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Charlas de quincho
Varios cumpleaños y una reunión empresaria en Mar del Plata acapararon la concurrencia a quinchos esta semana. Un tradicional reducto del Bajo Flores reunió a dos de esos onomásticos; allí hubo datos del «misterio oriental» del gobierno, datos bursátiles, y hasta un ex presidente se permitió envidiar la fortuna del actual. Otra fiesta por igual motivo, en cambio, fue casi el pretexto para el relanzamiento de un partido de tradición familiar. En Mar del Plata, además de hablar de golf, los empresarios desgranaron una extensa lista de quejas, rumores, chismes y especulaciones sobre el futuro. Veamos.
Ignacio Gutiérrez Zaldívar y Juan Carlos Bagó compartieron el festejo de sus cumpleaños. Los acompañaron -entre muchos otros- Fernando de la Rúa y Félix Luna. El ex presidente no ocultó su envidia por la suerte de Néstor Kirchner.(arriba) El jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, presentó en sociedad a su nueva pareja. Se llama Muriel Balbi y es cordobesa. Fue en el casamiento del secretario Roberto Feletti -en la foto, con su flamante esposa- que formalizó luego de 12 años y dos hijos.(abajo)
Festejaban dos devotos de la crianza y las carreras, el empresario farmacéutico Juan Carlos Bagó y el galerista Ignacio Gutiérrez Zaldívar, uno con torta de crema, el otro con una de chocolate. Lugar: la catedral de la gastronomía casera, el quincho de los Guerrieri en el Bajo Flores, ese cuarto de manzana con piscina, bodega y bar, cuadros y ornamentos, en exclusivo reservado para juntar amigos (casi siempre sólo hombres, como en los viejos buenos tiempos), en esta ocasión con tres arroces distintos de plato principal: con langostinos, con hongos y con verduras. Y en la mesa de los festejantes, por lo menos dos famosos de escasa habitualidad social: Fernando de la Rúa y Eduardo Menem. Más otros 150 invitados que empezaron con empanadas y una picada gigantesca. Estaban Bernardo Neustadt, el embajador uruguayo Alberto Volonté Berro, Bruno Quintana del Jockey Club, el tándem Carlos Avila-Luis Nofal, Jorge González Galé, Alejandro Roemmers, Fernando Santamarina, los pintores Claudio Rikelme y Juan Lascano, y varios jockeys fileteadores encabezados por Jorge Valdivieso.
Se habló bien de los dominicos, de la restaurada basílica cordobesa, de Santo Tomás, también del fundador de la orden Domingo de Guzmán, aunque en estas charlas siempre aparece algún apóstata y empezó con el brutal rol de los dominicos en tiempos de la Inquisición, de cómo exterminaron a los cátaros y de que, no en balde, en el origen del nombre (cane, can) hay un contenido de rabiosa defensa de la Iglesia Católica. No había tiempo ni espacio para discusiones de fe, circulaban alcoholes transparentes como el champagne y oscuros tintos, el ánimo de pelea se disipó cuando alguien pidió la sal, justamente un símbolo de la gresca. Por supuesto, no quiso el salero en la mano -ya que eso presuntamente significa confrontación-, todos se rieron por la popular costumbre de aceptar situaciones sin saber causas ni razones, hasta que un especialista en pavadas de las costumbres históricas explicó: la sal, siglos atrás, era moneda de cambio, valía más que el oro y era clave en el poder, generaba conflictos porque al pasar en una venta de un puñado a otro, inevitablemente siempre se perdían granos (plata, obvio) y eso generaba discusión, enfrentamiento.
Posiblemente, se admitía en general, ya que la política no es una ciencia exacta y algunas personas nacen con estrellas y otras estrelladas. Eduardo Menem confesaba que había visitado a su hermano Carlos en Chile, a quien varios peronistas (Maya, Aráoz, Barra) le habían pedido que regresara a la Argentina, de ahí que esta semana habrá presentaciones en lo de los jueces Oyarbide y Urso para destrabar sus complicaciones procesales.
Dirá, si regresa, que lo hace como «prenda de paz», que no piensa en ser candidato y que promoverá un frente opuesto al gobierno que puede incluir hasta a Ricardo López Murphy. Después de las tortas llegó el pan dulce, también un cuarteto de tango, un afiatado cantor y, a las tres de la mañana, uno de los cumpleañeros -que no probó bocado por atender a la gente- terminó embocándose varios sandwiches de lomito en «La Rambla» para culminar con carne la noche.
Inocentemente, como son los hombres del turf, esa otra orden.
Aventura de la que no habla mucho, pero en la que empezó a tejer con paciencia. Por él, por su desafío y por curiosidad (había muchos periodistas), se enrolaron en la celebración Murat Eurnekian y Jorge Neuss, Martín Cabrales, Alejandro Estrada, Teddy García Mansilla y Menéndez Behety en cantidad, así como otros apellidos de la Guía Azul; algún príncipe alemán, Jorge Aufiero y Cristiano Rattazzi, quien como la mayoría apareció con dama de compañía, en este caso una rubia vestida de dorado, pararrayos de miradas ya que la dama debe tener un récord de horas con personal trainer. No faltó Mariano Grondona, gente del partido como Castellani y Manny, el general Julio Hang (quien asombró restándole importancia al intruso «descubierto» en Olivos: «Por año se detectan entre cuatro y cinco de estas incursiones en la quinta presidencial), el ex ministro Roque Fernández, el senador Pedro Salvatori y hasta dos peronistas del mismo nombre (Jorge), el ex ministro Domínguez y el ex embajador Asís (quien, burlándose de sí mismo, le decía al cumpleañero: «Con Murat somos la aristocracia oriental en esta fiesta y con Domínguez somos la fracción imprescindible del peronismo para tu candidatura»).
Una santa mujer, en la casa, hizo sin cobrar horas extras unas entradas con bocaditos poco comunes (croquetas de arroz sazonado para mojar en una suerte de mayonesa, delicadeces con ciervo y una fondue presunta de queso que algunos periodistas de barrio, naturalmente, calificaron como provoleta); siguió un pollo con ensalada fría y se cerró con dos tortas (una de ellas, un omelette surprise). Pereyra de Olazábal hablaba del menú como si él fuera Bocuse. Político al fin, la meritoria cocinera era una votante más del sistema electoral. Como no hubo baile, terminó más temprano de lo que muchos hubiesen deseado, unos porque regresaban con sus esposas, otros porque los esperaban sus esposas y Rattazzi, en el medio, porque debía entrenarse -se supone- para enfrentar a esa blonda de gimnasio que hasta parecía saber karate como Uma Thurman en los films de Tarantino.
Más precisión, en cambio, hubo sobre gestores posibles o imaginarios: 1) se hablaba de un hombre de extrema confianza de Néstor Kirchner, Ricardo Jaime ( secretario de Transportes), como el último funcionario encargado de tramitar las negociaciones (aunque otros lo devaluaban y sostenían que sólo había viajado para comprar, por adjudicación directa, material ferroviario asiático); 2) se le atribuía a un intermediario portugués, quien ya hizo triangulaciones con Venezuela, parte de la hechura de los nuevos aunque limitados convenios económicos. Se le abalanzaron, para conocer verdad y nombre, al embajador de Portugal, Alberto De Almeida, que estaba en el cumpleaños: diplomático, el caballero guardó silencio como si conociera mejor que nadie un romance prohibido (aunque un pícaro obtuvo una novedad: el mediador tiene el mismo apellido de un jugador de Boca que fue transferido a Europa hace poco tiempo). Lo mejor, sin embargo, fue el añadido de un vecino de Belgrano R: éste señaló que hace tiempo, en un mismo edificio de la zona, vive más de medio centenar de nuevos funcionarios chinos de la embajada, gente discreta que habla bien castellano y con edades no superiores a los 40, sin compañía femenina, aunque se procuran asistentes de esa nacionalidad los fines de semana.
• Cena de los bancarios, de los 80 años del gremio, con Juan José Zanola como bastonero y, en el medio de los 10 mil invitados en la Rural, algunos conocidos como Daniel Scioli, Carlos Tomada, Guillermo Nielsen, Aníbal Ibarra y otros desconocidos de siempre, como el asesor presidencial, Carlos Kunkel, el mismo que se burló de Eduardo Duhalde y ahora lo persigue con elogios para que el zar bonaerense lo incluya en la lista de diputados. El vicepresidente lamentaba no haber podido concurrir al entierro de la madre de Francisco de Narváez (sólo se vio a Miguel Angel Broda y a Ramón Puerta), multimillonaria que les dejó a sus hijos, ya bastante forrados, unos 500 millones de dólares y advertía que, la noche anterior, había compartido cena con el embajador de China y que éste no parecía saber nada del anuncio financiero con ese país. «Me parece que sabe lo mismo que yo, nada», susurraba con cara de poker. Más tiempo dedicó, en cambio, a recordar el homenaje que el Senado a su cargo le brindó al especialista en ojos, Roberto Zaldívar, mendocino que devolvió a la normalidad a miles de miopes. Señalaba: «Nunca imaginé tan extensa la lista de operados por Zaldívar».
• Más conmoción provocó el intendente Ibarra: la noche anterior presentó en sociedad a su nueva novia (en el casamiento de Roberto Feletti), Muriel Balbi, una licenciada en comunicación social de origen cordobés que habla tres idiomas y se ha perfeccionado en Alemania. Nadie la observaba por esas dotes. Sienta cabeza Ibarra quizás porque hasta los viajes se le han cortado: a San Pablo no puede volver, ya que el reemplazante de Martha Suplicy, José Serra, no quiere verlo ni pintado. Comentaban en la mesa del casamiento de Feletti (en típico ambiente cubano, en un restorán de San Telmo y con luna de miel en la isla), luego de doce años y dos hijos con la misma mujer. Muchos piensan que Feletti puede integrarse a una lista de diputados porteños el año próximo o candidatearse para suceder a su amigo Ibarra en 2007. Mientras, el nuevo novio público reconocía su disgusto por el mínimo trato que el gobierno le brinda a Luis Juez, su colega cordobés: es que De la Sota le retiró los avales por un crédito, y Juez no logra respaldo oficial para enfrentar esa decisión. Parece que apenas si lo atendieron por teléfono, a pesar de sus gestiones y de otros hombres del progreso titulados amigos de Kirchner.
• Del barrio sur a Mar del Plata. ¿De qué se hablaba entre los empresarios reunidos allí? De golf, claro, el pretexto de IDEA: también de otras peripecias menos divertidas. Por ejemplo:
- de la durísima queja del sindicalista Hugo Moyano contra el poder de Techint dentro del gobierno. Se lo dijo a Kirchner;
- del violento escrache que sufrió Juan Carlos Maqueda en represalia por su penoso fallo contra los ahorristas. Le fracturaron una costilla, hubo que ponerlo en observación en el Diagnóstico y hubo inquietud debido a que hace pocos meses, al magistrado cordobés le aplicaron un stent en el corazón. Curiosos los revoltosos: muchos de ellos también escracharon a los jueces de la Corte que defendían la dolarización;
- de lo subterránea que sigue la batalla entre Kirchner y Duhalde. A los ataques de Felipe Solá contra Chiche Duhalde (luego de salir de la Casa Rosada) se les respondió con votar en contra los superpoderes: para evitar el fracaso en Diputados, los kirchneristas hicieron volver de Estados Unidos a Jorge Argüello y Juan Manuel Urtubey. Papelón de los dos legisladores: habían viajado para ver las elecciones, regresaron el día de las elecciones;
- de las consecuencias del rechazo al embajador Archibaldo Lanús como socio del Club de Armas (consignado por este diario hace una semana). Se comentaba que hubo 20 bolillas negras para impedir su acceso y que más de un socio llamó a los medios para decir que él no votaba en contra de Lanús por su defensa de los derechos humanos. Dio otras explicaciones, menos sustentables.
• No sólo lo mejor es el golf en Mar del Plata -una de las canchas más soberbias y difíciles- en la convocatoria empresaria, sino una clásica invitación de Nancy y Jorge Estrada Mora a ciertos elegidos en su estancia Santa Isabel, la misma que buena parte del siglo pasado albergara a Eduardo Martínez de Hoz y a su esposa brasileña Dulce Liberal, a quien se señalaba como una de las mujeres más bellas de la alta sociedad argentina. Entonces, claro, no había televisión y la competencia era magra. Esta vez fue cena, con atardecer a las 6 frente a la arbolada de cipreses y (según mentas) el cambio obedeció a que el embajador norteamericano, Lino Gutiérrez, al mediodía hablaba en el Sheraton de Mar del Plata. Hubo más invitados, además del representante de George W. Bush en el país: José María Ranero Díaz (Repsol YPF), Simón Boag y Sebastián Sarapura (General Motors), Carlos García (DLJ), Antonio Estrani y Gendre ( Panamericana), Fernando Lascano (Bemberg), Federico Irrganz (Antares), Gustavo Capatti, Jorge Trossero y Enrique Grotz (Ernst & Young), también -como el dueño de casa es amigo de Ricardo López Murphy-Carlos Balter, Hugo Marini y Alberto Natale. Ninguno de los tres consiguió arrancarle al dueño de casa lo que había hablado con Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta en un pequeño mitin en el café del hotel.
• Se conversó de cine, Estrada Mora es productor, y de cómo arrasa en el mundo hispano «Luna de Avellaneda». Pero eso es casi pasado y el hombre, ahora con TV5 de España, se lanza a la mayor aventura sobre la inmigración: se basará en los Alterio, padre e hijo, uno asturiano que huyó a la Argentina luego de la Guerra Civil y, el otro, que huyó a España luego de la última crisis. Del cine a la arquitectura y a una novedad: Roberto Lavagna, a quien le sobra tiempo, quiere convertir al edificio del Correo en el «Palacio de las Comunicaciones», algo parecido a lo que imaginó en su momento Domingo Cavallo y naufragó en el intento. Singular profecía: justo ahora se reestructura la deuda, y Cavallo entonces anunció en el mismo lugar el ingreso de la Argentina al plan Brady. Parece que a Lavagna no lo asustan esos antecedentes.
En rigor, se contaba allí, Lavagna se tentó con el proyecto en el velatorio de la madre de Eduardo Duhalde, cuando al conversar con Jorge Telerman, éste le aconsejó convertir el edificio en un gran centro de exposiciones. Hasta de llamar para el diseño a uno de los maestros contemporáneos de esa disciplina, Ieoh Ming Pei -la moda china ya abruma-, autor de la Pirámide del Louvre, del Bank of China en Hong Kong y de la East Wing National Gallery en Washington. Todo ya parece consagrado: si el jueves, Lavagna hasta desayunó con el pintor argentino Jorge Cánovas, el mismo que introdujo a Pei con Telerman, en la casa de Luis Pico Estrada. Y en esa casa, sólo se habla de cuestiones importantes.
• Sobre el coloquio mismo, durante el asado, al margen de su utilidad -cuestión que nunca se discute-, hubo molestias por el tono oficialista de la convocatoria.
Inclusive, hasta irritaron exposiciones como la de la sindicalista Susana Rueda y otra de Alicia Kirchner, ninguna demasiado sólida y abundantes sólo en críticas al pasado. De ahí que Enrique Pescarmona haya propuesto que, el año próximo, IDEA invite a participar a los piqueteros. Algunos expositores fueron interesantes, y nadie dejó de reparar en lo que disertó el radical Raúl Baglini, siempre brillante, quien expuso sobre el gasto público y la acción de la AFIP (a ésta, en una versión propia del film «Matrix» que proyectó en la pantalla, la comparó con una ametralladora imparable contra los contribuyentes).
Muchos, como siempre, esperaron que fuera Kirchner y, otros, con más razón, aguardaron a quien estaba anunciado:Alberto Fernández. Faltó y, como dijo el intendente Daniel Katz de Mar del Plata: «Yo estoy aquí, hablando de vuelta, en lugar del jefe de Gabinete, y, como decía mi madre, cuando un plato de comida no nos gustaba: Bueno, es lo que hay». Más allá del chiste, más de uno imaginó que Fernández no asistió porque en la Casa Rosada se molestaron con el discurso de Lavagna, quien no sólo piensa en el Palacio de las Comunicaciones, sino -y sobre todo-en sí mismo, razón por la cual los radicales de Raúl Alfonsín y sus socios en Buenos Aires, el duhaldismo, lo imaginan como un hombre de futuro para la conducción del país en 2007. A él no le falta ambición.
• Vamos a terminar con un chiste fino. Una señora, con su hijito de 4 años, están comiendo en un restorán. En un descuido, el chico se mete una moneda en la boca y se atraganta. La madre intenta hacerle escupir la moneda golpeándole la espalda, dándole palmadas en el cuello, sacudiéndolo, sin éxito. El chico ya comienza a dar muestras de asfixia y la madre, desesperada, pide ayuda a los gritos. Un señor se levanta de una mesa cercana, y con pasmosa tranquilidad, sin decir palabra alguna, le baja los pantalones a la criatura, toma sus pequeños testículos, los aprieta con fuerza, y tira hacia abajo violentamente. Automáticamente, el niño -ante el dolor irresistible-escupe la moneda, y el señor, con la misma pasmosa tranquilidad con la que se acercó, regresa a su mesa sin decir palabra. Al rato, la señora, ya tranquilizada, se acerca para agradecerle que haya salvado la vida a su hijo, y le pregunta:
- ¿Usted es médico? - No, señora, no soy médico: soy de la AFIP...
