20 de febrero 2004 - 00:00

A pesar del éxito aún surgen dudas

No es que el hombre esté en contra de los puestos de trabajo que generaron los viajes de placer desde la Capital y otros puntos del país. Sólo quiere dejar aclarando que la industria turística corre el riesgo, entre otras, de caer en la mitomanía.

Se trata de una de las tantas dudas que aún genera el turismo argentino al que recién se le han abierto plenamente todas las potencialidades y que bien merece una discusión nacional a fondo.

Hasta ahora, este debate no se ha dado plenamente.

En otra postal argentina, rodeado de brillantes arrayanes, un griego se desahoga frente a este cronista y un par de gaviotas indiferentes. «No puede ser que a mí me cobren otros precios diferentes de los argentinos. ¿Qué sentiría usted si hiciéramos eso en Grecia cuando nos visita?, ¿discriminación?», interroga Aristóteles (sic), fiel a la retórica que inventaran en sus pagos los filósofos de la antigüedad. Por último, un médico de una ciudad serrana, hoy devenida en polo turístico regional, se atreve a tentar una parábola que deja pensativos por un instante a los parroquianos: «Lo que pasa acá es como si yo les dijera que tengo un bosque hermoso, que me gustaría que vengan a verlo, y que para eso voy a quemar todos los árboles con el objetivo de que entren todos en cabañas».

Haciendo un vistazo a su alrededor, la enseñanza bien podría aplicarse a esas valiosísimas sierras. No son más que postales del verano 2004 en la Argentina, pero capturadas por la cámara fotográfica y que quizá nos ayuden a pensar mejor acerca de las posibilidades de desarrollo de aquí en adelante.

Dejá tu comentario

Te puede interesar