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Un Gobierno con dos etapas
Fausto Spotorno.
Para el 2007 podemos decir que la economía había salido de la crisis, eso requería algunos ajustes al modelo que se había aplicado hasta entonces. Las políticas que sirven para sacar a un país de la crisis no son necesariamente las que se requieren para iniciar un proceso de desarrollo. Sin embargo, el Gobierno profundizó políticas expansivas que terminaron deteriorando balances estructurales básicos. De la misma manera, en lugar de enfrentar los problemas que fueron apareciendo en la economía se optó por obviarlos o tomar medidas de corto plazo que dañaron la confianza y la credibilidad.
Ejemplo de esto es el tratamiento que se le dio a la inflación. Por un lado el Gobierno evitó reconocer el problema y modificó las estadísticas oficiales, por el otro lado implementó una serie de acuerdos de precios, congelamientos, restricciones y otras medidas por el estilo cuyo impacto es de corto plazo y terminaron dañando la credibilidad o el interés por invertir. Todo ello sin modificar el fondo de la cuestión que es la política monetaria.
El mismo tratamiento se aplicó al problema de la pérdida de competitividad, apreciación cambiaria y fuga de capitales. En efecto, se restringieron las importaciones, el pago de utilidades, la compra de divisas, pero el problema de la competitividad persiste.
Los pilares sobre los que se estableció la economía de la primera etapa fueron desapareciendo. Así, el superávit fiscal pasó a ser déficit fiscal y a partir del 2012 también apareció por primera vez en 17 años un déficit primario y las perspectivas no son alentadoras. Para el 2013 se espera un déficit fiscal similar al de 2012 pero sin que haya pago del cupón del PIB. Eso implica que el déficit primario se está ampliando.
Este contexto de deterioro fiscal se traduce en una mayor necesidad de financiamiento por parte del Gobierno que termina en emisión monetaria. En efecto, en los últimos 5 años la base monetaria creció $197 mil millones y el financiamiento al gobierno via adelantos transitorios y otros títulos en pesos explica el 55% de este incremento. Adicionalmente, a esto el BCRA debió financiar los vencimientos de deuda en dólares del Tesoro, lo que terminó afectando las reservas.
El superávit con el sector externo que era otros de los pilares, también se fue deteriorando. De hecho hoy la cuenta corriente de la balanza de pagos que no sólo incluye la balanza comercial, sino también la de servicios, los pagos de utilidades, intereses y transferencias hoy está prácticamente en cero. Esto junto con la utilización de reservas por parte del tesoro han llevado las reservas a menos de US$39.000 millones, muy por debajo de los US$52.000 millones del 2011. Esta tendencia es muy diferente a la que muestran los otros países de la región, donde las reservas siguen en alza.
La escasez de divisas, fue enfrentada con una serie de restricciones que no pueden ser soluciones duraderas. De la misma manera, se enfrenta el problema energético que por decirlo rápido es "la madre del borrego". La falta de una política energética ha forzado a que la Argentina viva con la infraestructura desarrollada en la década del '90 por la escasez de inversiones. Esto ha llevado a tener que subsidiar de forma creciente al sector y a requerir importaciones cada vez más grandes, todas estas soluciones de corto plazo, que aportan muy poco al desarrollo de largo plazo.
En síntesis, en estos diez años el gobierno ha logrado con éxito sacar a la Argentina de la crisis del 2002, pero le ha sido mucho más difícil concentrarse en el largo plazo, una vez que el país salió de la emergencia.

