Cómo se construye un Avatar, el habitante del mundo virtual

Tecnología

¿Cuál es la relación de la persona con su avatar? ¿Este avatar, su representante virtual, permite que la persona se manifieste, se exprese, o más bien la elude?

Cuando pensamos en los juegos online como el Fortnite o las plataformas de streaming para muchos de nosotros la escena es lejana, como quien mira desde afuera un universo desconocido. Hoy nos interesa tomar la dirección opuesta, mirar en detalle el mundo que nos rodea para tomar conciencia qué tan cerca lo tenemos. Allí, ubicamos la figura del Avatar, ese personaje que habita en las distintas plataformas de interacción online, incluso en ese pequeño manojo de redes sociales que cada quien domina.

¿Sabían que hoy en día la mayor parte de las personas tenemos por lo menos un Avatar que nos representa en alguna de las plataformas virtuales? Por ejemplo, la foto que ponemos en el perfil de Whatsapp, Facebook o Instagram. El dibujo que acompaña el nombre del usuario en la cuenta de Gmail o Netflix. El perfil profesional en LinkedIn, Skype o Zoom. Es decir, el Avatar es una representación, una figura, muchas veces una foto, elegida de algún modo por cada usuario, que le otorga una especie de identidad virtual propia.

Junto con el desarrollo de los nuevos escenarios de interacción entre las personas, como lo son los entornos digitales de realidad virtual, emergen nuevos medios a través de los cuales nos representamos y nos presentamos ante los otros. Uno de los modos en que se materializa esta representación es, justamente, el Avatar.

Para algunas personas asociar su nombre a una determinada figura visual no es tan simple, puede implicar un proceso de búsqueda o creación. En general, los usuarios buscan expresar algo con el diseño de su Avatar, quieren reflejarse a sí mismos de algún modo o mostrar cierta cualidad que les gustaría tener. Y, a la vez, buscan diferenciarse de los otros con quien comparten esa plataforma, poseer algún aspecto único o que se destaque.

Cada quien es creador de esa identidad virtual propia, decidiendo sobre el género, edad, estilo y apariencia de su personaje. Una vez diseñado el Avatar, la persona se sumerge en el espacio virtual e interactúa a través de su mediatización. Ese despliegue de actividades on-line implica diversas operaciones fantasmáticas y depende de la subjetividad del creador. El Avatar es una representación subjetiva y, como tal, expresa lo que la persona sabe y lo que desconoce, de sí misma. Es decir, el producto de ese proceso de construcción es, de algún modo, un extranjero, algo del propio desconocimiento se plasma allí, en una imagen plana, bidimensional, algo hipnótica.

¿Cuál es la relación de la persona con su avatar? ¿Este avatar, su representante virtual, permite que la persona se manifieste, se exprese, o más bien la elude?

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La construcción de un Avatar comporta una dosis alta de idealización. Si pensamos en las contenidos que elegimos para representarnos en las redes sociales, las fotos, los textos, todo aquello que queremos mostrar y que van conformando nuestro yo digital constituye generalmente un personaje idealizado, “lo mejor o lo mas lindo” que queremos dar a conocer. La imagen que elegimos para nuestro perfil digital suele ser una imagen que consideramos la más presentable o atractiva. Las fotos de una app de citas son las de un yo ideal, un personaje sin fisuras.

En tal sentido, el escenario de realidad virtual que vertiginosamente se va constituyendo a nuestro alrededor y que vamos habitando requiere de una entidad subjetiva que nos represente, ese Avatar construido en una suerte de espejismos y proyecciones imaginarias, constituye una especie de personaje ideal. Ese personaje sin fisuras, que exhibe lo mejor y oculta los defectos, también muestra su imposibilidad y se constituye en fuente de ambivalencia. Sabemos que no somos esa imagen, la hemos creado pero nos desconocemos en ella. Nunca podrá ser una representación acabada.

Texto elaborado por la Subcomisión de Actualización y Contexto, Secretaría Científica de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA): Agustina Fernández (coordinadora), Diego Luparello, Teresa Zaefferer, Maximiliano Martínez Donaire, Claudia Tapia y Javiera Marques Rosas. actualizacionycontexto@gmail.com

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