23 de julio 2001 - 00:00

Pesadilla Argentina

Pesadilla Argentina
ALBERTO VOURVOULIAS

El déficit público creció más de 4.000 millones de dólares de enero a mayo. L comunidad financiera internacional sin mencionar a los inversionistas argentinos comenzaba a temer que se desmoronara el castillo de naipes de las finanzas en que se sostiene el país, lo cual acarrearía consecuencias funestas no sólo para Argentina, sino para el resto del Mercosur y otros mercados emergentes a lo largo y ancho del globo.

En Buenos Aires, el sistema financiero estaba a punto de desplomarse. El temor a que Argentina no pueda cumplir con sus obligaciones externas hizo que una subasta de deuda a corto plazo por 850 millones de dólares realizada la se-mana pasada apenas encontr r compradores. El Gobierno se vio obligado pagar tasas de 14% de interés a los bancos nacionales, más del doble de lo previsto. L situación es imposible de sostener , dijo el presidente argentino Fernando de la Rúa en un discurso de emergencia a la nación. El exceso en el gasto y la deuda creciente nos han condenado a la recesión. No podemos seguir pagando las tasas de interés que nos exigen. Vamos a gastar sólo lo que recaudemos .

Ese mismo día, el ministro de Economía Domingo Cavallo anunció medidas de austeridad draconianas. Según estas, los salarios de los funcionarios federales, las jubilaciones y los pagos a los contr tistas del Estado quedarán fijados proporcionalmente a la recaudación fiscal, una fórmula que causará su reducción en un 12% por lo menos. El Gobierno también subirá la tasa aplicada las transacciones bancarias del 0,4 l 0,6% y exigirá que todos los salarios, pensiones y otros pagos público se hagan directamente en cuentas bancarias. De esta manera se espera aumentar los ingresos procedentes del gr vamen y reducir la evasión fiscal. El plan contempla la creación de un tribunal especial para procesar a los evasores de impuestos acusados de deber al fisco más de un millón de dólares lamentablemente, el número podría ser muy alto . El objetivo es recortar 1.500 millones de dólares al presupuesto de 51.800 millones de dólares del Gobierno federal en lo que queda del año. La Administración de De la Rúa espera poder persuadir a las 23 provincias de Argentina para que adopten similares medidas de austeridad y logren ahorrar 1.500 millones más.

El juste propuesto por De la Rúa y Cavallo intenta evitar la suspensión del pago de la deuda,o lo que sería una muy dolorosa devaluación del peso, y mantener el país a flote. Esperan convencer a los inversionistas argentinos y extranjeros de que eliminarán el déficit público, que reducirán la prima de riesgo del país y que generarán un fuerte auge en la inversión, suficiente par neutralizar la contracción provocada por los recortes. ¿Pero será suficiente? Mientras la magnitud de los recortes dejó mareados a la mayoría de los argentinos, muchos analistas expresaban su desconfianza. Las medidas que bajan los salarios de los empleados públicos y no incluyen planes de desarrollo sólo aumentan la incertidumbre política , advirtió Ricardo Rouvier, un analista político argentino.

El fracaso de las medidas pondría fin a la lucha argentina por aferrarse a la estabilidad económica mediante el régimen de convertibilidad. Paradójicamente, el sistema fue inventado por el propio Cavallo cuando era ministro de Economía, durante la presidencia de Carlos Saúl Menem. Cavallo ya dio un paso hacia la devaluación de la moneda el 15 de junio, cuando anunció un complicado sistema de cambio que otorg los exportadores más pesos por cada dólar que vendan, según una combinación del euro y el dólar, y carg los importadores con un costo equiv lente que encarece sus productos. Pero el ministro parecía decidido a salvar el sistema de tipo de cambio para mantener la inflación a r y .

Los mercados financieros no quedaron impresionados. El riesgo-país de la deuda argentina aumentó hasta una cifra récord. El índice Merval, que engloba a las principales empresas que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires, se derrumbó un 13% el día después del anuncio de las medidas. Los bonos argentinos tocaron fondo, y la agencia de calificación crediticia Standard & Poor s rebajó la deuda argentina de B a B-.

P r recuperar la credibilidad y llevar a cabo los recortes, el Gobierno necesita apoyo político, lgo que en el pasado no ha sido fácil. Pero l menos, esta vez los ocho ministros del Gobierno, más el jefe del Gabinete, firmaron el decreto del juste. No obstante, no hay que dar por sentado el respaldo de todos los integrantes de la Unión Cívica Radical, el partido de De la Rúa. Tampoco es segura la fidelidad del otro integrante de su Alianza, el centroizquierdista Fre-paso. De hecho, el Gobierno de De la Rúa ha estado en crisis desde octubre, cuando su anterior vicepresidente, Carlos Alvarez, renunció e protesta por los rumores de que el Gobierno estaba involucrado en el soborno de senadores para aprobar una polémica ley de reforma laboral, aunque nadie ha sido acusado formalmente. Desde entonces el Gabinete ha sido reorganizado tres veces, y la Alianza ha estado a punto de desintegrarse. Pero, al menos hasta la semana pasada, los lazos seguían intactos.

La prueba de fuego para la supervivencia del Gobierno será que Cavallo pueda superar la hostilidad del Partido Justicialista (peronista), en la oposición, que controla 14 gobiernos provinciales, así como el Senado. El bloque peronista en ambas cámaras del Congreso declaró que no se opone a un presupuesto equilibrado, pero teme que los recortes perjudiquen más que nada a los pobres. Y no es seguro que los poderosos sindicatos argentinos estén dispuestos a seguir sin actuar. De hecho, llevan ya meses inquietos. Desde que De la Rúa asumió el poder en diciembre de 1999 ha habido seis huelgas generales de 24 ó 36 horas cada una, y las tres grandes confederaciones gremiales han criticado con fuerza las nuevas medidas de austeridad. Tanto la Confederación General del Trabajo (CGT), de línea oficialista, como la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), de empleados públicos, se pronunciaron en contra de los recortes y en estado de alerta y movilización . Pero hasta la semana pasada, sólo la Asociación de Trabajadores del Estado, que forma parte de la CTA, tenía convocada una huelga para el 18 de julio, e hizo un llamamiento de adhesión a las otras confederaciones sindicales.

La sensación generalizada es que los gremios esperan sondear la reacción política del pueblo antes de adoptar una postura más militante. Y hasta el momento, esa reacción ha sido el silencio. La mayoría de los argentinos de clase media parecen resignados al ajuste y no es probable que se lancen a protestar en las calles. Apostamos a que las medidas se aplicarán, y que la mayor parte de la sociedad estará de acuerdo. No prevemos un levantamiento colectivo , opinó Rafael Ber, economista de la casa de corretaje Argentine Research.

Mientras el argentino de la calle intentaba digerir las nuevas medidas, los mercados bursátiles de lugares tan lejanos como Taiwan temblaban por temor a que el posible contagio argentino acabara con el flujo de capital para todos los mercados emergentes. De estos, el más golpeado fue Brasil, el principal socio de Argentina en el Mercosur, cuya moneda, el real, cayó a su nivel histórico más bajo frente al dólar. Con el fin de mitigar la caída, el presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso declaró que Brasil tiene mucha confianza en Argentina. Es muy importante para Brasil, así como para Argentina, que los dos países crezcan para fortalecer el Mercosur .

La crisis argentina no podría haber ocurrido en peor momento para Brasil. En mayo la producción industrial volvió a bajar por tercer mes consecutivo, el peor dato desde 1998. ¿La razón? Una combinación de factores como la debilidad del real, las elevadas tasas de interés locales y la crisis energética. La debilidad de la moneda también amenaza con disparar la inflación. En los últimos meses hemos visto en Brasil unas tasas de interés mayores y un crecimiento menor , dijo Gray Newman, jefe de la unidad de economía latinoamericana en la firma Morgan Stanley, en Nueva York.

Al mismo tiempo, la tensión entre los dos mayores socios del Mercosur ha ido e aumento. Hace dos semanas, Cavallo anunció la eliminación de los aranceles a los equipos informáticos y de telecomunicaciones importados desde fuera del área del Mercosur para reducir el costo de las importaciones. La medida limitó la ventaja comercial que tiene Brasil en el bloque y dio pié a que Brasilia cancelara las negociaciones dirigidas a promover la venta de vehículos entre los dos países y a reducir el arancel externo común. Las recientes palabras de apoyo de Brasil no ocultaron la preocupación de que Cavallo se esté distanciando del Mercosur. Como Cavallo debe jugar en tres frentes y lidiar con las crisis política, macroeconómica y financiera, no le preocupa [el Mercosur] , según Alberto Pfeifer, director ejecutivo del Consejo Empresarial Latinoamericano, con sede en São Paulo. Brasil tiene objetivos a largo plazo [con el Mercosur], y él lo sabe. Brasil chillará y gritará, pero no llegará al extremo de adoptar medidas drásticas contra Argentina , agregó.

En México, la crisis argentina dio a la clase política la oportunidad de congratularse a sí misma por haber ligado su economía a la de EE.UU. y no a la del Mercosur. México está en otra frecuencia , dice Jonathan Heath, economista jefe de la firma consultora LatinSource Mexico. El país padece los efectos del enfriamiento económico, pero es mucho menos drástico. Otro punto a favor de México es que, después de su propio colapso financiero en 1994, ha acumulado reservas en efectivo y crédito suficientes para protegerse contra otras crisis financieras.

No obstante, es evidente que ni las reservas de divisas ni el impulso que le dio el Tratado de Libre Comercio pueden escudar totalmente a México si Argentina deja de pagar sus deudas. Ese desastre también afectaría al sistema financiero estadounidense ya que, hasta marzo, 11.700 millones de dólares de ese dinero era adeudado a bancos de EE.UU. Pero incluso la suspensión del pago argentino no dañaría a EE.UU. tanto como lo hizo la crisis mexicana de 1994, en parte porque los mercados financieros llevan algún tiempo que se preparan para lo peor. Hace rato que los inversionistas comenzaron a salir de Argentina , dice Heath.

Quizá, pero mucha gente en Argentina no lo está. Juan Gasparini, de 22 años y vendedor de Casa Reig, una tienda de electrodomésticos en Buenos Aires, no es optimista ante el plan de ajuste fiscal. Creo que dentro de un año ni siquiera voy a estar aquí , dice. Como otros jóvenes argentinos, Gasparini desea emigrar a Europa. Mientras, los signos de la recesión están bien visibles. Los televisores y los estéreos ocupan las paredes de Casa Reig y las cocinas y los refrigeradores abarcan la mayor parte del piso, pero las ventas son pocas y espaciadas. Antes, cuando los clientes venían a comprar un artículo grande, como un refrigerador, era evidente que se tomaban su tiempo para pensarlo. Pero ahora compran algo de dos dólares y es como si fuera el fin del mundo , se queja. Fuera de la tienda, los expertos financieros siguen preguntán-dose si el apocalipsis llegará o no.

Informes de Carole Buia/Nueva York, Andrew Downie/Río de Janeiro, Peter Katel/Ciudad de México y Serena Parker/Buenos Aires