9 de noviembre 2000 - 00:00

País perplejo por su fuerte división

Nashville - Dos Américas frente a frente, profundamentedivididas, no sólo política sino también psicológicamente. Esto es lo que sededuce al echar un primer vistazo al resultado de las elecciones.

Parece increíble que, enmedio de una época de paz y prosperidad sin precedentes, los candidatos a laCasa Blanca hayan podido dividir a la sociedad estadounidense con la precisiónde un cirujano. Si la economía hubiese sido determinante, el vicepresidente AlGore habría ganado directamente.

La prosperidad viene de tanlejos y es tan sólida que hace tiempo que los cientistas políticos habíanapostado por una victoria demócrata.

Pero esta vez no fue «laeconomía, estúpido», como lo fue en 1992. Esta vez fue la moral, la honestidady el carácter del candidato lo que decidió el voto de la mayoría de losnorteamericanos. Es la consecuenciadirecta del escándalo Lewinsky. Según las encuestas que se realizaron el martesa boca de urna, 44% de los electores manifestó que el caso Lewinsky era importanteo muy importante.

 

Opiniones

 

Es verdad, también, que lamayoría de los votantes piensa que antes que bajar los impuestos es másimportante reforzar el sistema de pensiones y de salud, como proponía Gore.Pero otros muchos más son de la opinión de que mucho más importante que lasagendas electorales es la personalidad del candidato a la Casa Blanca.

«El mapa electoral es el másextraño que he visto», confesó Charles Jones, profesor de CienciasPolíticas de la Universidad de Wisconsin.

Los grandes estados y laszonas urbanas votaron por Gore, mientras que los estados menos poblados, queestán lejos de los centros de la nueva economía, votaron por el republicano,George W. Bush.

Con el gobernador de Texasse aliaron estados tan demócratas como Virginia Occidental. Allí, loscandidatos demócratas ganaron sin problemas cinco de las últimas seiselecciones. Hasta Carter y Dukakis salieron victoriosos.

A la luz de los resultadosdel martes, está claro que en Estados Unidos hay una guerra cultural, un enfrentamientoentre los valores del americano de las grandes praderas y el sur y los valoresde las elites intelectuales y económicas de los estados más desarrollados.

En las ciudades de más demedio millón de habitantes Gore se llevó tres de cada cuatro votos.

En las de más de 50.000habitantes, tres de cada cinco. En las más pequeñas, sin embargo, y en laszonas rurales -que aportaban un número similar de electores-Bush consiguió tresde cada cinco.

 

Equilibrio

 

En los suburbios, dondeviven las familias de clase media, el reparto fue muy equilibrado.

Los intereses políticosde las mujeres y los hombres, por ejemplo, están muy alejados. Gore logró 54% del voto femenino y Bush 53% del votomasculino. Desde el año 1972 no había habido una diferencia tan grande. Amedida que hay más mujeres que trabajan y más hombres que se ocupan también delas tareas del hogar, sus opiniones se cruzan. A las mujeres les importa másque a los hombres las propuestas electorales de Bush y Gore sobre educación,pensiones y salud.

El vicepresidente, asimismo,ganó 54% del voto en las familias de clase media baja, con ingresos anualesentre 15.000 y 30.000 dólares.

Bush se hizo con 54% delvoto de las más ricas, las que tienen ingresos superiores a los 100.000dólares. Gore, final-mente, consiguió 90% del voto afroamericano y 62% delvoto hispano.

Mirando detenidamente elmapa, el próximo presidente de Estados Unidos sólo puede llegar a unaconclusión: que no tiene más remedio que gobernar desde el centro. Si es Bush,tendrá un escenario idóneo para hacer cumplir una de sus mayores promesaselectorales: «Soy un unificador, no un divisor».

 

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