9 de agosto 2001 - 00:00

Con $ 63.000, se puede abrir un negocio de cámaras e insumos fotográficos

Con $ 63.000, se puede abrir un negocio de cámaras e insumos fotográficos
ESCRIBE PABLO VASERMAN

Los antecedentes de la fotografía se remontan al año 1000 con los árabes. Ellos fueron los que sentaron las bases de la cámara fotográfica, que fue evolucionando a través de los siglos, hasta llegar a las fotografías a color de un grado de nitidez muy elevado y las cámaras digitales de última generación y de alta velocidad utilizadas hoy en día, capaces de fotografiar un proyectil a más de 2.000 kilómetros por hora.

La primera cámara de precisión que se popularizó en el mundo fue la Leica, presentada por la compañía Leitz en 1925. Su rollo de película contenía 36 exposiciones y, a partir de 1930, se empezó a fabricar con objetivos intercambiables, lo que les permitió a los fotógrafos captar sus imágenes desde diferentes distancias del objeto, contribuyendo, en gran medida, al trabajo de los trabajos de prensa.

La cámara llegó a su apogeo durante el período de entreguerras con la introducción del flash, el telémetro, el diafragma y los objetivos de gran apertura, y se enriqueció significativamente con el ingreso de la electrónica, a finales de la década del ’0, momento a partir del cual las células de la cámara sensibles a la luz (fotoeléctricas) ya podían determinar el tiempo de exposición de una fotografía, incluso a niveles lumínicos muy bajos, y controlar la apertura del diafragma y la velocidad del obturador.

Así las cosas, en 1970 aparece el enfoque automático basado en dos sistemas principales: mientras que uno medía la distancia haciendo rebotar ondas de alta frecuencia contra el objeto, el otro utilizaba un rayo infrarrojo.

En la actualidad, el uso de la cámara es universal y ya no sólo la utilizan los paparazzis para inmortalizar in fraganti a famosos en algún amorío clandestino o el aficionado para poblar su álbum familiar. El abanico de sus aplicaciones es tan diverso que incluye desde el registro del paralelo y del meridiano para determinar la hora en que un barco ingresó ilegalmente en aguas jurisdiccionales por medio de fotografías, hasta las cámaras utilizadas para ordenar el tránsito sorprendiendo a los automovilistas que incurren en alguna infracción, conservando la imagen del hecho como testimonio para la posterior aplicación de multas.

Pero la aplicación de la fotografía no se termina aquí, ya que desempeña un papel esencial en muchas ramas de la ciencia y la tecnología: proporciona imágenes permanentes de los objetos que se ven a través de un microscopio o telescopio; capta, con ayuda de la fibra óptica, partes inaccesibles del cuerpo humano sin necesidad de recurrir a la cirugía; colabora con la investigación médica registrando radiografías de color y mapas del cuerpo humano, para luego ser analizados por computadora; revela la composición química de planetas distantes apelando a los rayos gama; y, utilizando la luz ultravioleta, es un eficaz instrumento para graficar la estructura de los planetas.

CLIENTELA

Así como las aplicaciones que tiene la fotografía son múltiples y heterogéneas, el público que acude a las casas especializadas para adquirir equipos, accesorios y periféricos también es variado.

Dentro del campo profesional, las instalaciones MiniLab -laboratorios que revelan fotografías en el lapso de una hora y comercializan rollos, cámaras, álbumes, portarretratos y casetes de audio- son grandes consumidores de papel, químicos y de todos los accesorios que son utilizados para realizar el procesado de los negativos, tales como el número autoadhesivo de tres a cinco cifras que llevan adherido y que se transcribe en el sobre correspondiente para permitir la posterior identificación del cliente al que pertenece; la guillotina, que permite cortar el rollo de diapositivas; los filtros; productos químicos; o la tarjeta líder, que facilita la introducción del rollo en la máquina para que sea revelada por medio de una cinta que impide que el químico la agreda o la despegue.

En este mismo segmento de clientes, también figuran los fotógrafos de eventos sociales, que si bien poseen materiales muy similares a los aficionados avanzados, se distinguen porque son grandes consumidores y, en muchas oportunidades, adquieren cámaras y objetivos de alto precio para sacar fotos en fiestas, fondos chicos para obtener retratos o flashes para iluminar un salón con algunas antorchas distribuidas estratégicamente en su interior. La antorcha es un flash de mayor tamaño que el tradicional que ha superado a la metodología utilizada años atrás, «que ya ha quedado un poco anticuada. El flash estaba al lado de la cámara, y la sombra aparecía por detrás de la gente. En lugar de ello, ahora se colocan varios flashes orientados hacia los ángulos del techo que permiten que la iluminación sea pareja produciendo un efecto similar al que si se estuviese recibiendo la luz del sol. Como de esta manera el fondo nunca sale oscuro y la calidad de la película es superior, cuando los periodistas les sacan fotos a los ricos y famosos en sus casas y precisan que se luzcan tanto como los cuadros, las cortinas o el decorado que hay en el ambiente, entonces recurren a este sistema, porque el resultado que se obtiene es el de una calidad fotográfica muy superior», explica Santiago Marincovik, propietario de una casa de fotografía fundada en 1978, que empezó modestamente como una empresa unipersonal, con un local de cuarenta metros cuadrados que hasta hoy se ha multiplicado por veinte. Un crecimiento que también se ha verificado en la lista de tres mil doscientos productos de fotografía que tiene a la venta al ser representante de las marcas internacionales más prestigiosas del mercado.

Los profesionales avanzados también visitan con asiduidad este tipo de negocios, ya que trabajan para concursos o se dedican a fotografiar el interior del país con el objeto de vender las fotos al exterior o a los bancos de imágenes por valores que oscilan entre los $ 500 y $ 3.000 la unidad, a los cuales tienen que precisar cuántas copias harán de cada negativo, ya que, en función de esta variable, el precio se incrementa o disminuye.

Los profesionales avanzados suelen exponer su obra tanto en Estados Unidos como en varios países europeos, y en estos casos, el fotógrafo tiene que cumplir determinados requisitos exigidos por los museos, como por ejemplo, garantizar que ha utilizado los métodos adecuados de conservación y aplicado a las fotografías los tratamientos idóneos para asegurar que tendrán una larga vida, porque nadie compraría una foto si al poco tiempo comienza a borrarse o a deteriorase.

Esta clase de fotógrafos requiere flashes de mayor potencia, la posibilidad de sincronizarlos, lentes más sofisticadas y, por ende, más costosas, etcétera.

También figuran, entre los clientes más conspicuos de las casas de fotografía, quienes aspiran a seguir los pasos de aquéllos, es decir, los estudiantes que hacen cursos y se anotan en carreras que llegan a tener hasta tres años de duración para desarrollarse en la disciplina.

Las casas de fotografía, entonces, tratan de estar conectadas con las escuelas, fotoclubes y universidades para atender las necesidades de sus alumnos, que constituyen una porción nada desdeñable de la facturación, pese a que, según el empresario del sector Fernando Nieva, «hasta hace dos años, conseguir un lugar en un curso era bastante difícil, mientas que hoy, motivados por el estancamiento de la economía, se están realizando solamente con 25% de las vacantes cubiertas, con la consecuente merma en la compra de cámaras, papeles, ampliadoras, etcétera».

De todas maneras, los más de 30 fotoclubes que existen sólo entre Capital Federal y la provincia de Buenos Aires constituyen un sólida demanda de material fotográfico, sobre todo por la gran cantidad de cursos que brindan (ver Diga...), entre los que se destacan Visión y Composición, Laboratorio, Fotoperiodismo, Retrato-Glamour-Desnudo, Diapositivas color, Sociales o Book de modelos. Se trata de instituciones que concentran un alto número de aficionados a la fotografía, que necesitan permanentemente adquirir y renovar equipamiento.

Mercaderia

El stock básico de una casa de fotografía se compone de los siguientes productos:
•Rollo de 36 películas: de $ 2,80 a $ 14
•Trípode: de $ 60 a $ 800
•Fotómetro: de $ 100 a $ 600
•Flash: de $ 60 a $ 500
•Fondo de color (50 colores)
•Cámaras: de $ 100 a $ 5.000
•Tanque de revelado: $ 30
•Productos químicos: de $ 2 a $ 15
•Ampliadora: $ 400
•Papel: $ 9
•Mesa de toma: de $ 1.000 a $ 4.000
•Objetivo: $ 40
•Chasis: $ 80
•Pinceles antiestáticos: $ 10
•Termómetros: $ 7

Inversion inicial

Es conveniente que, al comienzo de la actividad, la cantidad de unidades con que trabaje el negocio sea pequeña, de manera que el comerciante esté en condiciones de determinar el volumen de ventas que ostentará el local antes de adquirir mayores volúmenes de stock. Lo ideal sería adquirir mercadería por $ 60.000 y exhibirla en un local de aproximadamente 50 metros cuadrados de $ 700 de alquiler.

Las cámaras más baratas para aficionados parten de los $ 20 y, a medida que aumenta su complejidad, este valor asciende a los $ 150, para las de buena calidad, y trepa a varios miles de pesos cuando se trata de equipos de un alto nivel de sofisticación dirigidos a profesionales.

«El individuo que tiene algún conocimiento de fotografía generalmente compra una cámara reflex, mientras que el aficionado normal se arregla con una cámara de foco directo, que es automática y ya viene con el flash y el zoom incorporado. Antes, una cámara con zoom no bajaba de los $ 1.500. En cambio hoy, tenemos una cámara con zoom y motor por $ 250, que no permite disparar sobre la foto anterior y les evita el mal trago a muchos aficionados que, por una distracción, si se olvidaban de correr manualmente la película en las cámaras primitivas, terminaban sacando una foto encima de otra. Con dicho sistema, este problema ya no existe, debido a que la película se desliza automáticamente y, por este motivo, es muy solicitada por la persona que utiliza la cámara en forma esporádica», observa Nieva.

Sin embargo, los aficionados no se limitan exclusivamente a comprar cámaras. Si, por ejemplo, a un amateur le interesara procesar las imágenes que fotografió y revelarlas a su gusto, entonces necesitaría elementos de laboratorio, que también son comercializados en las casas de fotografía, desde la clásica luz roja pasando por los productos químicos, los elementos para realizarle el tratamiento a la película como los tanques de revelado, o la ampliadora, un artefacto utilizado para aumentar el tamaño de las imágenes una vez que la película está seca. Esta consiste en una cámara fotográfica inversa, donde se coloca el negativo que se proyecta en un tablero sobre papel sensible para luego ser sometido a las clásicas cubetas de revelado.

A medida que este aficionado se vaya profesionalizando, comenzará a necesitar flashes de estudio de distinta potencia, una mesa de tomas utilizada para realizar fondos infinitos (en lugar de ser plana, tiene una forma curva y convexa con un ala vertical y otra horizontal), cámaras de formato medio -utilizan películas de 120 mm para hacer negativos de seis por seis centímetros- o de formato grande -usan películas planas de diez por trece centímetros, en las cuales se coloca una película por toma y luego se revela individualmente cada negativo-.

CONOCIMIENTOS

Si bien no es indispensable que el propietario de un establecimiento donde se comercializa esta clase de insumos y equipamientos haya estudiado fotografía o se dedique a la profesión, cuanto más conozca de la disciplina, mejor será el servicio que le podrá brindar al cliente y, por extensión, mayores serán las chances de éxito del emprendimiento.

«Yo considero que si a una persona le interesa instalar una casa de fotografía, no puede dedicarse únicamente a vender. También tiene que dar asesoramiento y enseñar qué clase de materiales son los más idóneos, de acuerdo con la finalidad que le quiera dar el cliente», afirma Francisco Batet, veterano profesional del gremio.

Para los comerciantes que recién se inician en la actividad, una buena manera de familiarizarse con el mundo de la fotografía y conocer los productos novedosos que aparecen anualmente en el mercado es participar de las exposiciones que se realizan en Alemania, Estados Unidos o Inglaterra, donde, además, allí existe la posibilidad de establecer contacto con empresarios de otras partes del mundo, intercambiar experiencias y vincularse a fabricantes, proveedores y representantes de las marcas más prestigiosas. Para los comercios, la época de mayor actividad es a partir de setiembre y se extiende hasta fines de febrero.

En tren de novedades, una de las últimas innovaciones que ha llegado a la Argentina y que está funcionando muy bien es la cámara digital. Comercializada en aproximadamente $ 1.000, es utilizada por empresas de la más diversa índole para almacenar imágenes en archivos informáticos que luego pueden ser impresas con una resolución de muy buena calidad.