26 de julio 2001 - 00:00

Debido a la inseguridad, aumentó el trabajo de las herrerías

Debido a la inseguridad, aumentó el trabajo de las herrerías
Escribe Luciano Sillitti

Al igual que muchos otros rubros, como ser la venta de alarmas, o las cerrajerías -actividades comerciales que ya fueron oportunamente tratadas en ejemplares anteriores de SU DINERO Personal-, la inseguridad que se vive hoy en día en la Argentina, fenómeno que ya no distingue barrios ni provincias, benefició indirectamente a las herrerías, que en los últimos meses vieron aumentar los desesperados pedidos de colocación de rejas protectoras, tanto para comercios como para domicilios particulares.

Este efecto de una causa no deseada obliga a los comerciantes a modificar algunas premisas en la modalidad de su trabajo. Por ejemplo, hoy en día, el herrero tiene que estar lo suficientemente capacitado y equipado como para responder con la máxima celeridad posible a los pedidos de los clientes que abogan por enrejar su casa, departamento o negocio cuanto antes, ya que el miedo a ser -o a volver a ser- asaltados hace que en muchas ocasiones la gente se incline por contratar tal o cual servicio, dependiendo de la rapidez con que se realice el mismo. «A la gente la asaltan y al otro día sale desesperada a pedir que le instalen una reja en la casa o en el comercio. En esos casos hay que esmerarse por trabajar con rapidez y dejar todo listo cuanto antes. Por eso, nosotros nos preocupamos por mejorar el servicio y hoy en día estamos en condiciones de tener el pedido listo en 24 horas», asegura Alejandro Wolhein, dueño de una herrería cuyas oficinas comerciales funcionan en el barrio de Montserrat, de la Ciudad de Buenos Aires. «En este momento, lo que más piden los clientes son rejas de seguridad corredizas, rebatibles y desmantelables. También se venden mucho las medianeras con punta de lanza», explica Wolhein.

Mucha competencia

De más está decir que el tiempo que conlleve el trabajo en cuestión dependerá de la envergadura del mismo, pero lo que queda claro es que los herreros deben esforzarse todo lo posible por terminar sus trabajos con rapidez. Y esto no sólo se debe al motivo antes mencionado sino también a la gran competencia que se registra en el rubro, que, según las fuentes consultadas por SU DINERO Personal, se torna casi agobiante en la provincia de Buenos Aires, sobre todo por la gran cantidad de casas que hay en dicha zona, que se suma a la ya mencionada inseguridad. «Si bien en el Gran Buenos Aires hay más trabajo, también hay mucha más competencia. Por eso yo prefiero no incursionar fuera de la Capital Federal, adonde me va relativamente bien», cuenta Gerardo Frontini, quien desde hace diez años tiene su herrería en el barrio de Palermo, a escasas tres cuadras de un conocido shopping de la zona y que, según confiesa, no comenzó en esta actividad por gusto o vocación sino como resultado de un castigo paterno. «De chico me portaba mal y a modo de castigo mi padre me obligaba a hacer trabajos de herrería, cosa que a mí no me gustaba para nada. Ya de grande instalé una cerrajería. Con el tiempo también empecé a hacer reparaciones de controles remotos y de artefactos eléctricos, pero en los últimos tiempos la demanda de este servicio cayó muchísimo. Así que decidí incorporar trabajos de herrería, que hoy en día se piden mucho y que me permiten aumentar los ingresos del negocio», comenta.

Precisamente Frontini ofrece otro dato de suma importancia para tener en cuenta por todos aquellos que estén interesados en dedicarse a esta actividad. «Es cierto que hay que trabajar con rapidez, pero nunca hay que olvidar que en realidad lo más importante es dejar los trabajos bien terminados y que después no haya reclamos. Por eso, si estoy muy apretado de trabajos, prefiero decirle al cliente que me llame más adelante. Lo mismo hago cuando me piden trabajos muy grandes, que, por la estructura que tiene mi negocio, me demandarían demasiado tiempo y me obligarían a desatender a otros clientes. En esos casos directamente les digo que no puedo», dice Frontini, quien, a modo de ejemplo, comenta que hace poco tuvo que dejar pasar la posibilidad de cambiar todos los balcones de un edificio, una propuesta que si se la analiza desde el punto de vista económico, es por demás tentadora, pero que le hubiera significado desatender una nada despreciable cantidad de pedidos durante demasiado tiempo.

Claro que los herreros pueden ejercer esta libertad de elección luego de años de esforzado trabajo, cuando el comerciante ya se ha ganado una clientela confiada y fiel, que prefiere esperar un par de días hasta que éste pueda realizar el servicio antes que recurrir a un herrero nuevo y desconocido.

Transformaciones

Ahora bien, otra de las transformaciones que atravesó el rubro fue producto del avance de la tecnología, que permite que hoy en día los herreros cuenten con las más diversas máquinas para realizar sus trabajos. Pero, más allá de los innegables beneficios que esto acarreó a quienes se dedican a esta profesión, ya que les permite llevar a cabo sus pedidos de manera mucho más rápida -y, quizás, más precisa-, también decretó el fin de la herrería artesanal, o al menos le asestó un golpe mortal, si se entiende por ésta al trabajo hecho exclusivamente a mano. En efecto, más allá de que, a pesar de todo, aún puedan encontrarse verdaderos artistas de la herrería en nuestro país, sobre todo en el interior del país, éstos son los menos, y, por otra parte, se les hace realmente difícil subsistir en un medio que, en la mayoría de los casos, privilegia la rapidez y lo económico por sobre lo estético.

Como bien lo señala Frontini, la exangüe realidad que atraviesa la herrería artesanal lo demuestra el hecho de que «hoy en día casi todos los mayoristas te venden el hierro ya moldeado, un trabajo que antes los herreros artesanales hacían exclusivamente a mano».

Como quedó dicho más arriba, en estos momentos la mayor cantidad de pedidos proviene de clientes desesperados por la inseguridad. Pero, contra lo que uno podría suponer, éstos no se circunscriben únicamente a las casas o los comercios. Este servicio también es solicitado por los habitantes de los departamentos más bajos de edificios. Aunque, como bien lo deja entrever el testimonio de Gustavo Paladino, herrero que tiene su comercio en el barrio de Palermo, cerca del zoológico porteño, la inseguridad pareciera no tener límites, ya que, «hace unas semanas tuve que hacer una reja de protección para un cliente que vive en un piso 8, porque ya lo habían asaltado como tres veces».

infraestructura necesaria

Para comenzar en esta actividad no se necesita más que un pequeño taller, de 25 m². Pero las herrerías ya consolidadas prefieren tener por un lado un local comercial, de pequeñas dimensiones pero bien decorado y ambientado, en el cual reciben a los clientes, toman los pedidos y coordinan las entregas de los trabajos terminados, y otro local más amplio, equipado con todas las máquinas y herramientas necesarias, que funciona como taller. De más está decir que en este último no se hace tanto hincapié en la decoración ni en la pulcritud, que sí exhiben indefectiblemente los locales comerciales, orientados a atraer a los clientes y a dejar una buena impresión de la empresa en los mismos, claro.

El mayor porcentaje del capital inicial que deben invertir las herrerías hoy en día está destinado a la compra de máquinas. En este sentido, los herreros consultados opinaron que si bien se puede comenzar con algunas máquinas usadas, lo ideal sería que con el transcurso del tiempo el comerciante incorpore equipamiento nuevo. «Por ejemplo, no es conveniente que las cortadoras, que cumplen una función importantísima en toda herrería, sean de segunda mano, ya que en ese caso no durarán mucho tiempo en buen estado. Por eso, yo siempre recomiendo trabajar con máquinas nuevas. En todo caso, la persona que no tenga el suficiente presupuesto que empiece con usadas y que las vaya renovando a medida que los ingresos que obtiene se lo permitan», sugiere Paladino.

Entre las máquinas que no pueden faltar en toda herrería que se precie de tal se encuentran:

•Cizalla combinada (guillotina) ($ 690/$ 950).
•Agujereadora manual (10 milímetros) $ 18.
•Agujereadora de banco $ 79/ $ 260.
•Banco de trabajo rebatible $ 29.
•Cortadora sensitiva ($ 300/$ 500).
•Soldadora eléctrica ($ 200/$ 300).
•Morsa N° 2 ($ 30).
•Amoladora de bronce ($ 40).
•Amoladora de banco ($ 80).

Inversion

La inversión total en máquinas sería de entre $ 1.400 y $ 2.200, siempre y cuando el herrero decida efectivamente adquirir equipamiento nuevo. En cambio, en caso de que se incline por comenzar con máquinas usadas para ir cambiándolas por productos nuevos en el transcurso del tiempo y a medida que los ingresos que percibe se lo permitan, la inversión podría ser mucho menor. «Se puede empezar realmente con muy poco dinero. Nosotros empezamos con lo mínimo indispensable», asegura Wolhein.

Al equipamiento antes mencionado habría que agregarle una caja de herramientas ($ 80), guantes, matafuegos y otros artículos menesteres para realizar los trabajos. Además, Frontini agrega a la lista un elemento que suele pasarse por alto pero que es de suma importancia para la salud del herrero: el delantal con protección con plomo ($ 25). «Está comprobado que el plomo puede causar serios daños a la salud. Por eso hoy en día todos los herreros trabajan con este tipo de delantales, especialmente preparados para prevenir cualquier tipo de problemas», dice Frontini.

Respecto de la inversión necesaria para adquirir el material con el cual se trabaja, en principio ésta no sería muy elevada, ya que hoy en día el costo del hierro es muy barato y además existen múltiples facilidades de pago; por eso, las herrerías hacen la diferencia con el costo de mano de obra que les cargan a los productos.

Fletes y vehiculos

Al comienzo, los materiales y los trabajos semiterminados se trasladan a la casa o el comercio del cliente en fletes, especialmente alquilados para la ocasión. Pero con el tiempo, si las condiciones económicas lo permiten, es conveniente que el herrero adquiera una pequeña camioneta rastrojera usada ($ 5.000). En rigor, las fuentes consultadas por SU DINERO Personal coincidieron en resaltar que esta última alternativa es la más conveniente a largo plazo.

Por lo general, las herrerías no emplean a menos de 2 o 3 personas, sobre todo en el taller. De todas maneras, es conveniente que el herrero que recién comienza haga su trabajo solo y una vez que compruebe fehacientemente que el negocio camina bien contrate a 1 o 2 personas. «En mi opinión en esta actividad hay que empezar solo. Recién en el momento en el que uno empieza a perder clientes porque está trabajando en otro lado hay que tomar empleados. De otra manera, el comerciante se arriesgaría a tener que enfrentar muchos gastos en concepto de sueldos y cargas tributarias antes de percibir los suficientes ingresos», dice Frontini.

A la hora de elegir la zona para instalar su comercio el herrero debe cerciorarse de que en la misma no haya sitios a los que pueda resultarles molesto el ruido, sin lugar a dudas una de las características que tiene esta actividad. «Una herrería sin ruido no sería una herrería», dice Frontini. Por eso, los locales cercanos hospitales, geriátricos o restoranes deberían quedar descartados.

Metodologia

Desde ya que la metodología de trabajo varía de acuerdo a cada pedido en particular, pero un recorrido más o menos estipulado del servicio sería el siguiente: el herrero recibe el pedido y toma todos los datos del cliente, incluyendo la dirección del lugar en el cual deberá realizar el trabajo; concerta una fecha y llegado el día se dirige hasta el lugar a tomar las mediciones correspondientes. «Es uno de los pasos más importantes, ya que en más de una ocasión las razones por las cuales un trabajo queda mal hecho es que no se tomaron correctamente las medidas y dimensiones del espacio en el cual deberán colocarse las rejas», aseguraron los herreros consultados. Luego, el profesional pasa un presupuesto por el trabajo en cuestión. En caso de ser aceptado, compra el material necesario, cuya cantidad también dependerá del stock que el herrero tenga acumulado en su depósito, y realiza los trabajos pertinentes en el taller. Después, lleva los pedidos semiterminados a la vivienda o comercio del cliente, adonde por lo general sólo tiene que soldar y ajustar las rejas, en un período que no supera algunas horas.

Mientras 50% de los encargos proviene de comercios, 50% restante es de viviendas particulares.

Si bien pueden encontrarse algunos cursos, las técnicas de la herrería se aprenden trabajando. Por lo general, se empieza en la profesión como aprendiz -en este caso las labores se limitan a la limpieza del taller-, se sigue como empleado -momento en el cual la persona aprende las tareas básicas de la profesión, como por ejemplo a cortar y soldar- y por último se hacen trabajos concretos de herrería, que demandan cierto conocimiento previo, en cuyo caso la persona ya puede considerarse un genuino herrero. Después, si la suerte y el dinero acompañan, éste podrá abrir su propio negocio. De hecho, muchas de las personas que hoy en día se encuentran al frente de una herrería siguieron este camino en el oficio.

A diferencia de la mayoría de los otros rubros comerciales, las herrerías tienen mucho trabajo durante los meses veraniegos, esto es entre diciembre, enero y febrero. Aunque, en última instancia, este dato no debería sorprender tanto, ya que como lo bien lo señala Frontini, «el que se va de vacaciones quiere irse tranquilo, con la casa o el comercio bien protegido, mientras que muchos de los que regresan se encuentran que han entrado a robarles mientras ellos estaban de vacaciones».

Un experiencia sin lugar a dudas desagradable, pero que podría evitarse llamando al herrero antes de que sea demasiado tarde. Porque, como reza aquel viejo refrán, más vale prevenir que curar.

© Copyright SU DINERO Personal, 2001