27 de noviembre 2023 - 00:00

Adrian Bruno: "Muchos se siguen manejando con Excel"

La digitalización en el agro llegó hace tiempo pero aún hoy la gestión muestra grandes aspectos a mejorar. En esta temática trabaja Albor, una compañía fundada en 1993 en Mar del Plata.

Objetivo empresario. “Buscamos respaldar toda esa gestión que necesita llevar el productor a través de una plataforma digitalizada”.

Objetivo empresario. “Buscamos respaldar toda esa gestión que necesita llevar el productor a través de una plataforma digitalizada”.

Hoy en día son líderes en la gestión de sistemas para el campo gracias a un profundo conocimiento cultural de los aspectos que conforman el complejo mercado rural en Latinoamérica. El equipo de trabajo está integrado por 60 personas, todos profesionales especializados en sistemas y en las áreas inherentes al agro.

Periodista: ¿Cómo fue el inicio de Albor?

Adrián Bruno: Junto a mi socio Santiago Gil, fundamos la empresa una vez que nos recibimos de ingenieros en Sistemas. Allí comenzamos a trabajar en el desarrollo de software. Él se crió en el campo, en Balcarce y yo en Mar del Plata y nuestro primer cliente -que aún hoy conservamos- es un productor de papa de esa zona. Nosotros desarrollamos un software para ayudar a la gestión productiva y administrativa de un establecimiento, ya sea de agricultura, ganadería u otras actividades relacionadas con el agro.

P.: ¿Cómo hicieron para venderle un software a un productor?

A.B.: La digitalización del agro era muy poco implementada. De hecho existe un informe global que indica que el agro como sector es el último en llegar a la digitalización pero creciendo de manera exponencial en estos últimos cinco años. En aquellos años no era fácil que un productor entienda que la manera de gestionar su campo, sus costos, sus insumos, su producción, sus contratos, era a partir de un software. Desde ese entonces hasta 2016 nos fuimos perfeccionando hasta enfocarnos 100% en soluciones para el agro.

P.: ¿Recuerda cómo se gestionaban los productores?

A.B.: El productor andaba todo el día arriba de la camioneta, con un cuadernito en el el torpedo del vehículo o entre los dos asientos y ahí llevaba todo. Lo que debe, lo que paga, lo que acaba de retirar de la agronomía, lo que piensa en darle a otro. Nosotros lo que tratamos de hacer fue remplazar esa libreta y marcarle sus “puntos de dolor”, como lo llamamos en nuestro sector. Buscamos tener control de los productos, de lo que hago y de cómo lo hago. Todo eso empezó a tener más sentido y desde Albor buscamos respaldar toda esa gestión que necesita llevar el productor a través de una plataforma digitalizada.

P.: ¿Cuántas instalaciones tienen realizadas?

A.B.: Nosotros operamos en Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia a través de partners directos. Tenemos cerca de 1.600 clientes y el 80% están en la Argentina. Los que estamos en el mercado creemos que entre todos los que estamos hoy trabajando en digitalización debemos tener unos 6 mil clientes, pero hay un universo de no menos de 60 mil productores. El porcentaje de digitalización es muy bajo y muchos se siguen manejando con el Excel.

P.: ¿Cómo es trabajar en la Argentina?

A.B.: Este fue un año donde se juntó la sequía con la incertidumbre de un cambio de gobierno, con mucha desesperanza de los productores en algunos temas que pesan sobre la gestión. Nosotros acompañamos la mirada del productor y tratamos de que comprendan que justamente en los peores años si uno se digitaliza y se ordena, después queda mucho mejor preparado para las campañas que son positivas o razonablemente normales.

P.: ¿Ustedes están en la región, qué diferencias ven con la Argentina?

A.B.: Varias veces pensamos en poner foco a Paraguay o Uruguay. Son países modelo, en el sentido de que tienen un mercado estable y demás, y en realidad el concepto y la resiliencia del productor argentino nos determina que después terminamos poniéndole mucho más esfuerzo en Argentina porque es donde más crecemos. Hay un tema de superficie, claramente, pero no es sólo un tema de mercado, sino también de cómo encara el productor las cosas. En Paraguay y Bolivia vemos que la digitalización llegó más tarde, entonces la maduración del entendimiento de para qué utilizar una herramienta y demás viene más lenta.

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