23 de mayo 2013 - 08:37

Un Gobierno con dos etapas

Fausto Spotorno.
Fausto Spotorno.
Por Fausto Spotorno, especial para ámbito.com.-

Como suele suceder, el actual Gobierno ha tenido aciertos y desaciertos en los 10 años que lleva en la presidencia del país. Desde el punto de vista económica, podría dividirse la gestión en dos etapas de duración similar. El primer período estuvo signado por la salida de la crisis. Para ponerlo dentro de límites temporales podríamos decir que fue del 2003 al 2007. Este es el período en el que el Gobierno cosechó la mayor cantidad de éxitos y en el que mejor se logró el objetivo planteado: salir lo más rápido de la recesión y recomponer el empleo. El segundo período ha sido mucho más difícil, sus resultados no han sido los esperados y de hecho, casi todas las variables económicas han mostrado algún grado de deterioro. En esta segunda etapa, el Gobierno no ha logrado un ordenamiento económico ni establecer políticas sustentables con instituciones sólidas como para comenzar una era un crecimiento sostenido. Sin embargo, aún quedan casi 3 años de Gobierno para revertir esto performance.

Néstor Kirchner asumió como Presidente de la Nación con una coyuntura económica y política difícil. Si bien la economía ya estaba rebotando luego de la crisis y la actividad económica había crecido 7,7% desde el mínimo de febrero de 2002, aun, el PIB se enconaba 24% por debajo del máximo alcanzado en el 2008, según el Índice General de Actividad (IGA-OJF). Al mismo tiempo, el desempleo se encontraba en niveles del 23%, el 54% de las personas era considerada pobre de acuerdo a sus ingresos, la deuda estaba en default, había pocos negocios y la capacidad utilizada en la industria no llegaba al 65%, entre otras dificultades.

En los años siguientes, el desempleo se logró bajar al 8,1% en 2007, cifra que no se observaba desde 1992, la pobreza bajó a la mitad y se realizó el primer canje de deuda, con el 70% de aceptación entre otras cosas. Todo ello se logró con cuentas públicas relativamente ordenadas. El gasto público consolidado de la Nación, Provincias y Municipios fue del 32% del PIB promedio entre el 2003 y el 2007, a pesar de que en este último año había comenzado a subir por las elecciones. Al mismo tiempo el resultado fiscal fue siempre superavitario en este período.

Los pilares económicos en este período fueron tres: Superávit externo, superávit fiscal y tipo de cambio alto. Esto permitió una recuperación rápida de la economía que entre el 2003 y 2007 creció 53%, basado en las exportaciones y la utilización de la capacidad industrial, sin permitir que se generen debilidades en el frente fiscal o externo. El punto flaco de esta estrategia fue la aparición de la inflación, producto de la debilidad cambiaria y el congelamiento de las tarifas de servicios público.

Afortunadamente, el mundo ayudó mucho a la Argentina en estos años. Los términos de intercambio subieron 15%, el crecimiento del PIB mundial fue del 4,8% anual en este periodo y la liquidez internacional se mantuvo elevada debido a las bajísimas tasas internacionales de interés, situación que hoy se mantiene.

Para el 2007 podemos decir que la economía había salido de la crisis, eso requería algunos ajustes al modelo que se había aplicado hasta entonces. Las políticas que sirven para sacar a un país de la crisis no son necesariamente las que se requieren para iniciar un proceso de desarrollo. Sin embargo, el Gobierno profundizó políticas expansivas que terminaron deteriorando balances estructurales básicos. De la misma manera, en lugar de enfrentar los problemas que fueron apareciendo en la economía se optó por obviarlos o tomar medidas de corto plazo que dañaron la confianza y la credibilidad.

Ejemplo de esto es el tratamiento que se le dio a la inflación. Por un lado el Gobierno evitó reconocer el problema y modificó las estadísticas oficiales, por el otro lado implementó una serie de acuerdos de precios, congelamientos, restricciones y otras medidas por el estilo cuyo impacto es de corto plazo y terminaron dañando la credibilidad o el interés por invertir. Todo ello sin modificar el fondo de la cuestión que es la política monetaria.


El mismo tratamiento se aplicó al problema de la pérdida de competitividad, apreciación cambiaria y fuga de capitales. En efecto, se restringieron las importaciones, el pago de utilidades, la compra de divisas, pero el problema de la competitividad persiste.

Los pilares sobre los que se estableció la economía de la primera etapa fueron desapareciendo. Así, el superávit fiscal pasó a ser déficit fiscal y a partir del 2012 también apareció por primera vez en 17 años un déficit primario y las perspectivas no son alentadoras. Para el 2013 se espera un déficit fiscal similar al de 2012 pero sin que haya pago del cupón del PIB. Eso implica que el déficit primario se está ampliando.

Este contexto de deterioro fiscal se traduce en una mayor necesidad de financiamiento por parte del Gobierno que termina en emisión monetaria. En efecto, en los últimos 5 años la base monetaria creció $197 mil millones y el financiamiento al gobierno via adelantos transitorios y otros títulos en pesos explica el 55% de este incremento. Adicionalmente, a esto el BCRA debió financiar los vencimientos de deuda en dólares del Tesoro, lo que terminó afectando las reservas.

El superávit con el sector externo que era otros de los pilares, también se fue deteriorando. De hecho hoy la cuenta corriente de la balanza de pagos que no sólo incluye la balanza comercial, sino también la de servicios, los pagos de utilidades, intereses y transferencias hoy está prácticamente en cero. Esto junto con la utilización de reservas por parte del tesoro han llevado las reservas a menos de US$39.000 millones, muy por debajo de los US$52.000 millones del 2011. Esta tendencia es muy diferente a la que muestran los otros países de la región, donde las reservas siguen en alza.

La escasez de divisas, fue enfrentada con una serie de restricciones que no pueden ser soluciones duraderas. De la misma manera, se enfrenta el problema energético que por decirlo rápido es "la madre del borrego". La falta de una política energética ha forzado a que la Argentina viva con la infraestructura desarrollada en la década del '90 por la escasez de inversiones. Esto ha llevado a tener que subsidiar de forma creciente al sector y a requerir importaciones cada vez más grandes, todas estas soluciones de corto plazo, que aportan muy poco al desarrollo de largo plazo.
En síntesis, en estos diez años el gobierno ha logrado con éxito sacar a la Argentina de la crisis del 2002, pero le ha sido mucho más difícil concentrarse en el largo plazo, una vez que el país salió de la emergencia.