Chaco salteño: el drama de pasar de la inundación a la sequía extrema

Agronegocios

Hay pérdidas millonarias en cultivos y animales. La última sequía de similar magnitud en esa zona fue en 1999; sin embargo, la falta de agua se siente en toda la región centro y norte del país.

La sequía y el fuego destruyeron toda la esperanza productiva en las provincias de Formosa y Chaco, donde hace más de un semestre que no se registran precipitaciones importantes. Si bien aún no se estableció el grado de deterioro rural, ya se registra mortandad de ganado vacuno. Las lagunas se secaron y los animales mueren empantanados. La recuperación será muy lenta porque la sequía atenta contra las pasturas y reservas forrajeras, pero además el fuego destruyó estructuras prediales y la electrificación rural. Marcelo Repetto, presidente de la Sociedad Rural del Chaco, aseguró que “en el caso de la ganadería, la preñez va a bajar entre 15 y 20 puntos para el año próximo porque las vacas no van a tener condición corporal”.

En cuanto a la agricultura, fracasó la siembra de trigo, el girasol redujo su intención de siembra -sólo en Chaco cayó de 400 mil a 60 mil hectáreas- y el algodón, que es un cultivo que resiste la falta de agua, no tiene buenas perspectivas. Lo que viene es un escenario de pocas lluvias que deberán ser aprovechadas con una precisión quirúrgica si se piensa en avanzar con la siembra de maíz o soja. Las esperanzas de los productores están más deterioradas que el propio suelo.

Extraoficialmente se habla de una afectación de más de 250 mil hectáreas entre ambas provincias. La sequía se vio agravada porque las lluvias del verano pasado fueron insuficientes, cayeron 200 milímetros cuando el promedio es de entre 450 y 600 milímetros.

Pareciera que los extremos climáticos llegaron para quedarse. La Global Forest Watch ubicó a Argentina en el séptimo lugar entre los países que mayores alertas por incendios han tenido en lo que va del año y el Ministerio de Ambiente confirmó que al iniciar octubre, Formosa lideraba con 5.597 focos detectados el ranking de provincias afectadas, la segunda era Chaco, con 2.448 y luego con 1.311 focos le siguió Córdoba. La falta de precipitaciones, las altas temperaturas, la baja humedad y los vientos fuertes sirvieron de combustible para la propagación del fuego.

Los meteorólogos, que pronostican otro verano seco, no dudan que algo se ha modificado a partir del cambio climático. Hace un año esa misma zona geográfica tenía exceso de agua, inundación y había declarado la emergencia agropecuaria exactamente por lo opuesto a lo que hoy está sufriendo.

El Chaco Salteño abarca la mayor parte de las provincias de Santiago del Estero, Chaco, Formosa, norte de Santa Fe y este de Salta. Es la zona más afectada por la sequía y a la vez la región que permanentemente está en la mira de las organizaciones ambientalistas que denuncian el avance de la actividad agropecuaria. En este sentido, Greenpeace difundió recientemente un informe anual de deforestación y allí revela que durante 2019 se perdieron 80.938 hectáreas de bosques y las cuatro provincias con más desmontes del país fueron las mismas que hoy sufren la sequía, es decir, Chaco, Santiago del Estero, Formosa y Salta.

Carolina Vera, meteoróloga, investigadora del Conicet y vicepresidenta del Grupo de Trabajo I del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático -una iniciativa del Programa de Naciones Unidas para el Medio ambiente- asegura que “existe una relación entre lo que ocurre en la superficie y el cambio climático. En algunas regiones del mundo, también en nuestro país, esa relación propicia un aumento de la sequía, de las temperaturas y eso tiene consecuencias, es decir que el cambio climático influye para que los incendios puedan desarrollarse”.

La experta, que además se desempeña como jefa de Gabinete del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, destacó que “las alteraciones humanas de la superficie pueden promover por si mismas los incendios, por eso se deben evitar las acciones que vayan en esa dirección. Se debe hacer un uso sustentable del suelo, promover el ordenamiento territorial y un manejo equilibrado de los ecosistemas naturales. Nuestra Ley de Bosques es muy buena pero hay que reforzar el control en las provincias, hay que innovar. Estamos viviendo situaciones que quizá en el pasado no se daban entonces tenemos que revisar que las normativas ayuden a resolver los problemas. El clima ha cambiado, somos muchos y hay que pensar una manera sustentable de administrar todos los recursos que tenemos en el planeta”.

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