesiva.

(*) IAE Universidad Austral

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