Un domingo diferente y de vigilia en Nueva York
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Yendo hacia el este y bajando por la Quinta avenida, muy cerca de ese tramo del maratón, también se juntaba gente, incomparablemente menos verdad. Apenas unas decenas de personas, en general turistas y un par de periodistas como este enviado de ámbito.com, observaban una curiosa escena en la puerta de la Trump Tower. Dos hombres extraños, un rubio en calzoncillos y sombrero de cowboy cantaba temas folk en clave trumpista con otro, cubierto con un tapado de piel.
El mediodía era desapacible, bien de otoño. Un poco de sol, un poco de nubes; no frío, pero sí ventoso. Se ve que por eso uno tenía calor y el otro frío.
Gracias a Dios, en un momento pararon con sus rimas y se largaron a hablar de política con los curiosos. "Estamos acá para expresar nuestro compromiso con Donald Trump, el hombre que va a cambiar este país", decía el rubio en cuero. "Y no somos racistas: amamos a los hispanos. De hecho yo estoy casado con una inmigrante ilegal", agregó con credibilidad cero. "¿¡Con una ilegal!?, fingió sorpresa el friolento.
Cerca, en un cauteloso segundo plano, un muchacho ofrecía pins ridiculizando del candidato: 1 por 3 dólares, dos por 5. Nadie compraba.
Mientras, las calles del Midtown se llenaban de gente con otras inquietudes. Algunos salían de misa, otros paseaban en familia, muchos buscaban bares y restaurantes para un brunch.
Ni carteles, ni mesas con militantes, ni volantes. Si uno no pregunta, parece que las elecciones aquí no existieran. Pero llegarán. Será el martes. Habrá que ver si después de ellas, los Estados Unidos se siguen pareciendo a los que siempre conocimos.





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