3 de junio 2005 - 00:00

Natal y Pipa: para todos los gustos

Brasil permite descubrir siempre nuevos y atractivos lugares al turismo, como Natal y Pipa, dos paradisíacas playas aún muy poco frecuentadas, que están en Rio Grande do Norte.
Brasil permite descubrir siempre nuevos y atractivos lugares al turismo, como Natal y Pipa, dos paradisíacas playas aún muy poco frecuentadas, que están en Rio Grande do Norte.
Para disfrutar de la praia, existen dos posibilidades. Por un lado, está la Via Costeira. Allí hay 13 hoteles del tipo resort: cientos de habitaciones, restoranes de primer nivel, piletas, sauna y salida a la playa son algunas de las comodidades.

Más hacia el Sur, está Ponta Negra, un barrio/balneario con una gran capacidad hotelera: tiene 80 complejos, todos de menor tamaño que los de la Via Costeira. Allí se destaca un paisaje espectacular, con el Morro do Careca, una duna de 120 metros de altura tapada por vegetación, como protagonista principal.

Pero Natal no es sólo playa. En el extremo norte de la ciudad se levanta la Fortaleza de los Reyes Magos. La construcción, que empezó el 6 de enero de 1598, tiene la forma de la estrella de David y fue armada por los portugueses para controlar la región. El lugar es estratégico: allí terminan los arrecifes y está la entrada del río Potengí.

Como no puede faltar en una ciudad turística, Natal tiene su Artesanato. Se divide en 36 locales donde se pueden comprar las cosas típicas del estado. Además, los jueves se presenta un show del baile más popular de la zona, el Forró. El nombre, para sorpresa, es una derivación del inglés. En plena segunda guerra mundial, se organizaban fiestas para todos, estadounidenses y brasileños, y se las conocía como «For All».

La vida nocturna es muy rica; en especial, en verano. Pasando la Via Costeira o en Ponta Negra hay bares y boliches que se llenan de gente. Pasada la medianoche, comienza la fiesta para los jóvenes. Con Forró y otros bailes más globalizados.

Litoral norte

El litoral norte tiene atracciones que prometen aventura y diversión. Primero hay que subirse a un buggy y cruzar el río en balsa. Allí aparecen las primeras dunas, con arena de diferentes colores que generan un collage inigualable. En el medio, y como por capricho de la naturaleza, hay lagunas de agua dulce creadas por el agua de la lluvia que se filtró por la arena. El viaje en buggy continúa y se cruza de costa a costa con otra balsa. Esta vez, la impulsa un hombre. Nada de motores. Aparecen nuevas dunas, cada vez más grandes y sorprendentes. Y el chofer puede recorrerlas «con emoçao» o «sin emoçao». Si es con emoción hay que agarrarse.

En las dunas de Jacumá se puede realizar esquibunda y aerobunda. En el primero, hay que lanzarse sentado en una tabla de sandboard para terminar sumergido en una pileta. En el aerobunda, se va colgado de una soga hasta chocar con una laguna.

La travesía sigue, y se llega a una de las maravillas que tiene Rio Grande do Norte: a 25 kilómetros de Natal se encuentra la playa de Genipabú. Ahí hay dunas de unos 30 metros de altura que caen directamente al mar. Funcionan como toboganes naturales. Uno las puede bajar a pie, en buggy, en sandboard o hasta en un camello.

Más al Norte, los amantes del buceo tienen la playa de Maracajaú. Hay arrecifes a siete kilómetros de la costa que abarcan 13 km2 en los que se pueden apreciar cientos de especies de flora y fauna marina.

Tibau do Sul y Pipa

A 100 kilómetros de la capital se llega a Tibau do Sul y Pipa, el segundo destino turístico en importancia que ofrece el estado. La fisonomía de las playas cambia. Las dunas ya no son las protagonistas. Su lugar lo ocupan grandes acantilados. Rocas rojas, amarillas y negras que conforman impresionantes bloques ante los cuales el mar choca.

Como está menos poblada y desarrollada, y las playas son extensas, la zona es ideal para aquellos que buscan paz y tranquilidad. No obstante, para los que les gusta disfrutar de la noche, el centro de Pipa ofrece una nutrida cantidad de bares.

Las playas que se destacan son Punta do Madeiro, Praia do Amor y Baía dos Golfinhos. En esta última, se puede nadar con delfines, y se dice que el agua transmite una «energía especial».

Hay mucho por conocer en Rio Grande do Norte. Son 400 kilómetros de playa paradisíaca. Una apuesta para aceptar.

Para más información: Comité Visite Brasil
Embajada de Brasil en Buenos Aires,
Cerrito 1350, entrepiso, (1010) Buenos Aires.
E-mail: [email protected].
Website: www.brasil.org.ar.
Fotos: gentileza Embajada de Brasil, Mini Pacheco.

Dejá tu comentario