¿Cuál es el candidato que volvió a quedarse solo tras una nueva separación? ¿La esposa de qué político español llegó a Buenos Aires para inaugurar la Casa de Madrid? ¿Qué empresarios sureños ganan obras y licitaciones casi sin pausa? Las charlas de esta semana estuvieron cargadas de preguntas, muchas de las cuales respondemos aquí. También, para ser justos, esta sección debió soportar el duro embate de un octogenario senador, protagonista habitual e involuntario de estas crónicas. Fue antes de una larga charla de otro candidato y actual mandatario comunal. Hubo también dos fiestas en Uruguay, el festejo por los cien años de un hotel en la Patagonia y hasta una reunión en la Embajada de Brasil en la que un ex funcionario se animó con una teoría reduccionista y simplista del panorama político nacional. Veamos.
Ana Botella, la esposa de José María Aznar, inauguró en Barrio Norte la Casa de Madrid en Buenos Aires, con invitados como Jorge Pereyra de Olazábal y Juan Carlos Blumberg, entre otros. Daniel Scioli y Osvaldo Cornide, titular de la CAME. La gira del vicepresidente por Italia tuvo -dicen-más repercusión que la de Cristina de Kirchner en Francia. Igual, hubo comentarios negativos por la situación de los bonistas de ese país.
No importa el quincho, sí la novedad. Por razones de urgencia política, exagerada atención electoral y consagración manifiesta a mítines y reuniones, Mauricio Macri se ha desgarrado sentimentalmente. Otra vez. Como ya ocurrió con su esposa, ahora parece que también ingresó a su pasado amoroso Malala Groba, una dama más madura --con hijos al menos-que Isabel Menditeguy, menos exuberante que la anterior y con otro tipo de elegancia. Mujer a la que ya había hecho ingresar en su círculo familiar y con la que, en apariencia, observaba una conducta más lineal. Pero, hombre del fútbol, también Macri se ubicó en la enseñanza del filósofo Julio Grondona: «Todo pasa». Y sin la Groba se lo vio en el cumpleaños de Diana Garrahan (en Arguibel, Las Cañitas), también en el cóctel-cena que brindó Ignacio Liprandi, una suerte de colaborador artístico (por la plástica, no por la tele o el cine) que lo acompaña en el partido. La ausencia de su compañera no respondía a problemas de salud, aunque poco pudo indagarse en el candidato porteño: es un ingenieroy el corazón -como los ingenieros-, si lo tiene, está dedicado a Boca. Sólo es de esperar que la separación no sea una sugerencia de su consejero colombiano.
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En lo de Liprandi --departamento de Bustillo, una joya en Marcelo T. de Alvear entre Callao y Rodríguez Peña-, Macri compartió la habitualidad del dueño de casa: invitaciones con escasa comida (esta vez, los convidados debieron conformarse con palitos de apio y zanahoria -eso sí, se podían untar en una cazuela de crema para darles gusto-para ingresar por último a un lacónico platito de arroz con pollo, cerrado con un helado de un kilo a repartir cada 15 personas), miniaturismo gastronómico rodeado con sugestiva escenografía con penes colgando del techo, murales con fotos de actos sexuales (en general homo) y hasta una ventana artificial desde donde se observa a los invitados, los cuales triscan por todos lados porque el departamento carece de mesa para comer y no abundan las sillas. Hay, sí, una mesa de billar, irregular, pero es parte del mobiliario artístico. Las incomodidades, sin embargo, se compensan con otra evidencia: Liprandi es simpático. Y, además, dicen que expertoen arte, ya que del mundo de las finanzas ha pasado al culto de la plástica, mundo al que desea penetrar Macri, hasta ahora sólo inclinado por la rama geométrica de Mc-Intire (siempre ingeniero, obvio). Fue un respiro la minicomida para el candidato, ya que compartió reunión con el polirrubro Roberto Petinatto -otro que ha penetrado en la plástica por intermedio de Karina El Azen, ex Pablo Benedit-, su colaborador postergado Horacio Rodríguez Larreta, Graziella Crivelli y Georgina Aleata, entre otros invitados.
Por lo menos, en el encuentro hubo situaciones desopilantes. Por ejemplo, Bárbara Diez -esposa de Rodríguez Larreta- fue intimada por la Crivelli, quien le recomendó: te veo sola, dale una señal a ese caballero que está sentado, solo, y lo único que hace es comer. Entonces, la Diez la ubicó: «Mirá, ese caballero solo es mi esposo y con él tengo dos hijas.. Le doy señales todos los días». Para salir de ese momento, Bárbara se acomodó con la Aleatta, quien le preguntó por su actividad. «Y, bueno, me dedico al wedding planning, tengo una empresa», respondió la mujer de Rodríguez Larreta. «Ah -comentó la señora-, pero yo te recomendaría que hagas un programa en la tele, tenés estilo y presencia. Mirá, hay uno los viernes a la noche con una chonga que se la pasa de fina. Vos, seguro, le pasás el trapo». Miradas penetrantes otra vez, de acuerdo con la decoración del departamento, y la Diez contestando sin saber si la estaban bromeando o la otra vivía en babia: «Mire, la chonga soy yo, el programa es mío». Después, se fue a arrojar a los brazos de su estoico marido, mientras Macri fingía entender las explicaciones artísticas de su colaborador, quien sueña con ser su futuro secretario de Cultura.
La derecha tiene algo para ofrecer. Al menos, para gente de cierta edad. La esposade José María Aznar, por ejemplo, una Ana Botella con fina estampa, traje claro y peinado al estilo reina Sofía, aterrizada en una elegante vivienda de la calle Libertad, ahora convertida en Casa de Madrid en Buenos Aires (la primera de este tipo en el mundo). A metros de un centro italiano, en la plaza Libertad, con lo cual las dos comunidades más fuertes del país decidieron estar cerca. Inauguración con pocos argentinos, casi nadie de la política -ni siquiera en estos tiempos electorales-, abundancia de gente mayor y con buen pasar, española casi toda, gesto de la visitante que encierra un posible provecho: vino como edil madrileña encargada de políticas migratorias, apunta a los comicios futuros en los que optará por un futuro mejor para sí misma, de teniente alcaldesa (no olvidar que en la Argentina votan unos 16 mil madrileños). Hubo champagne (cava, en verdad), brindis, DVD de la intendenta Esperanza Aguirre, la «credencial sanitaria» -todo español en la Argentina ahora podrá atenderse en los hospitales del Ayuntamiento madrileño- y esfuerzos de Botella para atender a un breve lote localista, de Santiago Soldati a Jorge Pereyra de Olazábal, de Mariano Caucino a Esteban Bullrich, Juan Carlos Blumberg con su eterna carpeta con la foto de su hijo Axel, también Jorge Triaca hijo que promete traer al marido de la dama en junio.
Algo cansada por el viajevenía de Iquitos, Perú, donde propicia un plan de asistencia a los indígenas-, gastó palabras sobre la elegancia masculina de los porteños. Sea la eterna sobriedad de Soldati, quien pasa tan inadvertido que venía de un cóctel con Cristina de Kirchner y recorre una larga historia de acompañamientos al poder, de Alfonsín a Menem, de Duhalde a Fernández Meijide (hasta bailó con ella) explicando su presencia en el lugar como amigo del rey. O la restallante corbata y el pañuelo de Pereyra de Olazábal. La política y el comentario se reservaron para el día siguiente, cuando se encontró con varios de los presentes, más Archibaldo Lanús y Humberto Toledo, todos en busca de semejanzas y diferencias entre Kirchner y José Luis Rodríguez Zapatero.
Hubo reparto de abanicos con los colores de España, una media docena de tunos entonando clavelitos con sus capas y un embajador español, Rafael Estrella, que se escapaba a cualquier pregunta comprometida sobre la situación de las empresas peninsulares en el país. De Endesa, ni hablar. Pero varios interlocutores ya firmaban allí la partida del país, este mismo año. En cambio, con Repsol YPF y las versiones de venta accionaria, el cuadro parecía más estable: no sólo por las declaraciones en contrario de Alberto Fernández, jefe de Gabinete, sino por el recuerdo del propio monarca, Juan Carlos, quien más de una vez le ha susurrado a Kirchner: «Nunca olvides que Repsol es España». O él mismo, tal vez. Aun así, más de uno se preguntaba por las reuniones de un ex político argentino que en Londres, buscando fondos para comprar YPF Repsol, conversó con Friedhelm Eronat. Poca información sobre el personaje, a indagar sobre él apunta la pesquisa. Mientras, algunos no dejaban de asombrarse por el auge de ciertos empresarios del Sur: Lázaro Báez, íntimo de Kirchner, consiguiendo obras públicas de todo tipo -también comprándose la estancia Cóndor, de Luciano Benetton- u otro del mismo círculo, Cristóbal López, quien en sus ratos libres se ha quedado con 10 áreas petroleras en Santa Cruz, no pudo negociar otras en Mendoza ( finalmente, abortaron la licitación por cierto tufillo de escándalo) y, con un vuelto, se hizo cargo de la planta de soda Solvay que tardó 20 años en construirse y al Estado le costó unos 800 millones de dólares. El pobre Estrella, diputado del socialismo, y amante de Joan Manoel Serrat, ni siquiera pretendía escuchar estos diálogos; más bien, prefería presumir de ser sobrino de Fermín Estrella Gutiérrez, aquel académico de los libros con los que se enseñaba en el secundario y al que, en homenaje, en Madrid le acaban de abrir una tasca con su nombre.
Muchos continuaron después en Opera Bay, ese boliche que los miércoles agrupa a una multitud de jóvenes hasta las 5 de la mañana (¿cómo hacen luego para ir a trabajar?, es la pregunta del millón), esta vez menos concurrido pero respondiendo interrogantes con el tráfico de alcohol. ¿A quién acompañará Blumberg, candidato en la provincia de Buenos Aires, como aspirante a la Presidencia? Parece que hará la de Carlos Ruckauf, colgarse de dos o más fórmulas (entonces, Duhalde y Cavallo). Lo que sí parece seguro es que difícilmente cierre algo con Roberto Lavagna: todavía no entiende por qué éste, ostensiblemente, despreció su saludo en una reunión pública. ¿Va Pereyra de Olazábal y la UCeDé con Jorge Telerman? Si en la elección pasada la UCeDé fue con Aníbal Ibarra, ¿cuál es la razón ahora para que no apoye a un candidato más moderado y amplio? Entonces, va.
Quienes gustan confrontar, no dudan: la visita de Daniel Scioli a Italia tuvo más impacto que la de Cristina de Kirchner a Francia. Debe ser porque no intervino la Cancillería o, al menos, lo hizo sin que nadie se diese cuenta. Pero las ventajas de Scioli son lógicas: el senador Pallaro, elegido en la Argentina, fue determinante para que Romano Prodi sea primer ministro. En ese agradecimiento, dicen, está la diferencia. Además, los galos son malhumorados hasta cuando dan las gracias. Aun así, Prodi pronto viajará a la región, visitará Brasil y Chile, no tocará la Argentina. Más o menos como hizo -al mismo tiempo que George Bush- el presidente de Alemania, Horst Köhler, lo que viene a revelar un avanzado aislacionismo. Entre almuerzos y comidas, corridas y entrevistas, a Scioli se le subió la fiebre, también el estrés: tuvo una descompensación, desmayo, o lo que fuese, necesitó una breve asistencia de 5 médicos (entre ellos el que mandó el propio titular del Senado italiano al alojamiento en el Excelsior). Tendrá que atenderse: la campaña bonaerense será dura. Para su rol de víctima -multiplicado por los castigos frecuentes de los Kirchner-, el dato de una dolencia le concede más ventajas. No estaba en los cálculos ese percance, al menos cuando recién llegado fue a comer a Mirabello (carpaccio de tonno, agnelotti de centolla y salmón grillé) con su mujer, Karina, Gerardo Werthein (Telecom) -a quien impunemente le observan su nueva pareja-, Guillermo Francos (Aeropuertos 2000 tampoco es de desmerecer su compañía), Osvaldo Cornide (CAME; lo suyo tampoco es despreciable), Alberto Abad y Beatriz Nofal, de cuyos matrimonios más tradicionales se evita cualquier consideración. Ese núcleo duro siguió con Scioli durante toda la estadía, en las reuniones con el presidente Napolitano, la cúpula de Cofindustria, el primer ministro, el canciller Massimo D'Alema y hasta un instante con el Papa. Para más de un curioso, extrañó que otras empresas clave en la relación Italia y la Argentina no estuvieran presentes (Techint, por ejemplo).
Hubo, en todo el periplo, un momento de tensión: cuando D'Alema -el amigo de Raúl Alfonsín-le hizo un planteo a Nofal por los 170 mil bonistas italianos que no pudieron cobrar y han debido presentarse en juicio en el CIADI. Nofal, quien alguna vez fue funcionaria de Alfonsín -entre otras administraciones-, invocó cuestiones semánticas: la Argentina no le vendió bonos a los ahorristas italianos, sino a los bancos. Estos, por lo tanto, son los culpables, ya que además de vendérselos, también les aconsejaron a las 170 mil almas no aceptar el canje en su momento. Casi no mosqueó D'Alema; político al fin, se limitó a decir lo que los bonistas querían que dijese. Repite lo que le piden para sus próximas elecciones, del mismo modo que Nofal (Kirchner) dice lo que dice pensando en las próximas elecciones locales. Así es la vida. Tampoco Napolitano abundó en el tema, ni siquiera aludió él ni D'Alema a que esta controversia por el no pago de las deudas -en la que se interesan tan poco los argentinos-, a pesar de los exitosos números económicos le impide al país conseguir financiación en el exterior (sólo Hugo Chávez de Venezuela burla ese cerco y con intereses personales ya difundidos). Y tampoco se logra que lleguen las inversiones suficientes, al menos las que lógicamente deberían concordar con un ciclo tan esplendente.
Con este tema, entre los empresarios hay cierta desazón. Y no es para menos, por ejemplo, si recuerdan el último caso de una licitación en la cual, al parecer, se imponía un grupo alemán (asociado con un local). Pero el proceso se detuvo debido a que un señor hizo, en una comisaría, una denuncia por presunto fraude (realizar ese procedimiento en centros policiales permite elegir al juzgado de turno, lo cual no es un dato menor). El fiscal pareció alarmado con la denuncia de quien poco se conocía y ni siquiera tuvo que hacer una depósito para justificar su acto y decidió suspender el proceso licitatorio, la apertura de sobres. Y, por si fuera poco, hasta ordenó allanar la empresa que parecía ganadora. Como es de imaginar, bajo el grito de que en la Argentina es imposible invertir, los alemanes se volvieron a su país: sin ninguna prueba en su contra casi terminan presos, gastaron un dineral en estudios y al mismo tiempo les ventilaron toda su documentación, hasta la personal. Ya ni en Africa, dicen, ocurren estos episodios.
Dos fiestas en Uruguay con argentinos: una, en Montevideo, por los 80 años de Jorge Telerman Polo Liberman, dueño de la más importante casa de muebles y decoración oriental (nada que ver con los otros Liberman famosos), que celebró en un local de Pocitos con 500 invitados de todo el mundo; y otra, doble, con el casamiento del hijo de Raúl Frávega, quien primero hizo una reunión gigante en la Costanera porteña y el sábado cerró La Huella de José Ignacio, con más custodia que invitados, dos o tres bengalas y con menos gente que en otra reunión menos notoria en el parador del Mantra. Casi ningún funcionario del gobierno argentino -aunque suelen contratar a estas empresas para cubrir con obsequios a votantes en el frenesí de las campañas, no siempre con dinero blanco, como ocurre con los sueldos del personal provincial en Santa Cruz-en la recepción uruguaya al joven que ha heredado la responsabilidad de administrar un country de su padre, pasando Escobar, con más de 140 hectáreas de viviendas, cancha de golf y un hotel en su interior (el Sofitel). Lo más jugoso de toda la noche: la impresión de que el ministro de Economía uruguayo, Danilo Astori, piensa que Brasil tarde o temprano firmará un acuerdo especial con los Estados Unidos, el mismo que sus colegas del Mercosur y el sector izquierdista de su gobierno le impidieron firmar. Habrá que esperar para ver si se cumple su corazonada.
Nadie ignora que Jorge Telerman nada en el Mar Rojo, también en el Mar Negro y, si es necesario, se arroja en zarpadas al Mar Muerto. Es judío, mantiene un diálogo perfecto con el cardenal Jorge Bergoglio y, por si fuera poco su ecumenismo, hasta se consagra con los musulmanes una vez por semana. Tanto esfuerzo algún premio habrá de tener en las próximas elecciones porteñas. Así lo entendieron quienes acompañan a Antonio Cafiero y lo invitaron al jefe de Gobierno a la peña ahora instalada en «Chiquín», donde, para alegría presunta del invitado, le prepararon una mesa medianamente afrancesada: soufflé de queso, bife bien rouge con bouquet verde y peras al Chardonnay. Claro que, en el menú, se veía esa lista con palabras mucho más criollas. Se dedicó Telerman ese día al peronismo (hoy lo hará con empresarios a medias liberales, en la semana con los socialistas, por aquello de nadar en todo tipo de aguas) y, de paso, soportó la catilinaria del propio Cafiero, quien fue su inicial maestro político -en verdad, Telerman cargaba con la mochila de la Federación Juvenil Comunista que había debido allanarse al Proceso militar, como el Partidoallá por el 87, cuando el hoy intendente era un desocupado que merodeaba el Florida Garden (ya venía Cafiero de docente de Felipe Solá, a quien también introdujo en el peronismo Julián Ortiz, hijo de la estrella de cine de los 40, Mecha Ortiz).
Dijo Cafiero que estas peñas se originan en una charla con Juan Perón, quien en su momento hasta le escribió una carta al respecto, cuyo original se extravió --seguramente la robaron; se está hablando de peronistas-, pero de la cual quedan copias autenticadas. Buen recuerdo de Cafieroa su intento democrático de diálogo, aunque insistió con una recurrencia de mal gusto: dijo que esas peñas tienen un único enemigo, que es Ambito Financiero, más precisamente las Charlas de Quincho, pues allí siempre escriben porquerías sobre lo que aquí se realiza. Ese espíritu antagónico también lo manifestó la ex de Solá, María Teresa, otra habitué, quien afirmó que ese día no iba a hablar porque «luego en Charlas me tergiversan todo lo que digo». Como esta sección es amplia y permisiva, jamás escribe porquerías que no protagoniza, simplemente ahora expone lo que afirman quienes la leen en cierto rubro del peronismo con ánimo crítico. Personalismos aparte, Cafiero alentó a Telerman, le agradeció que le prestara una vivienda para funcionamiento de la COPAL y, lo más significativo -y que arrancó devoción en los presentes-fue su encomio en elogiarlo por «haberse enfrentado con los vientos del Sur, al revés de otros gobernadores del país». En rigor, si uno lo piensa bien, Telerman enfrenta a Kirchner porque éste no le permite entrar en su círculo, acoplarse al viento, al revés de otros gobernadores. Para alegría de los presentes (Osvaldo Papaleo, Alejandro Maglione, Pato Galmarini, Lucas Marisi, Moisés Ikonicoff, Duilio Brunello, Nicolás Weiz Wassing, Juan Pablo Schiavi, Enrique Rodríguez, Jorge Todesca y Carlos Grosso), Telerman -mirando a los contertuliosexpresó: «Grosso fue un gran intendente, hizo mucho, fue injustamente atacado y lo que hoy es Puerto Madero existe gracias a él». Aplausos, como correspondía al auditorio, también valentía para asumir una defensa de quien aún es salteado en las calles porque no goza de buen prestigio. Telerman, como se dijo, nada en todos los mares.
Con el violín de Becho para la ocasión, Telerman habló de la generación del Bicentenario, de que pretendía la ciudad que soñó Marechal (Leopoldo), etc. Poesía más, verso menos. O al revés. Uno de los presentes, peronista al fin, le replicó: «Tu discurso es fantástico, pero cada vez que voy por la calle y agarro un bache me dan ganas de votar a Macri». No hubo respuestas, aunque ese tema lo asuela desde el primer día que heredó a Ibarra. Luego, otro, más incisivo: «Y el Bicentenario, ¿cómo pensás festejarlo, con un recital o uniendo, una vez por todas, la General Paz con la Autopista a La Plata?». Como tiene ciertas contestaciones, además de nadar, Telerman señaló que piensa instalar un sistema semejante al de los Estados Unidos: pagarán más peaje los que viajen solos en el auto, para alentar el pool de pasajeros. Y, sin desperdiciar audiencia, recordó que no dispone de poder en la Legislatura porteña, que el kirchnerismo le traba todo, le bloquea las leyes y «hasta me acusan de discriminador -como lo hizo María José Lubertino-porque quiero sacar a los vendedores ilegales de plazas y calles». Música para los oídos opositores, como Héctor Maya, quien se flageló en público. Dijo: «Me hicieron mierda en Entre Ríos» (en la última votación, claro) y se quejó porque «Busti se gastó 15 palos verdes en la campaña y usted, don Antonio, sabe lo que son 15 palos verdes». Para el final se había reservado lo mejor: juró que no le «queda más remedio que sacar número de CUIT y CUIL y ponerse a trabajar». A quienes lo escuchaban, la propuesta no les resultó tentadora.
Un poco de diplomacia siempre excita la inteligencia, sobre todo si es brasileña. De ahí que resultara cautivante cruzarse con los estudiantes del Instituto Rio Branco, escuela para futuros ocupantes de Itamaraty, en una recepción que brindó la embajada de ese país en los bellos salones del Palacio Pereda. Mucho periodismo, algunos politicólogos y un ex oficialista que no abandona su vocación: Torcuato Di Tella. Para él, explicaba en voz alta -había muchos estudiantes para estimularle el ego-, la Argentina comienza a normalizarse políticamente, a través del sistema de coaliciones. Y a su entender, en los próximos comicios habrá una de centroizquierda presidida por Kirchner y otra de centroderecha encabezada por Lavagna o Macri. A tremenda reducción -con seguridad transitoria-, le agregó: «Con la característica de que esta vez los sindicatos van a ir en el centroizquierda, por primera vez desde 1945». Hasta el más cándido desistió de cuestionarle su interpretación histórica y la futura; apenas si uno se permitió preguntarle: «¿Y a los empresarios en qué bloque los ubica?». Suelto de cuerpo, señaló: «Uno debería decir que en el centroderecha, pero en la Argentina estarán «con el ganador, como corresponde». Pareció una boutade, como todo lo que había dicho antes. Fraga, a su vez, planteaba que a Washington le costaba entender la política exterior de equilibrio «oscilante» ( entre Lula y Chávez) de la Argentina y que, lamentablemente, en el nuevo cuadro regional, el Uruguay parecía -o, lo que es peor, se sentíaabandonado por los dos grandes del Sur, al revés de lo que ha sido la constante de su historia. «Fíjense que siempre el Uruguay se recostó, según las circunstancias, en la Argentina o en el Brasil; ahora, como consecuencia del pleito por las pasteras, percibe abandono y presión desde Buenos Aires y prescindencia desde Brasilia.» Esa situación, a su juicio, no es beneficiosa para ninguna de las partes.
Otro clima en el Four Seasons, divertido y social, por los primeros cien días del hotel El Casco, en Bariloche, iniciativa del cada vez más delgado Ignacio Gutiérrez Zaldívar (también su mujer Margarita está más flaca, señal de que van al mismo dietista). Unas 250 personas, clientes y amigos, pintores, como Félix Luna, Enrique Locutura (Repsol YPF), Cristina Kalhouf, Guillermo Cervino (Banco Comafi), los arquitectos Julio y Estela Cociffi, Carlos Bagó, Luis Landriscina, Amadeo Riva, Arturo Karagozlu, Diego Peralta Ramos, Enriqe Llamas de Madariaga, Daniel Soldi, Ernesto Beranti, Graciela Genovés, Norberto Russo, entre otros. Para amenizar, clásicos patagónicos como trucha ahumada, brochettes de conejo, salmones, ciervo, rissotto de hongos silvestres, la tadicional pierna de ternera (algo picante por la combinación de rábano, mostaza ahumada y chimichurri), strudel posterior con helado para apagar el fuego de la comida y la combustión de los alcoholes. Capítulo militar en algún corrillo, lamentándose más de uno por cierta tensión relativa al aniversario del golpe del 24 de marzo: hoy padecen las críticas quienes ni participaron en esa asonada. Y ahora, por ejemplo, se debe satisfacer un pedido del gobierno bonaerense para que en Campo de Mayo se cedan tres hectáreas y realizar allí otro museode la memoria. Más duro fue un recital con distintos artistas, en Patricios, donde hubo repudio al golpe militar del 76 -hecho que, debe recordarse, entonces nadie repudiaba-en un lugar donde sólo puede entrar poca gente, advirtiéndose entonces un propósito más de humillación que de recuerdo. Si esto irrita a determinadas personas, más revuelo en el orden castrense supone otra actitud: hay más de 20 oficiales retirados que presentarán un pedido de tribunal de honor contra el general Roberto Bendini. La razón: haber facilitado los nombres de los oficiales que prestaron servicios entre 1976 y 1978, en la causa del Primer Cuerpo de Ejército. Si bien podría ser una obligación militar esa entrega, lo cierto es que Bendini expuso los nombres de todos sus compañeros en Granaderos, el lugar donde él también servía como oficial, pero excluyéndose de la nómina. Para cualquier observador, ni siquiera está en juego el honor.
En otro rincón, atento a los tiempos, mientras circulaban los bocaditos, sólo se hablaba del boom turístico de la Patagonia, la falta de lugares en la Semana Santa católica, la certeza de que el Llao Llao estará cerrado por Pésaj (un clásico también religioso de la ortodoxia judía a la cual adhieren los dueños, Sutton y Elsztain), aunque al parecer se ha resuelto el tema de los vuelos (aterrizan 12 por día en Bariloche). Riva hablaba de lo que construye (hospitales y aeropuertos); Peralta Ramos (diseñador del Park Hyatt Duhau), de proyectos en Mendoza y en otros puntos del interior, y la Kalhouf programando su viaje porque allí los hijos de Carlos Pedro Blaquier tienen casas y no hace falta la flota de cruceros que normalmente disponen en Punta del Este. Al menos, recorrerán el lago en el Caleu Caleu, del propio El Casco, notable barco que alguna vez hicieron construir los hermanos Toschi, productores de manzanas y peras, millonarios que además se ganaron el gordo completo de Navidad en los 50 y tenían la singularidad de poseer el mismo auto ( generalmente Impalas), la misma casa, hasta los trajes parecidos. Aunque había varios millonarios, a Gutiérrez Zaldívar le preguntaban cómo se debía hacer para ganar la fortuna que se agregó David Rockefeller, quien compró un Mark Rothko a 10 mil dólares y ahora lo venderá en remate a 40 millones. También se habló de otra multiplicación geométrica con un cuadro de Marilyn Monroe (de 250 dólares a 15 millones) y la respuesta del simpático hoy hotelero (además de promover la obra de su galería en el hotel para interés y consumo de turistas extranjeros) fue la esperada: «Puedo aconsejar, sugerir. Puedo aconsejarme, sugerirme. Pero si supiera ese secreto, ¿vos te creés que seguiría con esto de los cuadros y la hotelería?».
Vamos a terminar con un chiste de abogados. A un letrado le va muy bien en su profesión, pero vive en una zona rodeada de indigentes. Se reúnen las fuerzas vivas del partido, y acuerdan en pedirle colaboración al profesional, que no se destaca precisamente por sus obras de caridad. Así, el cura del pueblo va a su casa y le pide que -dado que Dios está siendo tan generoso con él- devuelva en acción social parte de esas bendiciones. El abogado lo mira, durísimo, y le dice:
- Discúlpeme, padre, pero ¿usted tiene a su madre postrada, necesitada de medicamentos que cuestan miles de pesos por mes? ¿Y usted tiene una hermana viuda, que se quedó en la miseria total luego de la muerte de su esposo? ¿Y un hermano que perdió una pierna en un accidente y está obligado a mendigar? El religioso, pasmado por la acumulación de tragedias y desgracias, le dice.
- No, claro... - ¡Y entonces qué pretende: que les dé a desconocidos si a mis familiares no les paso ni un peso!