Momentáneamente, la proporción de la valoración del yuan es insuficiente y no anuncia profundas transformaciones en el escenario internacional. Ha quedado en evidencia que ninguna institución u organismo económico está al corriente de lo que China piensa hacer y, mucho menos, de cuándo lo hará. Temporalmente, en EE.UU. se han templado las amenazas económicas de represalias. La iniciativa que propiciaba imponer en el Congreso hasta 27,5% de derechos de importación para los productos chinos podría haber abierto un enorme debate político acerca de un eventual doble discurso.
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Lo cierto es que, hasta aquí, la devaluada paridad fija de que gozó China por más de doce años llevó mucha agua para su molino y aportó también a la preservación de la globalización. Restringió el virulento potencial que hubiese extendido la crisis asiática, a la vez que permitió disminuir el riesgo interno que hubiese afectado las cifras de crecimiento de su economía desde la crisis del arroz y el default ruso. En todo este tiempo, la fórmula china de mantener su moneda depreciada le posibilitó exhibir una interesante performance, que gravitó, entre otras cosas, en una rebaja de los bienes y servicios para su población. A la vez, dio lugar a un cambio de precios relativos a favor de los productos de exportación frente a los de consumo interno, otorgó costos laborales bajos para las empresas productoras que pelearon por invertir, mejoró la competitividad externa y también expandió el ahorro.
Estrategia china
Es justo establecer diferencias en torno a los recursos de China. Es obvio que la extensión de la oferta laboral oriunda de las comarcas rurales y la absoluta ausencia de presiones sindicales dieron soporte a la estabilidad de los costos laborales, permitiendo que éstos no se incrementaran con el paso de 49 trimestres consecutivos de crecimiento. Actualmente, China sucede a Japón en términos de stock de reservas internacionales del mundo, sin que la emisión de yuanes para obtener los dólares excedentes del superávit comercial generara arrastres inflacionarios. El resultado de doce años de tipo de cambio real alto fue consistente con tasas de crecimiento promedio del PBI anual, y el valor corriente del comercio exterior se multiplicó de manera exponencial.
En tanto, en la Argentina el ministro Lavagna acaba de asegurarles a los industriales que el tipo de cambio nominal va a ser sostenido por el gobierno por los próximos años, asignándole a esta paridad la llave de tres años consecutivos de crecimiento de PBI, comercio exterior, ahorro, inversiones, reservas, empleo y superávit fiscal. (*) Presidente del Grupo Hacer. www.hacer.com.ar.