Aterrizaje forzoso: El intercambio económico se ha alterado en la frontera EE.UU.-México; en la industria brasileña de la aviación ha habido despidos
Por PETER KATEL
(TIME) -- A unos 8.400 kilómetros de las Torres Gemelas, el presidente argentino Fernando de la Rúa siente que su país es otra víctima de los ataques terroristas del 11 de septiembre. En un discurso televisado a todo el país, De la Rúa presentó por octava vez en dos años un plan desesperado para salvar a una economía argentina devastada por la recesión. De la Rúa admitió que la tarea era especialmente hercúlea ahora que se debe lidiar además con el "ambiente internacional causado por el terrorismo".
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Argentina no es el único país que ahora lucha contra mayores obstáculos que los que enfrentaba antes del 11 de septiembre. Los ataques a EE.UU. repercutieron en los viñedos chilenos, en las fábricas automotrices mexicanas y en cualquier otro sector productivo que uno pueda imaginar. La caída en el consumo interno de la economía más grande del continente tuvo impacto en toda la región. Pero además la desaceleración del crecimiento a su vez desanima a inversores que ya comienzan a preocuparse sobre el impacto económico de los crecientes costos de seguridad. El Instituto Financiero Internacional informó desde su sede en Washington que la inversión externa en América Latina llegaría a fin de año a apenas 45.000 millones de dólares, una baja pronunciada respecto a los 61.000 millones del año pasado.
En México -que tiene a EE.UU. como destino del 90% de sus exportaciones- el Gobierno ya había recortado sus proyecciones de aumento del producto interno bruto (PIB) anual del 4,5% a 1,7%. ¿El crecimiento calculado para el período posterior a los ataques? Cero. El crecimiento del PIB brasileño ahora se espera que sea del 0,8% en lugar del 3,8%. En Chile se anticipa un crecimiento del 3%, la mitad de la cifra esperada en un principio, mientras que Argentina sufriría una contracción económica por cuarto año consecutivo, esta vez del 1,4%. En su conjunto, la economía regional quedará prácticamente estancada, con un crecimiento que bajará del 4,1% del año pasado a apenas el 0,3% en 2001.
Todos los negocios mexicanos, sean grandes o pequeños, sufren el impacto. Las exportaciones ya iban a la baja antes de septiembre pero ese mes cayeron otro 10,4%. La venta de automóviles nuevos en México bajó un 16% entre agosto y septiembre. El turismo, la industria que inyecta un 5% del total de moneda extranjera en el país, quedó varado. Incluso los puestos callejeros pasan un mal momento. "Antes vendíamos 50 dólares por día, ahora apenas 30", dice Blanca Elías Salazar, dueña de una tienda de frutas y verduras en el barrio pobre de Tepalcates al este de la ciudad de México. Su explicación es que la baja en el turismo afectó a sus principales clientes: los taxistas y trabajadores de hoteles y aeropuertos. Chile, que envía el 18% de sus exportaciones a EE.UU., proyectó una caída de hasta el 8% en el total de exportaciones. Sebastián Allende, el gerente de exportaciones de la bodega chilena Viña Carmen, calculó una baja del 30% al 35% en las órdenes de compra recibidas de hoteles, restaurantes y aerolíneas estadounidenses. La situación se volverá aún peor en los próximos meses.
Y luego está Brasil, que sufre además de la merma en la demanda estadounidense los crecientes problemas económicos de Argentina, su socio del Mercosur. Las consecuencias ya se viven en los incipientes sectores de alta tecnología de Brasil. Una de las firmas más prestigiosas del país, la fábrica de jets privados Embraer, despidió 1.800 empleados después del 11 de septiembre. El desempleo subió hasta el 6,8% a fines de septiembre, tras haberse ubicado en el 5,6% al final del año pasado. Y el aumento en el desempleo vino acompañado de una caída en la inversión externa que pasó de 31.000 millones de dólares en 2000 a una cifra proyectada en 16.700 millones para este año.
Pero a Brasil y a la mayoría de los demás países les va mucho mejor que a Argentina. El último plan de De la Rúa es reducir la abrumadora carga de la deuda, convenciendo a los inversores extranjeros poseedores de bonos argentinos que acepten una quita de la tasa de interés del 11% al 7%. A cambio ofrecería una garantía formada en parte por un pago anticipado del préstamo del Fondo Monetario Internacional de 3.000 millones que se llevaría a cabo en marzo. También quiere equilibrar las cuentas del Gobierno nacional disminuyendo la coparticipación tributaria federal a las provincias en 500 millones de dólares.
Pero las primeras respuestas no son alentadoras. El FMI fue veloz en arrojar un balde de agua fría a la posibilidad del envío anticipado de fondos -"no lo hemos contemplado", dijo Thomas Dawson, vocero del FMI. Los trabajadores argentinos planean salir a las calles en señal de protesta. Y el viernes pasado el mercado internacional de bonos cerró con la deuda del Gobierno argentino pagando una prima de riesgo altísima de 2.500 puntos básicos (25%) por encima del precio de los bonos del Tesoro de EE.UU. "Los inversores están diciendo que la situación es insostenible", concluye un experto que pidió no ser identificado.
-Informes de Sol Biderman/Sao Paulo, Lucien O. Chauvin/Lima, Sebastián Edwards/Santiago y Uki Goñi/ Buenos Aires