5 de julio 2001 - 00:00

Operador de cine: un oficio autodidacta, que se renueva

Operador de cine: un oficio autodidacta, que se renueva
Pocas películas pintaron con más hondura el oficio de operador de cine que «Cinema Paradiso». El film dirigido por Guiseppe Tornatore mostraba de cuerpo entero a este eterno personaje anónimo, que, oculto detrás de una cabina, es el responsable de la proyección de cada film y sin cuya intervención el espectáculo no sólo no podría continuar: ni siquiera comenzaría. Un oficio que combina como pocos la veta artesanal, el cariño por el cine y la pasión por la labor dentro de la cabina, con la lealtad por una actividad que promete un protagonismo sin reconocimiento público. Y que abreva en un saber que es transmitido como en una suerte de cofradía, de generación en generación, de manera informal, discretamente, que requiere de un rito de iniciación al cual no todos tienen acceso.
Jornada
Los turnos de trabajo del operador de cine son entre las 13 y 19 horas, y desde aquí hasta que termina la última función, entre la una y dos de la mañana.
La rutina comienza cuando el técnico ingresa a la cabina, enciende todas las luces de la sala y carga la máquina proyectora con el rollo de película. Pero cada ciclo tiene su inicio los jueves, en que el cine recibe el material nuevo, es decir, los estrenos. Este es el día de mayor trabajo por una sencilla razón. Para que la copia recibida de la distribuidora pueda ser proyectada, previamente tiene que ser armada por el operador. Una operación que implica pegar los cuatro o cinco rollos que recibe el cine de acuerdo a la duración de la película, y transformarlos en uno que luego será colocado en el plato del proyector.
Desde la proyección del primer fotograma hasta el célebre anuncio de The End o FIN, el operador tiene que estar atento para intervenir ante cualquier inconveniente que impida el normal desarrollo de la función. Entre los desajustes que aparecen con mayor frecuencia se encuentran los
saltos de cuadro, o los cortes de la película, una circunstancia de la cual ningún técnico podría desentenderse por más que quisiera debido a la atronadora catarata de chiflidos, aplausos y exabruptos que los espectadores desgranan para la ocasión en diferentes variantes y volumen. «Yo controlo todo a través del sentido de la audición», asevera Julio Barragán, uno de los decanos de la operación cinematográfica de la Argentina, con más de 40 años de oficio y que en la actualidad se de-
sempeña en el cine
Cosmos. «Estoy en el baño y yo sé qué está pasando. Por ejemplo, reconozco cuándo un empalme está mal hecho sólo por el ruido que hace la cinta. Pero esto te lo da los años», asegura.
Es el mismo recurso al que apela
Jorge Bogliotti para verificar que todo esté en orden en la sala del cine América, quien advierte «cualquier inconveniente que se presente durante la proyección por los sonidos que emite la máquina.»
«Con lo que hay que tener cuidado es con la copia que se recibe de la distribuidora
-continúa Barranco- porque antes pasa por muchas manos. Y si en algún tramo de esta cadena alguien se equivoca de lata, ahí puede haber un problema. Por eso, el día de mayor trabajo es cuando entra el material nuevo, porque hay que chequearlo y armarlo. Y también cuando se lo retira.» Por su parte, en las salas de los shopping el oficio ha experimentado una transformación cualitativa debido a que el técnico se tiene que hacer responsable de varias salas simultáneamente. «Yo estoy a cargo de siete salas» contó a SU DINERO Personal un joven operador que prefirió mantenerse en el anonimato. «Nosotros entramos a las diez para hacerles una limpieza a las máquinas -que manejan tanto la exhibición como la iluminación a través de una computadora que tienen incorporadas- e ir montando las películas para que a las once ya estén todas listas. En este lapso también se arman películas para las avant première o para algún evento especial. El volumen lo manejamos nosotros, al igual que el cuadro, porque puede venir una propaganda mal impresa. Pero como no podemos estar en las siete salas al mismo tiempo, los chicos que están en el piso de abajo se ocupan de recorrer todas las salas para averiguar cómo están funcionando. Y cuando encuentran algún problema, nos llaman por handy y nosotros vamos corriendo a resolverlo». A diferencia del sueldo básico por convenio que se paga en los cines tradicionales, que es de
$ 1.000 mensuales por siete horas de trabajo -además de un doble jornal por una avant première o una función de trasnoche que incrementa el salario en 50% aproximadamente-, los shopping abonan entre $ 2,10 y $ 3,70 la hora, en función de la antigüedad y el cargo que ocupe el trabajador, y los turnos son de 8 a 15; 15 a 22; y 22 a 5 horas. Las películas comienzan de a dos simultáneamente o con cinco o diez minutos de diferencia. «Yo lo lamento por los pibes, pero los proyectoristas que trabajan en los cines de los shopping no son operadores -dispara Barragán-. Justamente, todo su sistema está preparado para que no sean necesarios. Y esto redunda en que se pierda el oficio y la gente idónea.»
Registro profesional
Para gestionar la matrícula de operador de cine el candidato tiene que ser mayor de dieciocho años y aprobar un examen teórico y práctico. El primero se realiza en el segundo piso del Mercado del Plata, donde funciona la Dirección de Control de Instalaciones, y consiste en la evaluación de ciertos conocimientos básicos de electricidad.
Durante el año existen 4 llamados -el primer jueves de marzo, junio, setiembre y diciembre- y para gestionar la inscripción y retirar la solicitud, el candidato debe presentarse con un
certificado médico que constate el haberse realizado un estudio de vista, oído y pulmón efectuado en algún hospital municipal.
Y además,
tomar una clase de idoneidad de bomberos brindada por la Policía Federal, y otra de proceso de resucitación, luego de la cual se entrega un certificado cardiorrespiratorio que también debe presentarse en la mesa de entradas de la Dirección de Control de Instalaciones, ubicada en el tercer piso de Carlos Pellegrini 211, entre las 9.30 y 13.30 horas. Por el trámite se abonan $ 10.
Una vez aprobado el examen teórico -por el cual previamente se abonan $ 10 en concepto de sellos- hay que aguardar tres meses para estar habilitado para rendir la fase práctica.
Mientas tanto, el Gobierno de la Ciudad entrega una matrícula provisoria a fin de que dentro de este período, el futuro operador pueda ir realizando prácticas profesionales en alguna cabina de un cine que le abra las puertas para ello.
La instancia práctica del examen se realiza en la sala
Leopoldo Lugones del Teatro General San Martín, ubicado en Corrientes 1551, el segundo jueves de cada uno de los meses anteriormente mencionados. Y consiste en la evaluación del manejo de la proyectora; cómo se carga y descarga una película; cómo se corrigen los defectos de una proyección; cómo se debe instrumentar la iluminación de la sala; un recorrido sobre los posibles problemas mecánicos y donde además se le plantean al candidato situaciones críticas que puedan llegar a presentarse durante el transcurso de una función para que explique de qué manera las resolvería.
Una vez concluida esta etapa, el flamante operador de cinematografía recibe su registro definitivo y ya está en condiciones de apagar las luces, correr el telón y hacer como un demiurgo que comience el espectáculo.

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