Martín Miller interpreta a un adolescente que crece en un pueblo de la costa, con playas y bosques. Tiene una novia con la que está por consumar la relación, y ademas pertenece a una banda de rock con su amigo de la infancia, casi un hermano. Entre ensayos con el grupo, caminatas por la playa y el aburrimiento de la escuela, los amigos van dándose cuenta de que hay un elemento distinto en su amistad de años.
“Sublime”, opera prima de Mariano Biasin, viene de recorrer una docena de festivales internacionales donde ganó varios premios, pese a no ser la típica película para circuitos de cine de qualité. El film se sostiene en la construcción de climas intimistas, a veces realmente logrados, como por ejemplo la cita con la novia en una furgoneta adornada románticamente, o los momentos en los que el protagonista va elaborando una de sus canciones. Por otro lado los detalles generales de la trama son un poco obvios, lo cual genera una falta de fluidez narrativa que por suerte se equilibra cuando el director plantea una de esas atractivas escenas intimistas que funcionan un poco en sí mismas, de forma independiente del resto del conjunto.
Más allá de estos tonos desparejos, hay dos factores que apuntalan la película, uno es la calidad de todas las actuaciones, pero muy especialmente la del elenco juvenil que logra performances genuinas y creíbles. Y la música, que funciona como un elemento de cohesión a pesar de que muchas llevan los temas casi enteros al tocarlos en la sala de ensayo o en un esperado recital. Esas canciones tienen el doble mérito de sonar verosímiles, como las de una banda de rock amateur de estudiantes, y de darle intensidad al film desde la banda sonora. La fotografía y los rubros técnicos tiene buen nivel.
“Sublime” (Argentina, 2022), Dir.: M, Biasin, Int.: M, Miller, T. Inama Chiabrando, A, Mazzeo.